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CUENTO (ft. Mario Benedetti “Estados de ánimo”)No es sencillo el cuento
VICENTE HUIDOBRO - LA POESÍA ES UN ATENTADO CELESTEYo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia Hay la espera de mí mismo Y esta espera es otro modo de presencia La espera de mi retorno Yo estoy en otros objetos Ando en viaje dando un poco de mi vida A ciertos árboles y a ciertas piedras Que han esperado muchos años Se cansaron de esperarme y se sentaron Yo no estoy y estoy Estoy ausente y estoy presente en estado de espera Ellos querrían mi lenguaje para expresarse Y yo querría el de ellos para expresarlos He aquí el equívoco el atroz equívoco Angustioso lamentable Me voy adentrando en estas plantas Voy dejando mis ropas Se me van cayendo las carnes Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas Me estoy haciendo árbol Cuántas veces me he ido convirtiendo en otras cosas... Es doloroso y lleno de ternura Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación Hay que guardar silencio Esperar en silencio DULCE MARÍA LOYNAZ: AMOR ES…
Amor es:
Nota: Mi especial agradecimiento a Laura por compartir esta bellísima poesía recitada con voz dulce y firme, como lo merece la pieza de esta poetisa que acabo de descubrir gracias a este video muy bien logrado En la esquina de siempreUn día de invierno por la tarde, creo, tu ausencia y yo nos encontramos por primera vez. Como sucede casi siempre, el primer encuentro desafía al conocimiento, sin llegar a serlo. Es así que apenas puedo decir que, una tarde de invierno, si mal no recuerdo, sin conocernos, tu ausencia y yo nos encontramos, por esas coincidencias que el destino tiene, en una esquina donde no doblan la calle los devaneos. No recuerdo si la invité a tomar algo o si, apenas, nos miramos y sonreímos. En esas tardes de invierno, mis presencias andaban por la vida agitadas, sin terminar nunca de despabilarse. Recuerdo que me había quedado con una bolsa repleta de orfandad, de besos vestidos en lista de espera para ser desnudados. De tanto en tanto, nos cruzábamos, a horas inciertas, en esa esquina cierta, tu ausencia y yo. Nos mirábamos, y cortésmente nos dedicábamos silencios apenas disimulados detrás de un vestido de palabras breves, como siempre insomnes de todo sueño diccionario. En la primavera que le siguió, un bullicio de pájaros y autos me atiborraba de terceras personas, plurales o singulares; de soles apretujados entre bemoles a bordo del omnibus. Hubo tardes en las que la primavera me demoró entre los colores y, así, llegaba tarde al encuentro con tu ausencia. Cuando ella llegaba tarde, siempre se las arreglaba para dejarme una nota perfumada, escondida y apretujada entre la corteza semi-abierta de un fresno próximo a la esquina. Un día, despuntando casi el verano, comencé a reparar en la delicada forma de irse que tu ausencia tenía; una despedida sin despedirse, un hasta luego que era siempre próxima cita. Recuerdo el movimiento suave de caderas, con garbo, con ese barniz de elegancia femenina que escribe en el aire su figura y la vuelve cuerpo grabado sobre piedras de éter, indeleble marca de su paso. Me preguntaba entonces, a dónde iría tu ausencia sin mí, luego de encontrarnos como por descuido siempre en la misma esquina. A dónde llevaría esos instantes plácidos, esas miradas inocentes, claras y paradójicamente pícaras. Luego, cuando el verano se disolvió en el mar furioso del viento calendario, tu ausencia y yo nos encontramos. Este encuentro empero, sonó a re-encuentro; supo a primer conocimiento o al reconocimiento de miradas en los ojos que ven el rostro que tanto tiempo los dedos dibujaron en el aire. Reímos. A los dos nos gusta reír, sin prisa y sin pretensiones. Ese día, no recuerdo bien cuándo, tu ausencia con su silencio me invitó a caminar calle abajo. Creo nunca haber escuchado tantos violines en esa calle como cuando tu ausencia y yo la caminamos por primera vez juntos. Toda una curiosidad el redescubrir los cotidianos malvones en los usuales balcones de viejas rejas labradas. Luego tu ausencia, divertida, acarició con palabras el aire, como si de un conjuro se tratara y comenzaron a hilvanarse melodías de terciopelo, al mediodía, con aroma de madrugada y color de luna joviana. Había tal mansedumbre en ese bordado de brisa, que mis oídos comenzaron a crecer hasta abarcarme todo el cuerpo; así, en esa caricia sonora y mullida, mis poros desarrollaron capacidades acústicas desconocidas. Cada onda se deslizaba por el alfeizar de la piel, dedos finos tañendo un arpa. Tu ausencia y yo remontamos calle y barriletes. Remontamos vuelos, con sus remolinos y desvelos. Mis manos se volvieron cuaderno