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VON BALTHASAR: PENSAMIENTOS ACERCA DE LA PROVIDENCIA DIVINA Y EL SENTIDO DE LA HISTORIA Y LA VIDA
“Ante todo, está el aspecto trascendente, que se expresa en el acto básico cristiano de fe, amor y esperanza, y que tiene su representación en el “estado de Cristo” eclesiástico. Aquí la naturaleza humana está tocada por el favor del Irrepetible: liberada de la carga del pecado, pero también de la sujeción, que determina el pecado, a la órbita del nacimiento y muerte: liberada entrando en las ligaduras de la imitación, como esposa y como discípulo en el unificador misterio de Cristo, de la Cruz y la Resurrección. El afectado por esa elección (en general o en particular) resulta que tiene que someter su forma de existencia a la de Cristo. Igual que ha vivido Cristo en el mundo: abierto, confiado, sin cuidados ni planes, sin anticiparse a aferrar la voluntad del Padre, sino más bien creyendo, esperando, amando a Dios y a los hombres, así debe caminar el discípulo tras sus huellas. Debe estar en el tiempo y no elevarse por encima del tiempo: con docilidad tratar de entender los signos del tiempo y el mensaje que domina en él, sin querer acuñar titánicamente en el tiempo su propio sentido, inventado por él mismo; salir al encuentro del contenido y el significado de su vida, y precisamente, de su tiempo como otorgado siempre en cada momento por Dios, sin el intento de apoderarse prometeicamente de él; saber que la actitud básica en que brota un sentido general, y se convierte en acontecer, es la apertura del hombre hacia Dios: la fe y la oración. Sólo a tal proceder se le comunica una misión; y la gracia de misión es el contenido de sentido del “ahora” histórico, siempre agotador, siempre rebosante. Por medio de esa apertura puede seguir vivo el cristiano. No quedará taponado, para recibir la verdad siempre nueva de Dios, por esquemas y prejuicios espirituales y mundanos, que proceden de ayer y que por lo mismo que ayer estaban justificados no vuelven a repetirse y no alcanzan para hoy.”
Hans Von Balthasar “Teología de la historia” HOYHoy pensé en Dios.
Afortunadamente para mí, Él me piensa siempre... nos piensa en la plenitud de su amor eterno y sin fin.
ESCRITO SOBRE EL SILENCIO
Extraño don del cielo es el silencio. Sin sonido de vocalización, suena empero en acordes del alma -que le empresta no-se-qué cuerdas-; a veces es el aire mismo un muro para el entrechocar de las sílabas del éter y, otras, es ese mismo éter una inconmensurable caja sonora. Pero ¿qué es el éter o quién ha visto –una vez siquiera- los ladrillos efímeros que componen el muro del aire? Por momentos flota la certeza de que la única realidad es inmaterial e inmanente, que no es pasado, ni es presente, sino una brisa de eternidad, como toda brisa y toda eternidad por fin, omnipresente. Nunca podré explicarme las simetrías augustas y matemáticamente esotéricas del judío Spinoza, ni los delirios antropomórficos del mazdeísmo germánico a-la-Nietzsche; quizá he sido superado por sus silencios, asfixiado por el trasfondo que resuena tras sus letras y se enrosca como una serpentina en el bajo cielo de una noche de carnaval. Quizá habrán sembrado tantos desiertos que los más deshabitados aún no nacieron, siendo sólo uno quien pretende escuchar lo que partitura alguna jamás albergó como síntoma de sonido, manchando -pústula de tinta- el pentagrama en el papel; o como eructo sanguiñolento las manos del viento. Extraña música del infierno es el silencio. Comienza escribiendo San Juan, el más joven apóstol de Nuestro Señor, en su Evangelio de edad madura: “En el principio era La Palabra”. Esta palabra sin embargo, se escribe con pé mayúscula y el artículo, como nunca, quizá, se vuelve absoluto. Así, San Juan no escribe apenas una oración más, ni una frase o expresión; ni siquiera lo que escribe es el comienzo de una descripción aunque lo aparente. San Juan dibuja en la frase un enorme dedo de letras que señalan a Dios, de modo que la palabra es el génesis de todo y también del Génesis: “Entonces dijo –hágase la luz; y la luz se hizo”. El silencio entonces no pudo hacer nada, debido a la irresistible verdad que indica, nuevamente, que por aquel entonces no existía. El silencio se hace de tiempo y espacio (o de espacio-temporalidad), pero se disfraza de eternidad. El silencio sufre la indeterminación heisenbergiana: Cuando lo nombramos, al instante desaparece; cuando lo escribimos para descubrirlo ya no está donde pensamos, por el simple –y no tanto- hecho de haber sido descubierto con las mismas palabras con las que –mucho me temo- teníamos en mente descubrirlo y que, paradójicamente o no, encubren el hecho de su existencia en el mismo instante de dejarlo desnudo. De tal modo caemos en la cuenta –tal vez apresurada o imprudentemente- de que el silencio es paradójico: Se nutre de las palabras para desplazarlas, pero sólo es la existencia previa de la palabra la que alimenta y da existencia al silencio. “En el principio era La Palabra” dice San Juan. Luego coloca un punto y un tácito signo que simboliza al silencio. ¿Antes? No lo sabemos. ¿Cuál es el antes y el después de la eternidad? Antes y después son, con el tiempo-espacio, el silencio, la materia, la energía, la indeterminación, etc propiedades del universo. Tal vez el universo sea, me temo, una pequeña bolsa de canicas flotando en el Océano Pacífico… Quizá, como la bolsa insignificante de canicas en el océano, su destino sea terminar hundiéndose en el mar de la eternidad. El silencio es, apenas, el espacio que envuelve las canicas en la pequeña bolsa de marras. El silencio es causado por la ausencia de palabras y, desnudo de éstas, es el portador de la paradoja, el hondo trasfondo o el mismo bajofondo donde chapotean, en el barro sublevado, los renacuajos innombrables e innumerables de la relación finito-infinito de nuestra profunda humanidad en la dialéctica kierkegaardiana. Me siento, a esta altura, incapaz de predecir lo que haga dentro de un instante la palabra, por más que la piense. Es tan creativa y creadora, que no resiste otro fin que el de seguir creando mundos y, aún, creándonos en el mundo para ser-en-el-mundo. Puedo empero predecir el silencio, abismal y abismado: Su monotonía de trasiego, su rutina, su choque imaginario consigo mismo (aún a fuerza de no ser-sí-mismo), hacen que pueda predecirlo emergiendo al final de la firma con la que se cierran estas palabras.
Ezequiel Olivary
BAÑO DE TUMBA
Algunas veces se vacía el tiempo. Algunas veces, la vida misma parece vaciarse de contenido. Somos prisioneros del tiempo por todo lo que dure nuestra biología, pero es una prisión con barrotes de cristal… …sólo que muchas personas jamás se atreven a levantar el martillo contra los barrotes. A veces, la vida, la sociedad, se vuelve un carnaval veneciano, poblado o superpoblado de elegantes máscaras, colores, estruendos… …a veces, hay ruidos que emergen desde la oscuridad de la noche… pero la noche no está fuera… …la noche está dentro de cada uno y explota desde el pecho de cada quién hacia la atmósfera… Estoy convencido de que Cristo no hubiera querido esto… de que Él no murió y resucitó y sigue viviendo entre nosotros, espiritual y materialmente, para ver esto… Creo que Él se horroriza de todas nuestras excusas infames (¿ideologías?) con las que pretendemos maquillar nuestro egoísmo… o lo que es peor… nuestra egolatría…pero al fin de cuentas, o al principio, es Él quien únicamente nos comprende y nos ama de veras… Busco. Buscas. Buscamos. La vida es búsqueda. Hacia la finitud de nuestra mediatez o hacia la infinitud de nuestra inmediatez. Somos ese hilo relacional dialéctico en el que no podemos reparar ni pararnos so pena de locura. Al milagro, el mundo “moderno” (o “modernoso”) lo llama “magia”… Yo me pregunto: ¿Qué opinaría el mismo Giordano Bruno acerca de esta concepción caprichosa y Gnóstica de “su” magia?
