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POESÍA EN VIDEO

 

Olivary Ezequiel

LIBERTAD

 

avesola

La verdadera búsqueda de la libertad consiste en trabajar día a día para que los otros vivan mejor, de modo que la mejor forma de hacer valer los propios derechos sea, siempre, respetar los ajenos con la misma intensidad con que se respeta el propio compromiso con la vida, como obligación suprema.

 

Una libertad que no respeta tal premisa no merece tal título, sino otro más adecuado a su naturaleza: Egoísmo.

 

Ezequiel Olivary

ESCRIBIENTE

 

Dulce resbalar de cálamo sobre la hoja

cada fina o grosera pátina se antoja

de colores que taimado disfraza el azul,

vestido de paloma, cascada o abedul.

Suave crepitar sin fuego de la pluma

oprimida fraternamente, sobre el papel rezuma

el espíritu de las ideas y las memorias,

las vivencias, los anhelos y millar de historias

que derrama –caudaloso- el corazón del escribiente,

viajero en el tiempo, un ala de alba, otra de poniente.

Una coma cecea brevemente

reptar encaprichado de serpiente

donde ha muerto malherido un acento;

se da el escribiente por contento

si, rescatada del negro silencio abismal,

la frase sobrevive aún después del punto final.

 

Ezequiel  Olivary

PRIMAVERA EN EL SUR

 

Pinta en el aire

con delicado y firme trazo

la primavera sus colores

imprimiéndole a los cielos,

entre nubes, viento y cien revuelos,

esta sonrisa nueva de mil amores,

felicidad ansiada en su regazo

de fémina siempre plena de donaire.

 

El estío en ciernes

bosteza su caliginosa queja

y es más que lamento, saludo:

Entre sus calurosas manos tiene un nudo

que al desatar mil soles festeja

la sabatina mañana en devaneos de viernes.

 

Quién no quisiera esta alegre quimera,

este esbozo de vida y esperanza

que aparentando dormitar en lontananza

despierta, sin embargo, en cada primavera?

 

 

Ezequiel  Olivary

CLAVE DE SILENCIO

Se puede escribir la desesperación o se puede escribir con desesperación. En ambos casos, el vínculo, el único hilo de enlace es que se puede escribir. También se puede desesperar en silencio y desesperar el silencio. En este caso no vale la pena ni la ilusión buscar el máximo común múltiplo de nada, que eventualmente podría ser cero y, contradictoriamente, sería una desesperación interminable, sumiéndose en el infinito del silencio. La desesperación en silencio es desesperación-de-palabra, o más sencillamente la desesperanza en la redención producto de toda, cualquiera o sencillamente una palabra; desesperar en silencio o desesperar el silencio es el equivalente, tardíamente descubierto, de la condenación misma del alma.

 El demonio habla mientras puede con palabras o sin ellas, pero su crédito de palabras, gestos y decires, se agobia y se agota con el tiempo, quedándose irremediablemente con la suprema desesperación en silencio mientras no termina de consumirse desesperando el silencio. Quizá la misericordia divina se apiade de este ángel malogrado por propia voluntad, prestándole el uso de palabras que, para acrecentar su infortunio de rebeldía, reciben el mal uso de su parte; y no porque no sepa usarlas o porque equivoque el significado por descuido o animus iocandi sino porque en su desesperación por el silencio, malversa las palabras disponibles. De ahí que Nuestro Señor le llamara universalmente “el padre de la mentira”.

La mentira no es contraria de la verdad, ya que no pertenece a su categoría; la mentira es una malversación de las palabras con el fin de retorcer la verdad y ahogarla hasta callarla, por simple desnaturalización o en un intento por banalizarla o trivializarla.La verdad se sustenta empero en la palabra y sus cimientos no se hunden en la arena; la verdad está fundada en roca sólida. El pobre diablo, que tiene todo de diablo y casi nada de pobre, sólo constituye un ejemplo, tal vez magnánimo, excelso, de como se desespera el silencio y como, inevitablemente, se desespera en silencio, durante un breve lapso de tiempo que dura, digamos, lo que resta de eternidad, en el resto sin fin de una divisoria infinitesimal de lo que debiera ser el propio ser o, cuanto menos, la propia existencia.