para el trazo de innumerables letras y palabras y acentos, que la mano firme y blanda de tu ausencia fue escribiendo desde el momento en que, casi sin quererlo, tomó mi mano por los dedos, para llamarme la atenc ión sobre un viejo que cruzaba a mitad de manzana la calle. Siempre las medias manzanas, como las medias naranjas, son un blanco para el dardo de la atención, o para ciertas saetas que vienen viajando desde lejanos tiempos de paraísos perdidos, en la historia o en la memoria. O en la piel. Algunas veces, tu ausencia y yo nos encontramos en la esquina de siempre y, simplemente, no decimos nada; nos quedamos abrazando el silencio, abrasándonos sin crepitar, sin humos ni vapores, al calor del sol que, a esta altura, ya no sabemos, tu ausencia y yo, si brilla desde afuera o ilumina desde adentro. Ambos vamos descubriendo sabores nuevos en el vino, aromas escondidos entre los pliegues de la mañana; colores que parecieran desvanecerse en la tarde y sonidos que se desmayan en la lentitud del ocaso. Algunas veces la calle se vuelve pradera verde y la transitamos en la plenitud de alfalfares y colmenares dispersos. Otras, es una playa de arena mojada, donde las olas mueren y resucitan el fantasma de sus cadáveres líquidos, que el dedo de Neptuno se lleva a la rastra a los dormitorios abisales del agua. Hay cerros azules que nos salen al paso, cantando con voz de ventolina una melodía atávica de tierra recién nacida y berreando pueritia de volcanes. Nunca le diré a tu ausencia que en este presente, es presencia. Sucede que las ausencias son susceptibles alas de mariposa, cuyos colores guardan la secreta advertencia: No me toques, podría desvanecerme. Es así como los torpes dedos de mis palabras evitan contactar la tentación de colores para no quitarle libertad a las alas. ¿Qué clase de distraído filisteo querría una mariposa enjaulada? Por eso es que no le cuento a tu ausencia, cuando nos encontramos, acerca de su presencia en este presente y en este continente. Me tiendo al sol y espero a que la mariposa, libremente, pliegue por u instante las alas y se pose sobre la piel de mi sueño, mansa, libre y divertida. Mucho me temo que tu ausencia esté haciendo, en este juego, trampas: Quizá se haya dado cuenta hace bastante tiempo de toda la materialidad sutil de su presencia, y guarda en su silencio, con la complicidad del sol, una sonrisa de reconocimiento, una mirada de re-encuentro, un tacto tibio y juvenil para mis palmas, una melodía arrebujada en las partituras escritas en el alma. Un día, como este, como cualquiera, tu ausencia y yo salimos, como niños, a tramar futuros sin nombrarlos; a entretejer alfombras de mañana sin mencionarlo. El abrazo del silencio posee ese lenguaje único que impide que se astillen los cristales de la magia y son capaces de solidificar un puente en el océano inmenso para unir, invisible, el palpitar de las almas en un idioma universal que ha resistido cuanta Babel le abrió sus oídos y le prestó sus letras. Entre ser y estar, tu ausencia y yo estamos siendo; un conjunto de algarabías como canicas que salen de una bolsa que por el aire va cayendo. Mientras caminamos, tu ausencia de dice cosas al oído. Ya sabes… la discreción es mi segunda religión y nada de eso puedo contarte. Sólo decirte que tu ausencia es verano que retiene la lluvia y provoca sed en la piel. Una sed que no calma ninguna ausencia y que clama al amanecer renovado, el rocío de caricias como bendición líquida y sobrehumana. Hay ausencias, como la tuya, que son sembradoras y semillas a un tiempo. Se hunden en la profundidad del barro del propio ser, lentamente, sin prisas, hasta quedarse a vivir dentro, mientras germina la presencia en un concierto de sentimientos a flor de piel, deshojando alegrías y miradas, entre el aroma del café por la mañana y el guiño cómplice de las estrellas convertidas en sábanas. Un día de invierno por la tarde, creo, tu ausencia y yo nos encontramos por primera vez. Desde ese momento la soledad se ha mudado al diccionario, a dormir su sueño perdida entre las páginas y los vocablos. Desde ese momento ya no habito solo los rincones de la tarde. Desde ese momento, sin decir nada, cada día, voy a su encuentro en la misma esquina, para que me bese los labios su sombra de plata y me invite a caminar, calle abajo, por una senda que, sólo Dios sabe, desde el nacimiento del tiempo nos esperaba. Se ha dormido el mediodía hasta mañana. Es la hora de vestirme la piel y desnudarme el alma para salir al encuentro de tu ausencia, en la esquina de siempre…
Ezequiel Olivary LA LUNA (Debajo de mi almohada)
Debajo de mi almohada se guardan solos los perfumes, bailan con los alientos la música del silencio.