Boludos y boludas que creen que con velas de colores pueden torcer el destino…
Boludos y boludas que creen que con índices en los mercados financieros del mundo o con champagne a bordo del crucero son felices… y el tiempo pasa… pasa… y la eternidad no pasa… es eterna… (¿circunloquio?)
Boludos importantes con opiniones importantes…
Boludos boludos con opiniones boludas… de las que nunca llegan a ser felices consortes…
Reinas y reyes de reinos inexistentes (¿Gran Bretaña?…¿Mini-Bretaña?…)
Profetas de Wall Street… clamorosos glamourosos de leninismos decadentes caribeños que prometen guerras y torturas como anticipo de un paraíso sin Dios ni Libertad…
La estúpida reivindicación de Eccleston del nazismo inglés… La más estúpida reivindicación de Mathaus del nazismo alemán…
La más estúpida reivindicación de la Tcheka y los Gulags de Lenin-Stalin y sus personeros siniestros en manos de “perejiles” subdesarrollados que apelan a “salvar ballenas” y se cagan en la libertad y la dignidad de su propio pueblo, de su gente, de la persona humana que hay en cada uno…
Hoy he tenido un baño de Neruda y de Cristo… un baño de memoria… de Don Orione y Eluard… de Miguel Hernández y de cada cristiano muerto en los campos de concentración de los nazis o de los comunistas… …he tenido un baño de rostros de los “republicanos” españoles perseguidos y torturados por la negra mano franquista –oprobiosa “dueña de la vida”- y un baño de monjas violadas por fundamentalistas infames autoproclamados “anarquistas” y de cada compañero “fusilado” por el genocida Isaac Rojas… y hasta del rostro de José Rucci, asesinado por los falsarios que impunemente se creen los dueños del pueblo “de prepo” en nombre de una espantosa idea de su“libertad de quitarle la libertad a los demás”…
“Piedra sobre piedra el hombre ¿dónde estuvo?”
Hoy he tenido un baño de cielo y de infierno… Porque no se llega al cielo sin antes tener un baño de infierno…
Porque nadie tiene garantizado un cielo ni El Cielo…
…porque somos y seremos y seguimos y transcurrimos y nos hacemos y nos derruimos…
Porque no me cago en nadie… lisa y llanamente porque no me cago en mi… y no me cago en mi porque creo que cada persona, empezando por quien firma, tiene una dignidad que Dios le regala y que… ¡Dios le reclama!…
Hoy he tenido un baño de tumba, como aconsejaba mi hermano Pablo, el “pájaro Pablo”…
No es el primero… no sé si será el último (¿Quién, que no sea Dios, conoce el futuro?…)
Me cago, sí, en la falsedad.
Me cago en los imbéciles que se inventan vidas porque no tienen una propia ni tienen cojones para alquilar una…
Me cago en los que negocian la libertad del pueblo…
Me cago en los pueblos que, por pusilanimidad o estupidez o la tara mental que usted quiera, reniegan del libre ejercicio de la democracia, es decir, de su vida misma…
Me cago en los soberbios que no creen en Dios porque se creen ellos mismos dios…
Me cago en los estafadores que prometen paraísos artificiales… en solucionarle a usted el futuro a cambio de unos euros… que siempre van a sus bolsillos ávidos e insaciables… (mientras ellos debieran estar en un siquiátrico o en una cárcel…)
…en los que lucran con el panteísmo y el animismo y el chamanismo y el comunismo… y el “mierdeismo”… simplemente porque no saben qué coños hacer con su propia desesperación… …y en lugar de pensar-sentir (si… si… todo junto…) se dedican a alambicarse en vómitos estúpidos surgidos de la cadavérica y diabólica boca de Simón “el mago”…(y sus más estúpidos a-láteres… ah, cierto… en latín no se acentúa… perdón…)
Hoy estoy tan loco que me miro al espejo del alma y encuentro algunos rastros de salud.
Hoy tengo ganas de perder amigos que no son amigos…
Hoy tengo ganas de llamar a los amigos que son hermanos y creía perdidos…
Hoy resulta que me levanté oveja… y me volví lobo… lo que prueba definitivamente que sólo soy un “león herbívoro”…
…y le muestro los dientes a los boludos y boludas que se creen combativos…
(¿combativos de qué?… de veranear en Punta del Este derrochando los elevadísimos sueldos de funcionarios públicos incompetentes, que les paga el pueblo con sus impuestos, mientras ellos fingen oprobiosa e indignamente su triste papel de “pseudo-revolucionarios de cartulina”…?…)
Hoy me levanté con ganas de mandar a cagar a maestras que no están en condiciones ni siquiera de ser aprendices… …de las cornudas que creen que sus cuernos se reducen dietéticamente burlándose de los demás, que a su vez, con caballerosidad, o femineidad, tratan de mirar a otro lado para no tener que decirles: “ - che, esos cuernos ¿los compraste vos o te los pusieron gratis?”
Mandar a cagar a “médicos” que no sirven ni para ser brujos de la tribu en la selva… porque su única matrícula es de pajilleros… (bueno… o de mimbreros… depende de qué selva estemos hablando… claro…)
Mandar a la mierda a politólogos mediocres que creen que tener una matrícula los “unge” con el óleo de Samuel para ser conductores (y no pueden ni conducir un taxi… en una calesita del Parque Lezama…)
He visto tanto asco que ya no me queda asco por sentir.
He visto tanta santidad que suspiro y pienso cómo carajo voy a hacer yo, con toda esta miseria de mi mismo que soy, con toda esta lacra que soy, para ayudar a alguien a sentirse menos lacra y menos miserable que yo…
Hoy me siento tan humano… que me da náusea (pero no la náusea pelotuda de Sartre…mi náusea será más pueril y popular, pero es una náusea de un ser vivo, no de un boludo encerrado en su infamia de homosexual egocéntrico…)
Hoy siento ganas de cerrar este kiosco (si… con K…)
Hoy sé que no sé… y lo asumo… y lo reivindico…
Hoy sé que no soy Diógenes, pero que como él, no tengo escuela…
…que no soy como Cristo y que me debo a imitarlo en cuanto pueda, aún a sabiendas de que jamás lograré ser digno del óxido de sus clavos…
Hoy me he dado un baño de tumba y me siento resucitado… pero no me resucité yo…
ME RESUCITÓ EL AMOR.
