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日志


CUENTO (ft. Mario Benedetti “Estados de ánimo”)

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No es sencillo el cuento
sino simple
tal vez cómplice.


No es sencillo el invento
tan sólo nuestro
artificioso
beneficioso
malicioso
pintado del color
con que la vida nos brota.


Pero el cuento
aunque no lo querramos
aunque sí lo querramos
es una catarata de color
que nos brota por dentro
dibujando en el aire
la espuma de nuestra in-sistencia
en nuestra existencia.


Sólo hay una mentira
en medio de la vida
y es la misma muerte:
Nadie se muere
si es que no estuvo antes
muerto.


La única verdad quizás sea
que nuestra muerte
se muere de amor y de sí misma.


Y nosotros
mientras tanto se muere
buscamos la vida
en los colores
que nos explotan por dentro
para volcarlos al mar...


...al mar del otro,
al mar de los otros,
que no es otra cosa
que un océano de uno mismo
con otro rostro.

 


Ezequiel Olivary

 

 

VICENTE HUIDOBRO - LA POESÍA ES UN ATENTADO CELESTE

 
 
Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando en viaje dando un poco de mi vida
A ciertos árboles y a ciertas piedras
Que han esperado muchos años 
 
Se cansaron de esperarme y se sentaron 
 
Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco el atroz equívoco 
 
Angustioso lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas 
 
Me estoy haciendo árbol
Cuántas veces me he ido convirtiendo en otras cosas...
Es doloroso y lleno de ternura 
 
Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación
Hay que guardar silencio Esperar en silencio 
 

DULCE MARÍA LOYNAZ: AMOR ES…

 

 

 

Amor es:
Amar la gracia delicada
del cisne azul y de la rosa rosa;
amar la luz del alba
y la de las estrellas que se abren
y la de las sonrisas que se alargan
Amar la plenitud del árbol,
amar la música del agua
y la dulzura de la fruta
y la dulzura de las almas dulces.
Amar lo amable, no es amor:


Amor es ponerse de almohada
para el cansancio de cada día;
es ponerse de sol vivo
en el ansia de la semilla ciega
que perdió el rumbo de la luz,
aprisionada por su tierra,
vencida por su misma tierra


Amor es desenredar marañas
de caminos en la tiniebla:
¡Amor es ser camino y ser escala!
Amor es este amar lo que nos duele,
lo que nos sangra bien adentro


Es entrarse en la entraña de la noche
y adivinarle la estrella en germen
¡La esperanza de la estrella!


Amor es amar desde la raíz negra.
Amor es perdonar;
y lo que es más que perdonar,
es comprender
Amor es apretarse a la cruz,
y clavarse a la cruz,
y morir y resucitar


¡Amor es resucitar!

 

Nota: Mi especial agradecimiento a Laura por compartir esta bellísima poesía recitada con voz dulce y firme, como lo merece la pieza de esta poetisa que acabo de descubrir gracias a este video muy bien logrado

Transparencias - Hasta la vuelta, maestro…

 

Mario… gracias por tu poesía, gracias por tu vida…

 

 

LA CALLE DE SIEMPRE TIENE ESQUINAS DONDE NOS ENCONTRAMOS LA VIDA

 
 

En la esquina de siempre

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Un día de invierno por la tarde, creo, tu ausencia y yo nos encontramos por primera vez. Como sucede casi siempre, el primer encuentro desafía al conocimiento, sin llegar a serlo. Es así que apenas puedo decir que, una tarde de invierno, si mal no recuerdo, sin conocernos, tu ausencia y yo nos encontramos, por esas coincidencias que el destino tiene, en una esquina donde no doblan la calle los devaneos.

No recuerdo si la invité a tomar algo o si, apenas, nos miramos y sonreímos. En esas tardes de invierno, mis presencias andaban por la vida agitadas, sin terminar nunca de despabilarse. Recuerdo que me había quedado con una bolsa repleta de orfandad, de besos vestidos en lista de espera para ser desnudados.

De tanto en tanto, nos cruzábamos, a horas inciertas, en esa esquina cierta, tu ausencia y yo. Nos mirábamos, y cortésmente nos dedicábamos silencios apenas disimulados detrás de un vestido de palabras breves, como siempre insomnes de todo sueño diccionario.