Me gusta oir la risa de mis recuerdos sentados a las mesas bebiendose un whisky debajo de mi almohada.
Como si fuera poco, hay un arrullo de luna que me trae recuerdos del futuro, imágenes, caricias, respiraciones...
...que me saludan nostálgicos y encantados desde el mañana, suavemente aprietan mi mano y aceptan que les corra la silla.
Hay un arrullo de luna que me dice al oido que son mejores las amapolas que los claveles en primavera, y que el buen licor se invita...
...en copa de cristal y plata. No sé por qué se empeña la luna en abrazar mi silencio cuando bailamos en sueños debajo de mi almohada.
Ezequiel Olivary
SOLEDAD
Dueña de un nombre que no se llama, ojos de lejanía inventando horizontes en la cortina del atardecer.
Dueña de un cuerpo sin dueño ni soberanía, sueñas un sueño de poesía y al despertar un prado verde interminable acaricia tu espalda otra vez.
Inquilina del viento, flotas en tu mirar y te hundes en tus propias mareas, torbellino de mil vórtices, boca de la tormenta.
Dueña de las rotas cadenas, la inmortalidad es corazón que bombea tu sangre, que sonroja tus mejillas que alimenta de estrellas la longitud de tus cabellos.
No te nombro: Ya no estás; ya te has ido, no te nombro.
Apareces sin embargo entre las constelaciones y las verdes albahacas; te metes bajo la almohada a rescatar memorias, a quemar las sábanas y las cortinas, las ventanas y sus vidrios, los días, las noches; sus calendarios y mínimos cotidianos calvarios.
Dueña de un nombre que nadie nombra; dueña de una sonrisa que nadie quiere, allí estás, parada contra el marco de la puerta con la atroz mirada del infinito y tu paz sin paz ni consuelo musicalizando el aire de silencio.
Ezequiel Olivary Continente de sol
Cinco días de trabajos y dos de no-descanso. Cinco dedos que siembran, acarician, aferran, curan. Cinco letras unidas aunque separadas en dos continentes precisos, en dos barcarolas de nube. No suman las matemáticas lo que multiplica su corazón; Su aliento condimenta la masa del pan… …y su mirada el milagro de vivir. Cinco letras, continentes de sol: Te amo, madre.
Ezequiel Olivary
Feliz día a todas las mujeres que hacen diariamente el feliz milagro de la vida. DETRÁS DEL AZUL (Letanía y soliloquio de sonámbulo)
“[…] ocurre algunas veces, que las palabras se vuelven dados batiéndose entre saltos con el aire; ocurre entonces el milagro bochornoso de comprobar la incertidumbre, el dudoso sino que pone al caos a bailar en brazos de la probabilidad. Cuando llega esa hora, conviene que el hombre guarde silencio y hable su sueño; cuando llega ese momento, es recomendable dejarse mecer por la noche, sonámbulo, para que juegue el azar con las palabras, y podamos creer –cuanto menos en sueños- que los unicornios azules existen y que siempre sumarán siete entre los dos dados sin cargar. La mañana, por fortuna, se encargará de disipar el aquelarre de imágenes erráticas; guardará los dados… y la suerte de las palabras, estará por fin echada […]”
Azulmarino cielo de agua agua de piedra piedra de azul de azulandino. Aire sin horizonte arena golpeada por dedos líquidos uñas de espuma arañan sus doradas venas. Sangra de lucero el cielo de la noche y sale a vestirse de tornasoles la tormenta esperando el arco iris. Cada paso que piso no es un paso mío: los míos se pierden en el sendero que ha quedado atrás. Miro, como el felino hacia adelante hacia la espesura hacia la frescura y el iris de mis ojos se pinta de monte y de verde futuro en medio de un azul presente, omnipresente. Cárdeno fluido desbocado latido, un ciempiés de emociones me devuelve al mañana y en el revuelo me desvelo de velos y de cielos, juego al “fondo blanco” con la copa de los anhelos y me sorprendo sonriendo.