Este pescador de perlas sigue buceando en las profundidades del alma con sus miserias y virtudes… si usted no puede contener el aire, salga a superficie… y que Dios y la patria se lo demanden… de hecho, tiene mis disculpas…
…nadie está obligado a seguirme la locura…
Ezequiel Olivary
DULCE MARÍA LOYNAZ: AMOR ES…
Amor es:
Nota: Mi especial agradecimiento a Laura por compartir esta bellísima poesía recitada con voz dulce y firme, como lo merece la pieza de esta poetisa que acabo de descubrir gracias a este video muy bien logrado En la esquina de siempreUn día de invierno por la tarde, creo, tu ausencia y yo nos encontramos por primera vez. Como sucede casi siempre, el primer encuentro desafía al conocimiento, sin llegar a serlo. Es así que apenas puedo decir que, una tarde de invierno, si mal no recuerdo, sin conocernos, tu ausencia y yo nos encontramos, por esas coincidencias que el destino tiene, en una esquina donde no doblan la calle los devaneos. No recuerdo si la invité a tomar algo o si, apenas, nos miramos y sonreímos. En esas tardes de invierno, mis presencias andaban por la vida agitadas, sin terminar nunca de despabilarse. Recuerdo que me había quedado con una bolsa repleta de orfandad, de besos vestidos en lista de espera para ser desnudados. De tanto en tanto, nos cruzábamos, a horas inciertas, en esa esquina cierta, tu ausencia y yo. Nos mirábamos, y cortésmente nos dedicábamos silencios apenas disimulados detrás de un vestido de palabras breves, como siempre insomnes de todo sueño diccionario. En la primavera que le siguió, un bullicio de pájaros y autos me atiborraba de terceras personas, plurales o singulares; de soles apretujados entre bemoles a bordo del omnibus. Hubo tardes en las que la primavera me demoró entre los colores y, así, llegaba tarde al encuentro con tu ausencia. Cuando ella llegaba tarde, siempre se las arreglaba para dejarme una nota perfumada, escondida y apretujada entre la corteza semi-abierta de un fresno próximo a la esquina. Un día, despuntando casi el verano, comencé a reparar en la delicada forma de irse que tu ausencia tenía; una despedida sin despedirse, un hasta luego que era siempre próxima cita. Recuerdo el movimiento suave de caderas, con garbo, con ese barniz de elegancia femenina que escribe en el aire su figura y la vuelve cuerpo grabado sobre piedras de éter, indeleble marca de su paso. Me preguntaba entonces, a dónde iría tu ausencia sin mí, luego de encontrarnos como por descuido siempre en la misma esquina. A dónde llevaría esos instantes plácidos, esas miradas inocentes, claras y paradójicamente pícaras. Luego, cuando el verano se disolvió en el mar furioso del viento calendario, tu ausencia y yo nos encontramos. Este encuentro empero, sonó a re-encuentro; supo a primer conocimiento o al reconocimiento de miradas en los ojos que ven el rostro que tanto tiempo los dedos dibujaron en el aire. Reímos. A los dos nos gusta reír, sin prisa y sin pretensiones. Ese día, no recuerdo bien cuándo, tu ausencia con su silencio me invitó a caminar calle abajo. Creo nunca haber escuchado tantos violines en esa calle como cuando tu ausencia y yo la caminamos por primera vez juntos. Toda una curiosidad el redescubrir los cotidianos malvones en los usuales balcones de viejas rejas labradas. Luego tu ausencia, divertida, acarició con palabras el aire, como si de un conjuro se tratara y comenzaron a hilvanarse melodías de terciopelo, al mediodía, con aroma de madrugada y color de luna joviana. Había tal mansedumbre en ese bordado de brisa, que mis oídos comenzaron a crecer hasta abarcarme todo el cuerpo; así, en esa caricia sonora y mullida, mis poros desarrollaron capacidades acústicas desconocidas. Cada onda se deslizaba por el alfeizar de la piel, dedos finos tañendo un arpa. Tu ausencia y yo remontamos calle y barriletes. Remontamos vuelos, con sus remolinos y desvelos. Mis manos se volvieron cuaderno para el trazo de innumerables letras y palabras y acentos, que la mano firme y blanda de tu ausencia fue escribiendo desde el momento en que, casi sin quererlo, tomó mi mano por los dedos, para llamarme la atenc ión sobre un viejo que cruzaba a mitad de manzana la calle. Siempre las medias manzanas, como las medias naranjas, son un blanco para el dardo de la atención, o para ciertas saetas que vienen viajando desde lejanos tiempos de paraísos perdidos, en la historia o en la memoria. O en la piel. Algunas veces, tu ausencia y yo nos encontramos en la esquina de siempre y, simplemente, no decimos nada; nos quedamos abrazando el silencio, abrasándonos sin crepitar, sin humos ni vapores, al calor del sol que, a esta altura, ya no sabemos, tu ausencia y yo, si brilla desde afuera o ilumina desde adentro. Ambos vamos descubriendo sabores nuevos en el vino, aromas escondidos entre los pliegues de la mañana; colores que parecieran desvanecerse en la tarde y sonidos que se desmayan en la lentitud del ocaso. Algunas veces la calle se vuelve pradera verde y la transitamos en la plenitud de alfalfares y colmenares dispersos. Otras, es una playa de arena mojada, donde las olas mueren y resucitan el fantasma de sus cadáveres líquidos, que el dedo de Neptuno se lleva a la rastra a los dormitorios abisales del agua. Hay cerros azules que nos salen al paso, cantando con voz de ventolina una melodía atávica de tierra recién nacida y berreando pueritia de volcanes. Nunca le diré a tu ausencia que en este presente, es presencia. Sucede que las ausencias son susceptibles alas de mariposa, cuyos colores guardan la secreta advertencia: No me toques, podría desvanecerme. Es así como los torpes dedos de mis palabras evitan contactar la tentación de colores para no quitarle libertad a las alas. ¿Qué clase de distraído filisteo querría una mariposa enjaulada? Por eso es que no le cuento a tu ausencia, cuando nos encontramos, acerca de su presencia en este presente y en este continente. Me tiendo al sol y espero a que la mariposa, libremente, pliegue por u instante las alas y se pose sobre la piel de mi sueño, mansa, libre y divertida. Mucho me temo que tu ausencia esté haciendo, en este juego, trampas: Quizá se haya dado cuenta hace bastante tiempo de toda la materialidad sutil de su presencia, y guarda en su silencio, con la complicidad del sol, una sonrisa de reconocimiento, una mirada de re-encuentro, un tacto tibio y juvenil para mis palmas, una melodía arrebujada en las partituras escritas en el alma. Un día, como este, como cualquiera, tu ausencia y yo salimos, como niños, a tramar futuros sin nombrarlos; a entretejer alfombras de mañana sin mencionarlo. El abrazo del silencio posee ese lenguaje único que impide que se astillen los cristales de la magia y son capaces de solidificar un puente en el océano inmenso para unir, invisible, el palpitar de las almas en un idioma universal que ha resistido cuanta Babel le abrió sus oídos y le prestó sus letras. Entre ser y estar, tu ausencia y yo estamos siendo; un conjunto de algarabías como canicas que salen de una bolsa que por el aire va cayendo. Mientras caminamos, tu ausencia de dice cosas al oído. Ya sabes… la discreción es mi segunda religión y nada de eso puedo contarte. Sólo decirte que tu ausencia es verano que retiene la lluvia y provoca sed en la piel. Una sed que no calma ninguna ausencia y que clama al amanecer renovado, el rocío de caricias como bendición líquida y sobrehumana. Hay ausencias, como la tuya, que son sembradoras y semillas a un tiempo. Se hunden en la profundidad del barro del propio ser, lentamente, sin prisas, hasta quedarse a vivir dentro, mientras germina la presencia en un concierto de sentimientos a flor de piel, deshojando alegrías y miradas, entre el aroma del café por la mañana y el guiño cómplice de las estrellas convertidas en sábanas. Un día de invierno por la tarde, creo, tu ausencia y yo nos encontramos por primera vez. Desde ese momento la soledad se ha mudado al diccionario, a dormir su sueño perdida entre las páginas y los vocablos. Desde ese momento ya no habito solo los rincones de la tarde. Desde ese momento, sin decir nada, cada día, voy a su encuentro en la misma esquina, para que me bese los labios su sombra de plata y me invite a caminar, calle abajo, por una senda que, sólo Dios sabe, desde el nacimiento del tiempo nos esperaba. Se ha dormido el mediodía hasta mañana. Es la hora de vestirme la piel y desnudarme el alma para salir al encuentro de tu ausencia, en la esquina de siempre…
Ezequiel Olivary EL 29 DE ABRIL
Recomiendo leer este texto disfrutando de “Carmina Burana” en la dirección de Carl Orff
El 29 de abril olvidé dejar un recordatorio, un saludo especial, una mención. No sé si se trata de un olvido más, de una finta de la memoria o si, más simplemente, me guardaba para saludar con tiempo. Lo cierto es que el 29 de abril olvidé mencionar algo. Olvidé saludar al animal. A ese animal que sobrevive siguiendo a veces las reglas y, otras, desconociéndolas. Ése que puebla el mundo de un arco iris de sonidos, hermosos o espantosos; animal del bullicio o la calma. Animal diurno y febril, animal nocturno y sigiloso. Olvidé saludar al animal, que todavía sigue evolucionando en medio de la creación y como parte de la obra del Creador. Animal que es obra de arte, que se hace arte, que fue pensado y creado como una obra de arte. Animal de complejidades endócrinas y furias exógenas. Animal de ADN silencioso y cambiante en el tráfago de los crones; de aliento vital infundado por el toque de la Divinidad. Animal milagro en un cosmos inmenso y mecánico. Animal rodeado de cosas y superador de las cosas. Ser animado con ánima en un universo en movimiento ciego. Olvidé saludar, rememorar, conmemorar, mencionar, decir, al animal.