En la primavera que le siguió, un bullicio de pájaros y autos me atiborraba de terceras personas, plurales o singulares; de soles apretujados entre bemoles a bordo del omnibus.

Hubo tardes en las que la primavera me demoró entre los colores y, así, llegaba tarde al encuentro con tu ausencia. Cuando ella llegaba tarde, siempre se las arreglaba para dejarme una nota perfumada, escondida y apretujada entre la corteza semi-abierta de un fresno próximo a la esquina.

Un día, despuntando casi el verano, comencé a reparar en la delicada forma de irse que tu ausencia tenía; una despedida sin despedirse, un hasta luego que era siempre próxima cita. Recuerdo el movimiento suave de caderas, con garbo, con ese barniz de elegancia femenina que escribe en el aire su figura y la vuelve cuerpo grabado sobre piedras de éter, indeleble marca de su paso.

Me preguntaba entonces, a dónde iría tu ausencia sin mí, luego de encontrarnos como por descuido siempre en la misma esquina. A dónde llevaría esos instantes plácidos, esas miradas inocentes, claras y paradójicamente pícaras.

Luego, cuando el verano se disolvió en el mar furioso del viento calendario, tu ausencia y yo nos encontramos.

Este encuentro empero, sonó a re-encuentro; supo a primer conocimiento o al reconocimiento de miradas en los ojos que ven el rostro que tanto tiempo los dedos dibujaron en el aire. Reímos. A los dos nos gusta reír, sin prisa y sin pretensiones.

Ese día, no recuerdo bien cuándo, tu ausencia con su silencio me invitó a caminar calle abajo. Creo nunca haber escuchado tantos violines en esa calle como cuando tu ausencia y yo la caminamos por primera vez juntos. Toda una curiosidad el redescubrir los cotidianos malvones en los usuales balcones de viejas rejas labradas.

Luego tu ausencia, divertida, acarició con palabras el aire, como si de un conjuro se tratara y comenzaron a hilvanarse melodías de terciopelo, al mediodía, con aroma de madrugada y color de luna joviana.

Había tal mansedumbre en ese bordado de brisa, que mis oídos comenzaron a crecer hasta abarcarme todo el cuerpo; así, en esa caricia sonora y mullida, mis poros desarrollaron capacidades acústicas desconocidas. Cada onda se deslizaba por el alfeizar de la piel, dedos finos tañendo un arpa.

Tu ausencia y yo remontamos calle y barriletes. Remontamos vuelos, con sus remolinos y desvelos. Mis manos se volvieron cuaderno para el trazo de innumerables letras y palabras y acentos, que la mano firme y blanda de tu ausencia fue escribiendo desde el momento en que, casi sin quererlo, tomó mi mano por los dedos, para llamarme la atenc ión sobre un viejo que cruzaba a mitad de manzana la calle. Siempre las medias manzanas, como las medias naranjas, son un blanco para el dardo de la atención, o para ciertas saetas que vienen viajando desde lejanos tiempos de paraísos perdidos, en la historia o en la memoria.

O en la piel.

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Algunas veces, tu ausencia y yo nos encontramos en la esquina de siempre y, simplemente, no decimos nada; nos quedamos abrazando el silencio, abrasándonos sin crepitar, sin humos ni vapores, al calor del sol que, a esta altura, ya no sabemos, tu ausencia y yo, si brilla desde afuera o ilumina desde adentro.

Ambos vamos descubriendo sabores nuevos en el vino, aromas escondidos entre los pliegues de la mañana; colores que parecieran desvanecerse en la tarde y sonidos que se desmayan en la lentitud del ocaso.

Algunas veces la calle se vuelve pradera verde y la transitamos en la plenitud de alfalfares y colmenares dispersos. Otras, es una playa de arena mojada, donde las olas mueren y resucitan el fantasma de sus cadáveres líquidos, que el dedo de Neptuno se lleva a la rastra a los dormitorios abisales del agua. Hay cerros azules que nos salen al paso, cantando con voz de ventolina una melodía atávica de tierra recién nacida y berreando pueritia de volcanes.

Nunca le diré a tu ausencia que en este presente, es presencia.