Me encuentro perdido, una voz que me llama ardiendo entre llamas. Lugares comunes disfrazados de pensamiento se ríen ruidosamente detrás de inciertas bambalinas. El algodón generoso de una camisa me arropa las dudas y entre los botones los ojales dormitan su sueño de hilo y arruga.
Esta noche todo es azul, tan azul que Neruda se pondría verde; el mar, negro. Tan azul es todo en esta hora de quietud que la mansedumbre de los elementos, inusual, casi irreal, se tiende como un puente, como la palma de un dique, do la sombra del onírico despierta suavemente esta vigilia yerma y silente. ¿Hay delirio o delicadeza más delicioso que experimentar la vida latiendo por dentro, impulsándonos al camino, a la mano franca, a la mesa tendida, al pan todavía caliente, a un marasmo espasmódico de felicidad y enjundia cosechados de un golpe por una plácida mirada?
Pero no me crean nada… hablo en sueños… hablo de sueños… hablo sueños hasta decir libertad al unísono en la trepidante coreografía de los poros, tan extático que en la exaltación del azul los recuerdos del futuro hacen coro de arrullo al dormitar plácido de los peros y los paras, sumergidos en la lógica que descansa de sus fatigas del día, mientras juego a soñar: Soñar el sueño de estar vivo… Ezequiel Olivary HOY
Hoy te recordé tal como eras entonces. Turgentes los pechos, limpia la mirada del color de las almendras cuando las madura el tiempo.
Hoy te recordé tal como eras conmigo. Una dulce copa, penacho rebelde al viento, la piel blanca riendo del sol, las manos suaves sangrando de lunas y jazmines. Los pies siempre tibios en sábanas que el invierno vuelve gélidas, a veces.
Hoy te recordé tal como eras contra mi pecho. Un cúmulo de olas de mar salpicando el cielo. Un torrente de silencios inventando las palabras, una cascada de risas entre espumas, un gemido interminable de madrugada.
Hoy recordé tu voz, tu piel, tu sueño, tus cosquillas.
Será que hoy, una lágrima de vida me devolvió la sonrisa. Será, tal vez, probablemente, que no hay estadística para contar tus mimos, aquellos en la arena al atardecer ¿recuerdas? cuando la felicidad hacía dar envidia a las olas del mar.
Será que hoy me ha hecho feliz recordar que una vez transitaste por mi vida y mi piel, vestiste de alegría mi sonrisa, decoraste de cielo mis miradas huérfanas.
Será, al fin, que recordándote hoy, ya no te echo de menos, porque formas parte de mi vida; porque aún huelo tu perfume en ciertas noches de invierno. Y porque ha querido Dios que la felicidad se disfrace, a veces, con tu nombre.
Ezequiel Olivary EL 29 DE ABRIL
Recomiendo leer este texto disfrutando de “Carmina Burana” en la dirección de Carl Orff
El 29 de abril olvidé dejar un recordatorio, un saludo especial, una mención. No sé si se trata de un olvido más, de una finta de la memoria o si, más simplemente, me guardaba para saludar con tiempo. Lo cierto es que el 29 de abril olvidé mencionar algo. Olvidé saludar al animal. A ese animal que sobrevive siguiendo a veces las reglas y, otras, desconociéndolas. Ése que puebla el mundo de un arco iris de sonidos, hermosos o espantosos; animal del bullicio o la calma. Animal diurno y febril, animal nocturno y sigiloso. Olvidé saludar al animal, que todavía sigue evolucionando en medio de la creación y como parte de la obra del Creador. Animal que es obra de arte, que se hace arte, que fue pensado y creado como una obra de arte. Animal de complejidades endócrinas y furias exógenas. Animal de ADN silencioso y cambiante en el tráfago de los crones; de aliento vital infundado por el toque de la Divinidad. Animal milagro en un cosmos inmenso y mecánico. Animal rodeado de cosas y superador de las cosas. Ser animado con ánima en un universo en movimiento ciego. Olvidé saludar, rememorar, conmemorar, mencionar, decir, al animal.
Ser capaz de producir tanta ternura como espanto. Animal que deja huellas hasta cuando duerme. Animal que sueña aunque no lo manifieste. Variable y variado, feroz e indefenso. Como el universo mismo, paradójico. El 29 de abril cometí el imperdonable error de olvidarme saludar al animal… humano.