Ser capaz de producir tanta ternura como espanto. Animal que deja huellas hasta cuando duerme. Animal que sueña aunque no lo manifieste. Variable y variado, feroz e indefenso. Como el universo mismo, paradójico. El 29 de abril cometí el imperdonable error de olvidarme saludar al animal… humano.
SER HUMANO
No tengo modo, ni manera, de soportarme tan ser-humano. Miro alrededor y todo pareciera ser un gran error de la naturaleza. Nos pasamos la vida jugando a un carnaval con un ruidoso corso sonándonos por dentro sin que nos deje escuchar. Lastimamos sin escucharnos. Nos lastimamos sin escucharlos, sin verlos, sin reconocerlos, a esos… a los otros. Nos miramos al espejo saludando a un extraño cotidianamente familiar, sin vernos a nosotros…
No tengo modo, ni manera, de soportarme tan ser-humano… Excepto cuando te miro a los ojos.
(Buenos Aires, un día de Abril de 2003)
Ezequiel Olivary DESIDERATAAnónimo – Recitado: Omar Cerasuolo SAN AGUSTÍN: SI ME AMAS
Un texto único, por su valor, profundidad y presencia, como su autor. Y una voz, la de Omar Cerasuolo, un muy talentoso locutor cordobés, que hace que uno tenga la extraña sensación de que San Agustín escribió esta delicia, pensando en la voz de Omar, más de quince siglos después… Disfrútenlo con el mismo placer que a mi me produce. Yo, me quedo, en medio de este tráfago enloquecido de viernes, pensando-sintiendo las palabras de San Agustín… SAN JORGE DE CAPADOCIA, MÁRTIR
Nota: Mi agradecimiento a www.corazones.org fuente del texto precedente, así como de la fotografía de la imagen de San Jorge en el Monasterio de Monserrat (Bcn) España.
En el día de hoy, dispuesto especialmente para la veneración y recuerdo de San Jorge de Capadocia, mártir, quiero aprovechar para extender mi saludo fraterno a todos los Jorge y hacer énfasis en el ejemplo de San Jorge, de valentía y de firmeza en la fe y en la esperanza de la salvación, inquebrantables, en la vivencia de la caridad auténtica. ME PREGUNTO… (Mirar y ver) – Con ayuda extra de Merleau-Ponty“Mi amigo Pablo y yo nos señalamos con el dedo ciertos detalles del paisaje, y el dedo de Pablo, que me indica el campanario, no es un dedo-para-mí, que yo pienso como orientado a un campanario-para-mí, es el dedo de Pablo que me indica el campanario que Pablo ve, como recíprocamente, al hacer un gesto hacia un punto del paisaje que yo veo, no me parece que yo desencadene en Pablo, en virtud de una armonía preestablecida, unas visiones solamente análogas a las mías: por el contrario, me parece que mis gestos invaden el mundo de Pablo y guían su mirada. Cuando pienso en Pablo, no pienso en un flujo de sensaciones privadas, en relaciones mediatas con el mío gracias a unos signos interpuestos, sino en alguien que vive el mismo mundo que yo, la misma historia que yo, y con quien comunico por medio de este mundo y por medio de esta historia. ¿Diremos, luego, que se trata de una unidad ideal, que mi mundo es el mismo que el de Pablo […] y que, en fin, mi idealidad del mundo asegura su valor intersubjetivo? […] en vano me digo al considerar estas pendientes chamuscadas, que los griegos las vieron también; no consigo convencerme de que sean las mismas. Por el contrario, Pablo y yo vemos “juntamente” el paisaje, estamos co-presentes al mismo, es el mismo para los dos, no sólo como significación inteligible, sino como un cierto acento del estilo mundial, e incluso en su acceidad. La unidad del mundo se degrada y desmorona con la distancia temporal y espacial que la unidad ideal atraviesa (en principio) sin mengua alguna. Es justamente porque el paisaje me afecta y concierne, porque me toca en mi ser más singular, porque es mi visión del paisaje, que tengo el paisaje y que lo tengo como paisaje para Pablo lo mismo que para mi. La universalidad y el mundo se encuentran en el corazón de la individualidad y del sujeto. Esto no se comprenderá jamás mientras se haga del mundo un objeto, un ob-jectum. Pero se comprenderá enseguida si el mundo es un campo de nuestra experiencia, y si no somos más que una visión del mundo, puesto que entonces la vibración más secreta de nuestro ser psicofísico anuncia ya al mundo, la cualidad es el esbozo de una cosa y la cosa el esbozo del mundo. […] Soy un campo, soy una experiencia. Un día, y de una vez por todas, algo se puso en marcha que, ni siquiera durante el sueño, puede ya dejar de ver o no ver, de sentir o no sentir, de sufrir o ser feliz, de pensar o descansar, en una palabra de “explicarse” con el mundo.”
Maurice Merleau-Ponty
ME PREGUNTO… ¿Cómo es que ahora se ponen a existir las cascadas de cristal como agua frente a mis ojos?
¿De dónde aparecen estas plumas que envuelven los colores brillantes que irradia el vuelo del colibrí?
¿De dónde salen estos pequeños cuerpos depositados sobre el papel y portan la voz de mi mente?
Universo como pregunta soy una coma, un acento, en toda la letra de tu incógnita.
Universo por fuera, universo por dentro; soy tan sólo pregunta que pregunta sin saber dónde la respuesta.
Sangrías de plasma inalcanzables, desangrar de pensamientos lúdicos e impalpables que a cada instante sean, quizá, nuestro propio nacimiento.
Y me pregunto…
¿Qué es este sonido de estrellas, qué es este ruido de silencio, qué es esta miga de cosmos perdida en un rincón redondeado de una galaxia marginal y danzante?
¿Qué es este sonido de lluvia que no cesa, sonido de nube?
Y me pregunto…
¿Qué este este sonido de colores, esta sinfonía de imágenes, yuxtaposición de horas de vida, experiencia que difumina la memoria y la convierte en acorde, onda elástica que no mueve el aire, futuropresente, como omnisentiente en un cristal salino, en la arena?
Y me pregunto…
¿Verá el mundo lo que ven tus ojos cuando miran?
Me sumerjo en el río de mi vida a escuchar el ruidoso silencio que hace el universo y baila en la noche o en el día, sólo para nuestros ojos a cambio de que le prestemos a su fría piel mecánica un poco de nuestra mirada, un poco de nuestra vida.
Yo soy sólo un grumete en el velero incierto del mundo, que mientras vive se pregunta por la vida sin más respuestas que ver las miradas y escuchar encantado las sinfonías del silencio.
Ezequiel Olivary
NO COMENTS…
La pintura que daba lucido celestial a la entrada “Lágrima de atardecer” ha sido removida, debido a una intimación de MSN - SRX1099936487ID - del día de la fecha, que recién acabo de ver en mi bandeja del correo. Esto NO obedece a un caso de censura... Esto se debe a una denuncia anónima y malintencionada de persona/s ignorantes y prejuiciosas que, desgraciadamente nada entienden del arte, la poesía… ni la vida. Simplemente, expresar mi pena porque haya personas en la vida que confunden gordura con hinchazón, o que cegados de malicia e imbecilidad desperdician su tiempo vital en este tipo de artimañas ridículas. En fin... Son los riesgos que uno corre por amar y honrar la vida, en la multiplicidad y diversidad de sus expresiones... Asumí ese riesgo hace muchos años... muchos... y lo asumí por amor a la vida. Es una bandera pintada con los mismos colores del cielo y la espuma del mar… la bandera de la verdadera libertad. Y no la voy a arriar.