Sucede que las ausencias son susceptibles alas de mariposa, cuyos colores guardan la secreta advertencia: No me toques, podría desvanecerme. Es así como los torpes dedos de mis palabras evitan contactar la tentación de colores para no quitarle libertad a las alas.

¿Qué clase de distraído filisteo querría una mariposa enjaulada?

Por eso es que no le cuento a tu ausencia, cuando nos encontramos, acerca de su presencia en este presente y en este continente. Me tiendo al sol y espero a que la mariposa, libremente, pliegue por u instante las alas y se pose sobre la piel de mi sueño, mansa, libre y divertida.

Mucho me temo que tu ausencia esté haciendo, en este juego, trampas: Quizá se haya dado cuenta hace bastante tiempo de toda la materialidad sutil de su presencia, y guarda en su silencio, con la complicidad del sol, una sonrisa de reconocimiento, una mirada de re-encuentro, un tacto tibio y juvenil para mis palmas, una melodía arrebujada en las partituras escritas en el alma.

Un día, como este, como cualquiera, tu ausencia y yo salimos, como niños, a tramar futuros sin nombrarlos; a entretejer alfombras de mañana sin mencionarlo. El abrazo del silencio posee ese lenguaje único que impide que se astillen los cristales de la magia y son capaces de solidificar un puente en el océano inmenso para unir, invisible, el palpitar de las almas en un idioma universal que ha resistido cuanta Babel le abrió sus oídos y le prestó sus letras.

Entre ser y estar, tu ausencia y yo estamos siendo; un conjunto de algarabías como canicas que salen de una bolsa que por el aire va cayendo.

Mientras caminamos, tu ausencia de dice cosas al oído. Ya sabes… la discreción es mi segunda religión y nada de eso puedo contarte. Sólo decirte que tu ausencia es verano que retiene la lluvia y provoca sed en la piel. Una sed que no calma ninguna ausencia y que clama al amanecer renovado, el rocío de caricias como bendición líquida y sobrehumana.

Hay ausencias, como la tuya, que son sembradoras y semillas a un tiempo. Se hunden en la profundidad del barro del propio ser, lentamente, sin prisas, hasta quedarse a vivir dentro, mientras germina la presencia en un concierto de sentimientos a flor de piel, deshojando alegrías y miradas, entre el aroma del café por la mañana y el guiño cómplice de las estrellas convertidas en sábanas.

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Un día de invierno por la tarde, creo, tu ausencia y yo nos encontramos por primera vez. Desde ese momento la soledad se ha mudado al diccionario, a dormir su sueño perdida entre las páginas y los vocablos. Desde ese momento ya no habito solo  los rincones de la tarde. Desde ese momento, sin decir nada, cada día, voy a su encuentro en la misma esquina, para que me bese los labios su sombra de plata y me invite a caminar, calle abajo, por una senda que, sólo Dios sabe, desde el nacimiento del tiempo nos esperaba.

Se ha dormido el mediodía hasta mañana. Es la hora de vestirme la piel y desnudarme el alma para salir al encuentro de tu ausencia, en la esquina de siempre…

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Ezequiel  Olivary

LA LUNA (Debajo de mi almohada)

 

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Debajo de mi almohada

se guardan solos los perfumes,

bailan con los alientos

la música del silencio.

 

Me gusta oir la risa

de mis recuerdos

sentados a las mesas

bebiendose un whisky

debajo de mi almohada.

 

Como si fuera poco,

hay un arrullo de luna

que me trae recuerdos

del futuro, imágenes,

caricias, respiraciones...

 

...que me saludan

nostálgicos y encantados

desde el mañana,

suavemente aprietan mi mano

y aceptan que les corra la silla.

 

Hay un arrullo de luna

que me dice al oido

que son mejores las amapolas

que los claveles en primavera,

y que el buen licor se invita...

 

...en copa de cristal y plata.

No sé por qué se empeña la luna

en abrazar mi silencio

cuando bailamos en sueños

debajo de mi almohada.

 

 

Ezequiel  Olivary

SOLEDAD

 

 

 

Dueña de un nombre

que no se llama,

ojos de lejanía

inventando horizontes

en la cortina del atardecer.