SER HUMANO
No tengo modo, ni manera, de soportarme tan ser-humano. Miro alrededor y todo pareciera ser un gran error de la naturaleza. Nos pasamos la vida jugando a un carnaval con un ruidoso corso sonándonos por dentro sin que nos deje escuchar. Lastimamos sin escucharnos. Nos lastimamos sin escucharlos, sin verlos, sin reconocerlos, a esos… a los otros. Nos miramos al espejo saludando a un extraño cotidianamente familiar, sin vernos a nosotros…
No tengo modo, ni manera, de soportarme tan ser-humano… Excepto cuando te miro a los ojos.
(Buenos Aires, un día de Abril de 2003)
Ezequiel Olivary SUCEDE…
…que a veces es maldición la poesía. Se enquista en las venas, destila su humor invisible en el torrente de sangre que nos surca el cuerpo.
Sucede… …que a veces es maldición la poesía. Duele como una espina aguda y profundamente clavada. Duele como la herida recién abierta y sangrante. Duele domo el amor y como el olvido, duele como la vida, como la muerte.
Sucede… …que a veces es maldición la poesía. Nos corroe por dentro pidiendo salir y cuando salida le damos nos sigue comiendo el alma gusano insaciable, interminable. Nos corroe sonriendo nos corroe llorando, como ácido, como impiadoso salitre.
Sucede… …que a veces es maldición la poesía. ¿Qué sería de nosotros sin ella? Tristes y ciegas criaturas sin ton ni sol, sin son ni canción. Sin historia y sin letras, sin luces y sin sombras, prisioneros de las necesidades del día a día…
Sucede… …la poesía. Y cuando sucede, quema e ilumina: Fuego fatuo. ¡Ay, poesía!… Conviertes al mortal sencillo en poeta, al poeta en extraño Fénix y al Fénix en cenizas de las que resucitas al hombre.
Me sucede la poesía. Enfermo estoy de ella y de tan enfermo, a ella no renuncio. Con obstinado encono he decidido odiarla con mi amor, vestirla con mis despojos estos, los que cubren mis huesos.
Ella, sonriente, es el escudo más eficaz, la frontera inexpugnable que tiene mi vida contra la muerte.
Ezequiel Olivary DESIDERATAAnónimo – Recitado: Omar Cerasuolo SAN AGUSTÍN: SI ME AMAS
Un texto único, por su valor, profundidad y presencia, como su autor. Y una voz, la de Omar Cerasuolo, un muy talentoso locutor cordobés, que hace que uno tenga la extraña sensación de que San Agustín escribió esta delicia, pensando en la voz de Omar, más de quince siglos después… Disfrútenlo con el mismo placer que a mi me produce. Yo, me quedo, en medio de este tráfago enloquecido de viernes, pensando-sintiendo las palabras de San Agustín… LA ROSA DE ST. JORDI
El libro de los sueños abierto de par en par tiene páginas traslúcidas, de piel y seda escritos con tinta de cielo sangrando desde la punta de un cálamo invisible.
El libro de los sueños que semeja al libro de los destinos, traza en sus hojas un ignoto y colorido camino. Quizá el camino de la vida.
El libro de los sueños tiene una herida de vida que vive y late. Latiendo desde la herida mana del libro de los sueños, que semeja el libro de los destinos, un arroyo verde como tallo coronado por un rojo lago de pétalos cristalinos.
Lago como pétalos como tintero donde hunde suavemente la poesía su invisible cálamo de sueños y con ellos escribe un libro que semeja el libro de los destinos y nos regala, un día cualquiera, todos los días de la vida, la más fresca flor de la vivencia.
Ezequiel Olivary
AMANECER CON PERFUME DE SAL
Hoy han madrugado los gorriones. Dando saltitos por el alféizar se procuran sorbitos de mañana y salen nuevamente a volar.
Hoy me he despertado riendo con esa risa cantarina de cuando niño, risa de travesura y de inocencia, risa de bienvenida al día nuevo.
Mientras camino por la playa una ola me tatúa su sal en el tobillo y de ese tatuaje, como Mercurio, salen alas…
…alas doradas por tu desnudez diáfana, emplumadas por tu voz cristalina, con afeites perfumados del aliento en tus labios.
Ezequiel Olivary
SAN JORGE DE CAPADOCIA, MÁRTIR
Nota: Mi agradecimiento a www.corazones.org fuente del texto precedente, así como de la fotografía de la imagen de San Jorge en el Monasterio de Monserrat (Bcn) España.
En el día de hoy, dispuesto especialmente para la veneración y recuerdo de San Jorge de Capadocia, mártir, quiero aprovechar para extender mi saludo fraterno a todos los Jorge y hacer énfasis en el ejemplo de San Jorge, de valentía y de firmeza en la fe y en la esperanza de la salvación, inquebrantables, en la vivencia de la caridad auténtica. |
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