Los fundamentalistas de la idiotez, el egoísmo y los mediocres… ya tienen mucho espacio en la “TV-basura” y en la “prensa amarilla”… ¿para qué hacerles mención?… Dios se apiade de ell@s. Me siento indignado de tener que quitar esta preciosura entre muchas, producto del inagotable e inmortal genio de Salvador Dalí, de su pasión por la vida, de su profundo y particular amor a Dios y a la creación. Pero soy respetuoso de las normas y, mal que me pese, debo quitarla… ¡Que viva Dalí y todo aquel que ama la vida!
Ezequiel Olivary ABORTO: LA VIDA Y LA LIBERTAD
Hace ya más de un mes que mi tiempo de navegación por los spaces se ha reducido a la mínima expresión, básicamente por cuestiones profesionales que, como les he contado a varios de los amigos de esta casa, me restan una enorme cantidad de tiempo que, hasta no hace mucho, le dedicaba al espacio. Hoy, luego de retornar de una reunión con amigos, decidí dar unas vueltecitas, aprovechando la serenidad de la madrugada y algo de insomnio prematuro (estamos a marzo…), por los espacios, revisar el correo (que bastante atrasado tengo) y de ser posible dejar algún comentario, algún saludo… Pues bien, poco y nada de eso pude hacer. ¿Por qué? El tercer o cuarto espacio amigo al que entré a visitar, fue el de mi querido Francisco, un varón que goza de mi mayor simpatía y admiración. Me pasmó leer su entrada acerca del aborto, con motivo de los acontecimientos del domingo en España. Demás está decir que coincido plenamente con la postura y los dichos de Francisco y que adhiero sin reservas ni reparos a todo movimiento a favor de la vida, haciendo el correcto uso de la libertad y la dignidad humana, y en contra de la cultura de la muerte y todo este aberrante capricho perverso mediante el cual se pretende justificar un oprobioso laissez faire al que apelan los ególatras y los minusválidos morales cuando hablan de “su” tergiversada “libertad”. No me causó el menor estupor leer el artículo ni ver las dos fotos allí subidas amablemente por Francisco: Quienes hemos seguido de cerca la “cuestión aborto” desde el compromiso personal, ideológico y espiritual, desde el compromiso con la defensa de la vida y la dignidad de la persona humana, hemos visto centenares si no millares de fotos como esas que, debo decir, son las “más suaves” del género (y sabemos cuán espantosas son las “menos suaves”…). Lo que me causó estupor, primero, e indignación, luego, fue leer comentarios de mujeres haciendo una encendida defensa del “derecho de abortar” indiscriminadamente (una de ellas llegó a pedir que censuren las fotos los “amigos” de msn… ¡caramba!… Hay que soportar centenares de blogs haciendo propaganda política con las fotos de cadáveres destrozados en Palestina e Irak -que dicho sea de paso, son testimonio de la inhumanidad egoísta y genocida de quienes aprovechándose del poder destrozan vidas indefensas… vaya “casualidad” ¿no?…- y si a alguno se le ocurre pedir que quiten esas fotos… ¡madre mía!!… le tiran con la estatua de Lenin por la cabeza… democráticamente, claro… pero resulta que “debe censurarse” a quien se expresa mostrando imágenes semejantes a las dichas con el mismo fin: Denunciar la injusticia y evidenciar el salvajismo y la inhumanidad ejercida contra los más débiles y los indefensos… ¡y un feto humano vaya que lo es!!…). Así fue que, si algo de sueño me había entrado, pues… se lo cargó mi indignación. Y aquí estoy, sentado al teclado para decir. Para expresarme. Para ejercer la verdadera libertad, que se compromete siempre con la vida, con la dignidad de la persona. Para expresarme. Expresarnos libremente (pero no arbitrariamente ni caprichosamente) es uno de los derechos fundamentales consagrado por la Carta de Declaración Universal de los Derechos Humanos y la gran mayoría de las democracias en occidente (que funcionarán mal… pero son democracias… Yo prefiero millones de veces una deficiente democracia antes que una “perfecta” dictadura… Para un caso, es lo mismo Stalin que Hitler, Mussolini que Castro, Franco que Chávez, Videla que Ortega, Pinochet que Lenin y siguen firmas de los “perfectos” salvajes que se han creído los dueños del mundo y sus rastreros secuaces). Pero para expresarnos libremente, debemos estar vivos. Ese es el primordial derecho –erga omnes- que tenemos todos los seres humanos. Y para ejercer el derecho principal y su derecho accesorio (Vida – Libertad)… ¡¡DEBEMOS HABER NACIDO!! Si se amenaza el derecho de nacer, se amenaza el derecho de vivir. A menos que el capricho irracional reemplace a la lógica, a la ciencia, al pensamiento… Una cosa es que seamos primates en la taxonomía y la filogenia… otra muy distinta es que nos comportemos como si fuéramos algo más brutal que un chimpancé (con perdón de nuestros “parientes” lejanos). Llegamos a un punto, en esta apresurada entrada de blog, en el que es indisimulable la referencia al derecho. Veamos. Todos los códigos penales en el mundo, toda la ley penal en cualquier sociedad civilizada (y el 99,99 % de las sociedades humanas conocidas lo son desde hace ya más de 8.000 años), CONDENAN el HOMICIDIO. En muchos casos –inútil y contradictoriamente- mediante la infame “pena de muerte”, que no es otra cosa que el ejercicio injustificable y vergonzante de la “ley del talión”. Si hay venganza, no hay justicia. Si hay justicia, desaparece la venganza. No podemos terminar con el canibalismo… ¡comiéndonos al Doctor Lecter…!! Las legislaciones penales más modernas, acordes con el desarrollo y la evolución cultural y espiritual de las naciones, hay reemplazado racional –y muy justamente- la “pena de muerte” o la “ley del talión” por condenas de prisión para aquellos responsables del delito de homicidio. En la mayoría de las legislaciones penales del mundo, uno de los principales tipos o taxones entre toda la sistemática delictiva, es el homicidio. Es, quizá, aquel delito al que más importancia se le da en cuanto a su persecución, juzgamiento y condena. El carácter infame e irreparable, además de inhumano, del delito de homicidio hace que ninguna legislación pueda minimizarlo ni soslayarlo, justamente porque si algo debe hacer la ley es proteger a la sociedad, ordenarla, regular sanamente la convivencia entre personas, y FUNDAMENTALMENTE toda la ley penal debe TUTELAR y RESGUARDAR los principales derechos de las personas, es decir, LOS DERECHOS HUMANOS. ¿Qué es el homicidio? El Código Penal Argentino –para mi gusto y entendimiento, uno de los más correctos y modernos, aunque lamentablemente en mi país se aplique menos que las “ventosas” de las épocas de mi abuelita para curar la indigestión…- dice taxativamente en el artículo 79, dedicado concretamente al homicidio simple (la primera de las muchas figuras típicas del homicidio): “Aquel que matare a otro, de 8 a 25 años de prisión”. No se refiere a matar una vaca. Tampoco se refiere a matar moscas ni iguanas. Se refiere a matar a otro ser humano. Por lo tanto, no es homicidio que un gorila mate a una persona. Ni una persona a un gorila o una mosca. El gorila es una bestia y carece de elaboración racional de la realidad (y menos de la realización) mediante el uso de la conciencia. No es libre en sus actos, ya que está sujeto a