 

 

Dueña de un cuerpo

sin dueño ni soberanía,

sueñas un sueño de poesía

y al despertar

un prado verde interminable

acaricia tu espalda otra vez.

 

 

Inquilina del viento,

flotas en tu mirar

y te hundes en tus propias mareas,

torbellino de mil vórtices,

boca de la tormenta.

 

 

Dueña de las rotas cadenas,

la inmortalidad es corazón

que bombea tu sangre,

que sonroja tus mejillas

que alimenta de estrellas

la longitud de tus cabellos.

 

 

No te nombro: Ya no estás;

ya te has ido, no te nombro.

 

 

Apareces sin embargo

entre las constelaciones

y las verdes albahacas;

te metes bajo la almohada

a rescatar memorias,

a quemar las sábanas y las cortinas,

las ventanas y sus vidrios,

los días, las noches; sus calendarios

y mínimos cotidianos calvarios.

 

 

Dueña de un nombre

que nadie nombra;

dueña de una sonrisa

que nadie quiere, allí estás,

parada contra el marco de la puerta

con la atroz mirada del infinito

y tu paz sin paz ni consuelo

musicalizando el aire de silencio.

 

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Ezequiel  Olivary

Continente de sol

 

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Cinco días de trabajos

y dos de no-descanso.

Cinco dedos que siembran,

acarician, aferran, curan.

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Cinco letras unidas

aunque separadas

en dos continentes precisos,

en dos barcarolas de nube.

due rose

No suman las matemáticas

lo que multiplica su corazón;

Su aliento condimenta la masa del pan…

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…y su mirada el milagro de vivir.

Cinco letras,  continentes de sol:

Te amo, madre.

 

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Ezequiel  Olivary

 

 

Feliz día a todas las mujeres que hacen diariamente

el feliz milagro de la vida.

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DETRÁS DEL AZUL (Letanía y soliloquio de sonámbulo)

 

“[…] ocurre algunas veces, que las palabras se vuelven dados batiéndose entre saltos con el aire; ocurre entonces el milagro bochornoso de comprobar la incertidumbre, el dudoso sino que pone al caos a bailar en brazos de la probabilidad. Cuando llega esa hora, conviene que el hombre guarde silencio y hable su sueño; cuando llega ese momento, es recomendable dejarse mecer por la noche, sonámbulo, para que juegue el azar con las palabras, y podamos creer –cuanto menos en sueños- que los unicornios azules existen y que siempre sumarán siete entre los dos dados sin cargar. La mañana, por fortuna, se encargará de disipar el aquelarre de imágenes erráticas; guardará los dados… y la suerte de las palabras, estará por fin echada […]”

 

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Azulmarino

cielo de agua

agua de piedra

piedra de azul

de azulandino.

Aire sin horizonte

arena golpeada

por dedos líquidos

uñas de espuma

arañan

sus doradas venas.

Sangra de lucero

el cielo de la noche

y sale a vestirse

de tornasoles

la tormenta

esperando el arco iris.

Cada paso que piso

no es un paso mío:

los míos se pierden

en el sendero

que ha quedado atrás.

Miro, como el felino

hacia adelante

hacia la espesura

hacia la frescura

y el iris de mis ojos

se pinta de monte

y de verde futuro

en medio de un azul presente,

omnipresente.

Cárdeno fluido

desbocado latido,

un ciempiés de emociones

me devuelve al mañana

y en el revuelo

me desvelo de velos y de cielos,

juego al “fondo blanco”

con la copa de los anhelos

y me sorprendo sonriendo.

 

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Me encuentro perdido,

una voz que me llama

ardiendo entre llamas.

Lugares comunes

disfrazados de pensamiento

se ríen ruidosamente

detrás de inciertas bambalinas.

El algodón generoso

de una camisa

me arropa las dudas

y entre los botones

los ojales dormitan

su sueño de hilo y arruga.

 

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Esta noche todo es azul,

tan azul

que Neruda se pondría verde;

el mar, negro.

Tan azul es todo

en esta hora de quietud

que la mansedumbre

de los elementos, inusual,

casi irreal,

se tiende como un puente,

como la palma de un dique,

do la sombra del onírico

despierta suavemente

esta vigilia yerma y silente.