 Eso si: El diablo es monoteísta, aunque sea el inventor de millares de dioses de juguete, metal, madera o barro. O ilusión… Su monoteísmo es el egoísmo que, en su caso, recibe apropiadamente el nombre de egolatría. Infame, es cierto. Inconsistente y excesiva tendiendo al infinito, esa egolatría, lejos de ser simpática, antipática, extática o cuadrática, no deja de evidenciar que la función –matemáticamente infernal- tiende infinitamente al silencio y silenciosamente se ahoga en la desesperación. Un ahogo, al fin, que sugiere la antítesis o la síntesis –Por qué no apelar al otro sentido- de un Fénix cuyo mito señala en dirección a la sinuosidad del abismo –redundantemente sinusoidal si escribimos con alguna propiedad- de una cinta de Moebio, retratada para nuestra mente vulgar de hoy día como un incendio regenerador, un incendio que se nutre de sí mismo, se paga de sí mismo mientras, paradójicamente, se extingue.

Alguna vez estuve tentado –ya que hablamos de cuestiones infernales- de seguirle el rastro a quienes pretenden mimetizar a Cristo con el Fénix del mito, pero pronto me salió la desesperación al paso para convencerme, con espantosa locuacidad, que Fénix circula y circunda la relatividad ontológica de moebius y con ello describe algo que podríamos denominar, aunque impropiamente, como círculo vicioso.

Confieso que no me atrevo a desenvainar frente a semejante nudo gordiano (por lo demás, lo creo harto improductivo para el enriquecimiento de la propia vida y la ajena).

Simplemente me queda un “aire” (si se me otorga semejante licencia) de certeza de que el silencio que le sigue está embarazado de desesperación a la que no logra parir y es la antítesis de una posible resurrección. De toda posible resurrección.

La muerte, sin embargo, es una sola y se queda por aquí mientras nosotros seguimos viaje por la eternidad. Qué será entonces la “segunda muerte” de las que las Sagradas Escrituras hablan? Me animo, con la imprudencia de siempre, a hipotetizar que en la desesperación está la clave y que el silencio nos impide terminar de develarla.

 

 

 

 

 

Ezequiel  Olivary

VON BALTHASAR: PENSAMIENTOS ACERCA DE LA PROVIDENCIA DIVINA Y EL SENTIDO DE LA HISTORIA Y LA VIDA

 

cesped-artificial

 

“Ante todo, está el aspecto trascendente, que se expresa en el acto básico cristiano de fe, amor y esperanza, y que tiene su representación en el “estado de Cristo” eclesiástico. Aquí la naturaleza humana está tocada por el favor del Irrepetible: liberada de la carga del pecado, pero también de la sujeción, que determina el pecado, a la órbita del nacimiento y muerte: liberada entrando en las ligaduras de la imitación, como esposa y como discípulo en el unificador misterio de Cristo, de la Cruz y la Resurrección. El afectado por esa elección (en general o en particular) resulta que tiene que someter su forma de existencia a la de Cristo. Igual que ha vivido Cristo en el mundo: abierto, confiado, sin cuidados ni planes, sin anticiparse a aferrar la voluntad del Padre, sino más bien creyendo, esperando, amando a Dios y a los hombres, así debe caminar el discípulo tras sus huellas. Debe estar en el tiempo y no elevarse por encima del tiempo: con docilidad tratar de entender los signos del tiempo y el mensaje que domina en él, sin querer acuñar titánicamente en el tiempo su propio sentido, inventado por él mismo; salir al encuentro del contenido y el significado de su vida, y precisamente, de su tiempo como otorgado siempre en cada momento por Dios, sin el intento de apoderarse prometeicamente de él; saber que la actitud básica en que brota un sentido general, y se convierte en acontecer, es la apertura del hombre hacia Dios: la fe y la oración. Sólo a tal proceder se le comunica una misión; y la gracia de misión es el contenido de sentido del “ahora” histórico, siempre agotador, siempre rebosante. Por medio de esa apertura puede seguir vivo el cristiano. No quedará taponado, para recibir la verdad siempre nueva de Dios, por esquemas y prejuicios espirituales y mundanos, que proceden de ayer y que por lo mismo que ayer estaban justificados no vuelven a repetirse y no alcanzan para hoy.”

 

 

Hans Von Balthasar  “Teología de la historia”