los impulsos “emocionales” (un rango muy básico de la evolución sicológica en los mamíferos) irracionales a los que no puede dominar a voluntad, ya que, por carecer de un estadio evolutivo mayor en lo orgánico-mental, su primitiva y elemental “forma de conciencia emocional” no permite una voluntad autónoma como en el ser humano (Homo Sapiens… 130.000 añitos de evolución Psico-Socio-Cultural… si es que la ciencia no dice “macanas”… ¿cierto?). ¿Qué decir de otras formas de vida más “primitivas” (¿?) o más bajas en la filogenia respecto de la evolución humana, como pueden ser, digamos… las sanguijuelas de los pantanos… Recuerdo muy bien el ejemplo que nos explicaba el Dr. Eugenio Zaffaroni (Notabilísimo jurista argentino del ámbito penal, actualmente Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y uno de los más férreos luchadores en contra de los abusos policiales, incansable defensor a ultranza de los derechos humanos y del derecho a la debida defensa en juicio de los acusados de cometer delitos, es decir… un jurista que no puede ser acusado de “Fascista”… “Facha”… “Facho”… o como quieran los caprichosos de turno…) a todos los que estudiábamos a finales de los ochentas el derecho penal. En su ejemplo, tratando de mostrarnos las aberraciones de no tener en cuenta a la conciencia como factor elemental de la voluntad, que mueve a un acto sano tanto como a cometer un delito, el Dr. Zaffaroni nos contaba el caso de la "condena a las sanguijuelas del Sena” por parte de un tribunal parisino durante finales del medioevo, por haber provocado la muerte a una persona, y la posterior “excomunión” de dichos animalitos… A nosotros nos causaba mucha risa, por lo ridículo que nos resultaba el caso. Es un ejemplo extremo de lo dañina e inútil que puede ser la aplicación del derecho sin tener en cuenta la conciencia ni la voluntad. Y claro está, a los partícipes (el derecho siempre se refiere al menos a un sujeto, condición reservada solamente para los seres humanos…) Todo código penal legisla, principalmente, sobre delitos cometidos contra personas humanas (claro, también sobre delitos de personas jurídicas, sobre delitos contra la propiedad de animales, como el abigeato, etc, etc… pero no viene a cuento aquí). ¿Por qué me extiendo es dar esta breve explicación preliminar y esta pequeña anécdota estudiantil? Porque hablamos de homicidio cuando un hombre mata a otro. Un embrión humano, creciendo dentro del vientre materno, es un ser humano. Matar a un embrión, o matar a un feto, es matar a un ser humano. Ninguna mujer incuba en su seno huevos de serpiente, ni de cocodrilos, ni de gaviotas. Ninguna mujer desarrolla en su seno embriones de rinoceronte, ni de elefante, ni de ballena franca. Primero y principal, porque biológicamente es IMPOSIBLE. Luego, si no puede desarrollar ningún otro embrión ni feto de ninguna otra especie, excepto Homo Sapiens (nosotros, que parece que de Sapiens tenemos cada vez menos…), lo único que puede desarrollar es un embrión y un feto HUMANO exclusivamente. Podrá darle de mamar a un chimpancé “bebé”… pero está imposibilitada (no por la ley, sino por la naturaleza biológica de las especies… ¡y que vayan a discutírselo a Darwin!… je…) de engendrar ni desarrollar ni parir a ningún otro animal que no sea de la especie Homo Sapiens (es decir, humanos… hasta ahora nosotros… creo…). Creo que hay algo llamado principio de exclusión en lógica que permite sustentar este razonamiento (Además del comportamiento de la naturaleza biológica entre los animales desde hace más de 300 millones de años, claro… ¿no?) Por otro lado –el derecho se maneja mucho con la lógica- hay algo conocido como principio de identidad. Según este principio algo no puede ser igual a ningún otro algo si no es a sí mismo. Y una cosa no puede ser otra cosa distinta de sí mismo. Por lo tanto, si una mujer engendra vida y la lleva en su seno, al engendrarla con un macho humano, al entrar en contacto los agentes genéticos de uno y otros miembros de la misma especie, no podemos esperar que desarrolle dentro un embrión de hipopótamo o de perro pequinés… El embrión, será humano. El feto también. Y lo será el niño al que la mujer de a luz. Claro: No sólo lo dice la lógica. Lo confirma con bombos y clarinetes la ciencia (Desde la Antropología hasta la ultimísima genética). PEQUEÑO DETALLE. Por lo tanto, y ya para ir redondeando el asunto y calmar con un té suave la indignación que siento, si alguien (todo “alguien” es persona humana y toda persona humana es “alguien”) mata a un embrión humano o un feto humano, mata a una persona humana. Es decir, comete homicidio. El homicidio no requiere ni del consentimiento ni de la voluntad de la víctima. De hecho, aunque la víctima pidiera que se le matase, el autor es homicida (otro debate… la eutanasia… ¡ay… mamita… cuánto ocio hay en nuestra sociedad que hemos decidido suicidarnos masivamente con todas estas aberraciones inhumanas, aparentemente modernosas y filosofosas y cientificiosas…!… ¿Por qué no irán a laburar al campo?… Habría dicho mi abuelo). Esto nos lleva a otra cuestión, aparentemente menor, pero muy mayor, que es el accesorio del acto. Es decir, el agravante. En el homicidio simple, un hombre mata a otro. Tal vez, de un golpe en la nuca. Tal vez de una cuchillada en el abdomen. Tal vez de un balazo en el corazón. Pero cuando quien mata al otro es alguien que obra traicionando la confianza del otro, digamos, por un lazo sanguíneo, familiar, esto indica un factor adicional llamado “agravante” por el vínculo. Ningún hijo espera recibir la muerte de manos de su padre o madre y viceversa. Una esposa no espera recibir la muerte de parte de su esposo y viceversa. Naturalmente entre los seres humanos (y la enorme mayoría de los mamíferos superiores) los progenitores protegen, alimentan, entrenan, cuidan a sus crías. Recibir la muerte de parte del progenitor es antinatural e inesperado para la víctima que confía en la protección de éste para con ella. Instintivamente huímos del peligro como una forma de protegernos, de poner a resguardo nuestra vida con la única ambición inmediata de… ¡seguir viviendo! (que es lo que busca todo organismo biológico: En lo posible, no ser muerto, ni ser comido por otro…). Si no conseguimos huir, intentamos defendernos. Defendernos significa que debemos NEUTRALIZAR el ataque del victimario en ciernes. En ocasiones extremas, sólo se puede neutralizar matándole antes de que mate a la víctima. Eso se denomina “defensa propia” y no está penado por las leyes, ya que se legitima el derecho de la potencial víctima a repeler el ataque inminente, inmediato y en curso, de modo que, si de esa acción de repeler, de intentar neutralizar el peligro contra la propia integridad física y la propia vida, deviene la muerte del agresor, se evidencia que la víctima no tenía la intención, la voluntad, el fin de “matar al otro”, sino solo de repelerlo tan eficazmente como pudiera para salvarse de morir y que fue el victimario quien puso en marcha los mecanismos de defensa de la víctima, gracias a su agresión que SI llevaba como fin matar (el victimario a la víctima). La víctima de un intento de homicidio no deja nunca de ser víctima, por más que