¿Hay delirio o delicadeza

más delicioso

que experimentar la vida

latiendo por dentro,

impulsándonos al camino,

a la mano franca,

a la mesa tendida,

al pan todavía caliente,

a un marasmo espasmódico

de felicidad y enjundia

cosechados de un golpe

por una plácida mirada?

 

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Pero no me crean nada…

hablo en sueños…

hablo de sueños…

hablo sueños

hasta decir libertad

al unísono

en la trepidante coreografía

de los poros,

tan extático

que en la exaltación del azul

los recuerdos del futuro

hacen coro de arrullo

al dormitar plácido

de los peros y los paras,

sumergidos

en la lógica que descansa

de sus fatigas del día,

mientras juego a soñar:

Soñar el sueño de estar vivo…

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Ezequiel  Olivary

HOY

 

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Hoy

te recordé tal como eras

entonces.

Turgentes los pechos,

limpia la mirada

del color de las almendras

cuando las madura

el tiempo.

 

Hoy

te recordé tal como eras

conmigo.

Una dulce copa,

penacho rebelde al viento,

la piel blanca riendo del sol,

las manos suaves

sangrando de lunas y jazmines.

Los pies siempre tibios

en sábanas que el invierno vuelve

gélidas, a veces.

 

Hoy

te recordé tal como eras

contra mi pecho.

Un cúmulo de olas de mar

salpicando el cielo.

Un torrente de silencios

inventando las palabras,

una cascada de risas entre espumas,

un gemido interminable

de madrugada.

 

Hoy

recordé tu voz, tu piel, tu sueño,

tus cosquillas.

 

Será que hoy,

una lágrima de vida

me devolvió la sonrisa.

Será, tal vez, probablemente,

que no hay estadística

para contar tus mimos,

aquellos en la arena al atardecer

¿recuerdas?

cuando la felicidad hacía dar envidia

a las olas del mar.

 

Será que hoy

me ha hecho feliz

recordar

que una vez transitaste

por mi vida y mi piel,

vestiste de alegría mi sonrisa,

decoraste de cielo

mis miradas huérfanas.

 

Será, al fin,

que recordándote hoy,

ya no te echo de menos,

porque formas parte de mi vida;

porque aún huelo tu perfume

en ciertas noches de invierno.

Y porque ha querido Dios

que la felicidad

se disfrace, a veces,

con tu nombre.

 

 

Ezequiel  Olivary

EL 29 DE ABRIL

 

Recomiendo leer este texto disfrutando de “Carmina Burana”  en la dirección de  Carl Orff

 

 

 

El 29 de abril olvidé dejar un recordatorio, un saludo especial, una mención. No sé si se trata de un olvido más, de una finta de la memoria o si, más simplemente, me guardaba para saludar con tiempo.

Lo cierto es que el 29 de abril olvidé mencionar algo.

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Olvidé saludar al animal. A ese animal que sobrevive siguiendo a veces las reglas y, otras, desconociéndolas. Ése que puebla el mundo de un arco iris de sonidos, hermosos o espantosos; animal del bullicio o la calma. Animal diurno y febril, animal nocturno y sigiloso.

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Olvidé saludar al animal, que todavía sigue evolucionando en medio de la creación y como parte de la obra del Creador. Animal que es obra de arte, que se hace arte, que fue pensado y creado como una obra de arte. Animal de complejidades endócrinas y furias exógenas. Animal de ADN silencioso y cambiante en el tráfago de los crones; de aliento vital infundado por el toque de la Divinidad.

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Animal milagro en un cosmos inmenso y mecánico. Animal rodeado de cosas y superador de las cosas. Ser animado con ánima en un universo en movimiento ciego.

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Olvidé saludar, rememorar, conmemorar, mencionar, decir, al animal.

 

Ser capaz de producir tanta ternura como espanto.

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Animal que deja huellas hasta cuando duerme. Animal que sueña aunque no lo manifieste.

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Variable y variado, feroz e indefenso. Como el universo mismo, paradójico.

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El 29 de abril cometí el imperdonable error de olvidarme saludar al animal… humano.