el intento hubiera fracasado o que el victimario u homicida hubiera sido neutralizado, por la misma víctima o por otra persona que intervenga en auxilio de la vida y la integridad de la víctima ante un mal inminente y efectivo. En resumen: Ante una agresión de otra persona, con peligro inminente para nuestra vida, PODEMOS HUIR… PODEMOS DEFENDERNOS… PODEMOS EVITAR NUESTRA MUERTE… PODEMOS REPELER O NEUTRALIZAR LA AGRESIÓN. Es decir, no estamos indefensos, en principio. Los adultos contamos con más posibilidades de defensa, escape o neutralización que los niños, pero aún así, estos últimos también tienen posibilidades –muy menores- de escape o defensa contra el ataque mortal. UN EMBRIÓN O UN FETO HUMANOS ESTÁN ABSOLUTAMENTE INDEFENSOS FRENTE A UNA AGRESIÓN HOMICIDA, EXTERIOR (intrusión de objetos punzantes o cortantes, por ejemplo) O INTERIOR (Aplicación de sustancias que actúan dentro de la placenta y producen al cabo de un tiempo la muerte de la criatura en gestación, por ejemplo). Esa indefensión absoluta no los hace débiles… simplemente los tiene inhabilitados para cualquier clase de defensa o de escape. Ante la agresión el feto o el embrión, literalmente, realmente, no tienen escapatoria. No son débiles, como los niños en desarrollo, sino que están y son INDEFENSOS. En el último de los casos, cualquier niño o adulto, frente a un ataque mortal tiene la chance –en principio y en general- de gritar o procurarse cualquier tipo de sonido de alerta, para que un tercero vaya en su auxilio y evite que el victimario le mate. Ni el feto ni el embrión humanos pueden hacer eso mismo. Son víctimas mudas, ciegas y sordas. Víctimas indefensas. Y esto conlleva un Doble agravamiento en la conducta criminal: a) Agravado por el vínculo (madre-hijo) b) Agravado por indefensión absoluta, esto es, imposibilidad total de defenderse permanentemente en la circunstancia en la que la víctima se encuentra. Pero hay algo más… PREMEDITACIÓN y ALEVOSÍA. Estos dos elementos son muy duramente penados en la legislación. ¿Por qué? Una cosa es desear la muerte del otro… pensar y pergeñar los mecanismos para producirle la muerte… pero… en el momento de hacerlo, la conciencia del potencial victimario dice “NO… voy a convertirme en homicida… mejor me quito estas estupideces de la cabeza…”… y en lugar de matarlo, como deseaba, se aleja de la potencial víctima sin dañarla. Desear NO ES querer. Querer implica poner todos los mecanismos de la voluntad en marcha hacia un fin, que es “lo-querido”. Y la voluntad guía concientemente a la acción humana hacia tal “fin querido”. Ya sea construir un puente, enseñar matemática, curar a un enfermo… o matar a otro. Yo siempre desee construir un puente. Pero no puedo. No soy ingeniero, no tengo una empresa constructora… así es que, por más que me pare a la orilla del río, sólo veré el trazo de mi imaginación dibujarse en el aire para mi mente, mientras el resto de la humanidad jamás verá un puente construido por mi en ese momento allí. También deseaba, esta noche pasada, con mis amigos, compartir una copa de vino, pero no quise hacerlo porque no me gusta el vino de la marca que ellos tenían en la mesa, así es que me conformé con beber un zumo de naranjas (que estaba bastante rico). Desear NO es querer. Cuando alguien quiere una conducta homicida, porque su fin es matar al otro, y además se pone a planearlo con detalles y con la suficiente anticipación y, en lugar de arrepentirse del fin “matar a fulano”, se obstina en conseguir ese fin planeándolo todo para que el intento homicida no falle, sino que sea efectivo y logre la satisfacción de su querer perverso e ilegal, tal como “matar a fulano”, se dice (muy resumidamente en este texto que escribo) que el victimario, el homicida está obrando con PREMEDITACIÓN. En un aborto inducido, en la mayoría de los casos, es evidente e inevitable la premeditación. Y esto agrava aún más el delito de homicidio. Claro es que la obstinación, digámoslo, tiene que ver con una percepción adecuada de la realidad consciente, es decir, la madre quiere quitarse a su hijo en gestación; si pensara ella que quiere quitarse un casco de guerra que perteneció a Julio César en la campaña de las Galias y que se tragó en un coctail con los Gnomos del bosque… bueno… tendríamos un caso que lo haría objeto de interdicción por alteración de las facultades mentales al nivel de una patología siquiátrica… es decir… sería inimputable en ese caso excepcional… Pero además, existe alevosía. La alevosía tiene que ver con el refinamiento de los métodos seleccionados para cometer el homicidio y, no casualmente, en el factor obstinación. Y para ello el homicida se encuentra lúcido y gozando de una percepción adecuada de la realidad, es decir, es poseedor de “voluntad libre” (no sometida por ninguna patología siquiátrica). La persona del homicida no sólo está convencido de querer la muerte del otro, procurarse los medios, pergeñar un plan, seguir cierto comportamiento más o menos metódico, si no que también, prefigurándose mentalmente ocasionarle la muerte al otro, selecciona los medios “infalibles” para provocársela y, en su obstinación, nada le importa el sufrimiento del otro, sino que es ese mismo sufrimiento lo que persigue para extinguir su vida cuando selecciona los mecanismos y los instrumentos más letales que le GARANTICEN AL VICTIMARIO LA MUERTE DE LA VÍCTIMA. ¿No fue esto lo que hicieron los dos homicidas que mataron a aquella niña española hace apenas dos meses? ¿No salieron todos, en todos lados a decir “TODOS SOMOS FULANA”? ¿No ocurre –CORRECTÍSIMAMENTE- esto mismo cuanto la sociedad se enfrenta a otro crimen aberrante, a otro caso más de violencia de género? Pero YO NO LOGRO LEER DE ESAS MISMAS PERSONAS UN SÓLO CARTEL DICIENDO “TODOS SOMOS EL FETO QUE “FULANA DE TAL” ASESINÓ EN UNA CLÍNICA…” ¿O es que el aborto no es una forma de violencia? ¿O es que no resulta una forma de homicidio? ¿Cómo puede una mujer defender las prácticas homicidas en contra de… UN FETO INDEFENSO? NO LO COMPRENDO, NI LO COMPRENDERÉ JAMÁS MIENTRAS VIVA. Pues bien, El aborto es un homicidio que tiene –por lo general y sin ir a casos excepcionales que confirman la regla- una culpable primera, directa y fundamental: LA MADRE Y tiene una víctima ABSOLUTAMENTE INDEFENSA: El embrión o el feto, es decir, el SER HUMANO EN GESTACIÓN. La homicida obra concientemente, lúcidamente, queriendo matar. Obra para matar a SU HIJO. Para matar a su hijo ABSOLUTAMENTE INDEFENSO. Lo hace pensándolo y meditándolo con tiempo suficiente, evaluando que quiere quitárselo… “molesta”… (Las víctimas siempre son una molestia para los victimarios… si no, pregúntenle a Hitler o a Mengele, por ejemplo). Se obstina en el fin querido: No será “feliz”, no tendrá paz ni alivio hasta que no se lo quite… y sólo puede quitárselo (antes del parto) matándolo. Elige los medios: Y en esto de elegir los medios más sofisticados y EFICACES tiene CÓMPLECES DE LUJO. LOS MÉDICOS. Todo aquel que facilita, auxilia o apoya efectivamente a quien va a cometer un homicidio, antes o durante del mismo, es CÓMPLICE. Pero no es el MEDICO un cómplice simple… NO… El médico es idóneo y profesional en el arte o profesión de curar personas y