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SER    HUMANO

 

No tengo modo, ni manera,

de soportarme tan ser-humano.

Miro alrededor

y todo pareciera ser

un gran error de la naturaleza.

Nos pasamos la vida

jugando a un carnaval

con un ruidoso corso

sonándonos por dentro

sin que nos deje escuchar.

Lastimamos sin escucharnos.

Nos lastimamos sin escucharlos,

sin verlos, sin reconocerlos,

a esos… a los otros.

Nos miramos al espejo

saludando a un extraño

cotidianamente familiar,

sin vernos a nosotros…

 

No tengo modo, ni manera,

de soportarme tan ser-humano…

Excepto

cuando te miro a los ojos.

 

(Buenos Aires, un día de Abril de 2003)

 

 

 

Ezequiel  Olivary

Salzanitos – Juan Carlos Baglietto

 

 

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SUCEDE…

 

…que a veces

es maldición la poesía.

Se enquista en las venas,

destila su humor invisible

en el torrente de sangre

que nos surca el cuerpo.

 

Sucede…

…que a veces

es maldición la poesía.

Duele como una espina

aguda y profundamente clavada.

Duele como la herida

recién abierta y sangrante.

Duele domo el amor y como el olvido,

duele como la vida, como la muerte.

 

Sucede…

…que a veces

es maldición la poesía.

Nos corroe por dentro pidiendo salir

y cuando salida le damos

nos sigue comiendo el alma

gusano insaciable, interminable.

Nos corroe sonriendo

nos corroe llorando, como ácido,

como impiadoso salitre.

 

Sucede…

…que a veces

es maldición la poesía.

¿Qué sería de nosotros sin ella?

Tristes y ciegas criaturas

sin ton ni sol, sin son ni canción.

Sin historia y sin letras,

sin luces y sin sombras, prisioneros

de las necesidades del día a día…

 

Sucede…

…la poesía. Y cuando sucede,

quema e ilumina: Fuego fatuo.

¡Ay, poesía!…

Conviertes al mortal sencillo en poeta,

al poeta en extraño Fénix

y al Fénix en cenizas

de las que resucitas al hombre.

 

Me sucede la poesía.

Enfermo estoy de ella

y de tan enfermo, a ella no renuncio.

Con obstinado encono

he decidido odiarla con mi amor,

vestirla con mis despojos

estos, los que cubren mis huesos.

 

Ella, sonriente,

es el escudo más eficaz,

la frontera inexpugnable

que tiene mi vida

contra la muerte.

 

 

Ezequiel  Olivary

DESIDERATA

 

Anónimo – Recitado: Omar Cerasuolo

SAN AGUSTÍN: SI ME AMAS

 

Un texto único, por su valor, profundidad y presencia, como su autor. Y una voz, la de Omar Cerasuolo, un muy talentoso locutor cordobés, que hace que uno tenga la extraña sensación de que San Agustín escribió esta delicia, pensando en la voz de Omar, más de quince siglos después…

Disfrútenlo con el mismo placer que a mi me produce. Yo, me quedo, en medio de este tráfago enloquecido de viernes, pensando-sintiendo las palabras de San Agustín…

 

LA ROSA DE ST. JORDI

 

 

 

 

 

El libro de los sueños

abierto de par en par

tiene páginas traslúcidas,

de piel y seda

escritos con tinta de cielo

sangrando desde la punta

de un cálamo invisible.

 

El libro de los sueños

que semeja al libro de los destinos,

traza en sus hojas

un ignoto y colorido camino.

Quizá el camino de la vida.

 

El libro de los sueños

tiene una herida de vida

que vive y late.

Latiendo desde la herida

mana del libro de los sueños,

que semeja el libro de los destinos,

un arroyo verde como tallo

coronado por un rojo lago

de pétalos cristalinos.

 

Lago como pétalos

como tintero

donde hunde suavemente la poesía

su invisible cálamo de sueños

y con ellos escribe un libro

que semeja el libro de los destinos

y nos regala, un día cualquiera,

todos los días de la vida,

la más fresca flor de la vivencia.

 

 

Ezequiel  Olivary

AMANECER CON PERFUME DE SAL

 

 

 

Hoy han madrugado los gorriones.

Dando saltitos por el alféizar

se procuran sorbitos de mañana

y salen nuevamente a volar.

 

Hoy me he despertado riendo

con esa risa cantarina de cuando niño,

risa de travesura y de inocencia,

risa de bienvenida al día nuevo.

 

Mientras camino por la playa

una ola me tatúa su sal en el tobillo

y de ese tatuaje, como Mercurio, salen alas…

 

…alas doradas por tu desnudez diáfana,

emplumadas por tu voz cristalina,

con afeites perfumados del aliento en tus labios.

 

 

Ezequiel  Olivary

 

SAN JORGE DE CAPADOCIA, MÁRTIR

Del oficio de lectura, 23 de Abril, San Jorge, Mártir
Protegido inexpugnablemente con el estandarte de la cruz
De los sermones de san Pedro Damiani, obispo
Sermón 3, sobre san Jorge: PL 144, 567-571

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La festividad de hoy, queridos hermanos, duplica la alegría de la gloria pascual, y es como una piedra preciosa que da un nuevo esplendor al oro en que se incrusta.

Jorge fue trasladado de una milicia a otra, pues dejó su cargo en el ejército, cambiándolo por la profesión de la milicia cristiana y, con la valentía propia de un soldado, repartió primero sus bienes entre los pobres, despreciando el de los bienes del mundo, y así, libre y dispuesto, se puso la coraza de la fe y, cuando el combate se hallaba en todo su fragor, entró en él como un valeroso soldado de Cristo.

Esta actitud nos enseña claramente que no se puede pelear por la fe con firmeza y decisión si no se han dejado primero los bienes terrenos.

San Jorge, encendido en fuego del Espíritu Santo y protegiéndose inexpugnablemente con el estandarte de la cruz, peleó de tal modo con aquel rey inicuo, que, al vencer a este delegado de Satanás, venció al príncipe de la iniquidad y dio ánimos a los soldados de Cristo para combatir con valentía.

Junto al mártir estaba el Árbitro invisible y supremo que, según sus designios, permitía a los impíos que le atormentaran. Si es verdad que entregaba su cuerpo en manos de los verdugos, guardaba su alma bajo su constante protección, escondiéndola en el baluarte inexpugnable de la fe.

Hermanos carísimos: no debemos limitarnos a admirar a este combatiente de la milicia celeste, sino que debemos imitarle.

Que nuestro espíritu se eleve hacia el premio de la gloria celestial, de modo que, centrado nuestro corazón en su contemplación, no nos dejemos doblegar, tanto si el mundo seductor se burla de nosotros como si con sus amenazas quiere atemorizarnos.

Purifiquémonos, pues, de cualquier impureza de cuerpo o espíritu, siguiendo el mandato de Pablo, para entrar al fin en ese templo de la bienaventuranza al que se dirige ahora nuestra intención.

El que dentro de este templo que es la Iglesia quiere ofrecerse a Dios en sacrificio necesita, una vez que haya sido purificado por el bautismo, revestirse luego de las diversas virtudes, como está escrito: Que tus sacerdotes se vistan de justicia; en efecto, quien renace en Cristo como hombre nuevo por el bautismo no debe volver a ponerse la mortaja del hombre viejo, sino la vestidura del hombre nuevo, viviendo con una conducta renovada.

Así es como, limpios de las manchas del antiguo pecado y resplandecientes por el brillo de la nueva conducta, celebramos dignamente el misterio pascual e imitamos realmente el ejemplo de los santos mártires.

Oración

Señor, alabamos tu poder y te rogamos que san Jorge, fiel imitador de la pasión de tu Hijo, sea para nosotros protector generoso en nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Nota: Mi agradecimiento a www.corazones.org fuente del texto precedente, así como de la fotografía de la imagen de San Jorge en el Monasterio de Monserrat (Bcn) España.

 

 

En el día de hoy, dispuesto especialmente para la veneración y recuerdo de San Jorge de Capadocia, mártir, quiero aprovechar para extender mi saludo fraterno a todos los Jorge y hacer énfasis en el ejemplo de San Jorge, de valentía y de firmeza en la fe y en la esperanza de la salvación, inquebrantables, en la vivencia de la caridad auténtica.