salvar vidas amenazadas por las enfermedades o las heridas accidentales. El médico no se forma para matar, sino para curar. El médico no se forma ni adquiere todo el enorme caudal de conocimiento de la medicina, ni tiene a disposición los mejores elementos de su arte, profesión u oficio, para matar a otro, sino para salvar a otro de la muerte. Cuando un médico auxilia a un homicida en la práctica del aborto, no lo hace mediante amenazas de ningún tipo, sino que lo hace COMO NEGOCIO. Y es un negocio penado por la ley: SICARIO. Todo sicario, sea o no mercenario, realiza un negocio ilícito para cualquier legislación penal (ni hablar de moral, claro…) El médico no está obsesionado con la muerte de tal… Pero es PARTÍCIPE NECESARIO y CÓMPLICE del homicida. De hecho, como PARTÍCIPE NECESARIO, hay una ASOCIACIÓN entre homicidas, ya que el homicida planea, quiere y activa los medios, como vimos, para matar el feto; y el médico es el ejecutor asociado, necesario, ya que sin la madre homicida no hay aborto y sin el médico homicida tampoco. Es una asociación ilegal e ilegítima, por lo tanto, responde al tipo penal llamado ASOCIACIÓN ILÍCITA, en el que el “jefe” o “Autor intelectual” o “Instigador” bien puede ser la propia madre, el padre del niño en gestación, los padres de él, los de ella, una amiga, un amante de la madre en ciernes, etc, etc. Pero el médico es la MANO DE OBRA DECISIVA en la práctica del aborto terapéutico inducido. Claro… Siempre y cuando el que lo lleva a cabo sea un médico inescrupuloso que viola su profesión y la ley para obtener una ganancia por su “gestión idónea”… Puede ser –como en millares y millares de casos, fundamentalmente en los países subdesarrollados y en vías de desarrollo o “emergentes”- una vecina de la madre, una “curandera”, una “partera especializada”… Las condiciones de la práctica del aborto –que suelen poner en riesgo la vida de la propia madre-homicida (como también se arriesga a morir el ladrón de bancos que utiliza C-4 para vulnerar una caja de seguridad, por ejemplo, y eso no lo hace menos ladrón ni menos victimario)- son materia de discusión aparte. Lo que no, al menos para estas líneas que escribo, es la actitud, el querer y el acto humano de “matar a otro”. Los instrumentos elegidos y el procedimiento seleccionado implica un conocimiento causal e instrumental, que ASEGURA a los integrantes de la ASOCIACIÓN ILÍCITA que el fin querido (la muerte del otro) se llevará a cabo con éxito y con la menor o nula resistencia posible de la víctima. Un homicidio realizado con Premeditación y alevosía; agravado por el vínculo y la indefensión y, en el caso de la intervención de un médico desnaturalizado como sicario, o cualquier profesional de la salud, para el caso mercenario, objeto de una asociación ilícita cuyo fin es provocarle, entre varios y con auxilios de todo tipo -aunque seleccionados y manejados con mayor o menor destreza- a tal fin (matar a otro) la muerte a un ser humano. Se ha discutido desde épocas de la República Romana acerca de si el feto es o no persona. Creo que es una cuestión insignificante en esta instancia. Hablamos del derecho humano a la vida. Derecho de vivir de todo SER HUMANO. Los Nazis no consideraban personas a los judíos ni a los gitanos… ¿Queda esto claro o habrá que seguir con el debate de hace más de 2000 años sobre persona humana y ser humano, a la hora de tener frente a los ojos la Declaración Universal de los Derechos Humanos dada a mediados del siglo XX de nuestra era…? ¿O es que acaso un ser humano goza de los derechos humanos sólo si es considerado “persona” para una circunstancia social, histórica o una estructura estatal o una ideología en el poder? No es ese el espíritu de la declaración universal. No es ese el espíritu de las democracias de occidente. No es ese el espíritu de la norma penal. Proteger la vida de TODO ser humano. PROTEGER LA VIDA, EL PRINCIPAL DE LOS DERECHOS DE TODOS LOS SERES HUMANOS. Me expreso. Lo hago libremente. Puedo hacerlo libremente porque tengo conciencia y porque pienso, siento y actúo concientemente. Puedo hacer esto porque estoy vivo y puedo elegir los medios para expresarme, las palabras, los motivos. Y puedo estar vivo porque mi madre amó y respetó, protegió y alimentó la vida que llevó dentro durante 9 meses y aún durante varios años luego de mi nacimiento, hasta casi finales de mi adolescencia, época en la que me independicé de mi hogar paterno. Desgraciadamente, hay miles de niños que no serán jamás niños, porque son víctimas de homicidio antes del nacimiento. Desgraciadamente habrá un Mozart menos dentro de 15 minutos. Un Einstein menos dentro de 20. Un Milstein menos dentro de 25. Nunca llegaremos a ver a esa niña que no pudo ser, quizá, una mujer semejante a la Madre Teresa de Calcuta, ni a un niño que jamás pudo ser y, quizá, habría sido semejante a Luther King Jr… Nunca nacerán. Son, a cada minuto, víctimas de homicidios impunes. Víctimas de homicidio. VÍCTIMAS SILENCIOSAS Y ABSOLUTAMENTE INDEFENSAS ANTE UN DELITO QUE, IRRESPONSABLE E IRRACIONALMENTE, LOS CAPRICHOSOS Y EGOÍSTAS PRETENDEN QUE NO SEA PUNIBLE, QUE JUSTIFICAN IDEOLÓGICA, CIENTÍFICA O FILOSÓFICAMENTE. Y ESOS “JUSTIFICADORES” Y LOS “PROPAGANDISTAS” A FAVOR DEL ABORTO PROVOCADO ESTÁN LLEVANDO A NUESTRAS SOCIEDADES A LEGITIMAR LO INJUSTIFICABLE:
EL GENOCIDIO
Y los que cometen el genocidio, lo instigan, lo justifica, los apologetas, los propagandistas, los ingenieros o los sicarios del genocidio reciben un nombre en común, solidariamente todos ellos asociados en el mismo delito: GENOCIDAS. NO NOS ASUSTEN LAS FOTOS DE THEREZIENSTADT… NI LAS DE LA FRANJA DE GAZA… NI LAS DE IRAK… NI LAS DE LAS MATANZAS EN EL CONGO… ¡¡¡NOS TIENEN QUE ASUSTAR LOS HECHOS QUE ESAS FOTOS E IMÁGENES Y TESTIMONIOS EVIDENCIAN!!! ¡¡¡NO SON LOS Fx DE LA ÚLTIMA PELI DE SPIELBERG!!!… ¡¡OCURRIERON!!… ¡¡OCURREN!! ¡¡PUEDEN SEGUIR OCURRIENDO!! SI NOS OLVIDAMOS… SI NOS CALLAMOS… SI DEJAMOS QUE NOS AMORDACEN LOS PROFETAS DEL ODIO, DEL EGOÍSMO, LOS PROPAGANDISTAS DE LA CULTURA DE LA MUERTE Y LA INHUMANIDAD, DEL ABUSO DE LOS MÁS DÉBILES E INDEFENSOS…
“SI NOS OLVIDAMOS LO QUE NOS PASA NOS PUEDEN SUCEDER LAS MISMAS COSAS ESAS MISMAS COSAS QUE NOS MARGINAN NOS QUEMAN LAS PALABRAS NOS MATAN LAS IDEAS… SI LA HISTORIA LA ESCRIBEN LOS QUE GANAN ESO QUIERE DECIR QUE HAY OTRA HISTORIA, LA VERDADERA HISTORIA QUIEN QUIERA OIR, QUE OIGA!! NOS QUEMAN LAS PALABRAS NOS SILENCIAN, PERO LA VOZ DE LA GENTE SE OIRÁ SIEMPRE, INÚTIL ES MATAR, LA MUERTE PRUEBA QUE LA VIDA EXISTE…!!! (Lito Nebbia –Cantautor Argentino-)
Mi apoyo total e incondicional a quienes en estos días están movilizándose masivamente a favor de la vida y en contra del peor delito: El homicidio (¿o el genocidio?)
Mi repudio más profundo, acompañado de mi mayor asco e indignación a aquellas personas, principalmente mujeres, que justifican, alientan o propagandean el “aborto legal” (y el doble para quienes lo hacen con el ilegal…).
MÁS VALE COMPROMETERSE EN CONTRA DE LA INJUSTICIA SOCIAL, DESDE TODO LUGAR DONDE SE PUEDA, PARA QUE LA POBREZA MATERIAL NO SEA LA EXCUSA DE LOS “ABORTISTAS”, QUE MANSAMENTE DEJARNOS DESBARRANCAR HACIA EL SUICIDIO COLECTIVO, O HACIA EL GENOCIDIO… O LA LEGITIMACIÓN DEL HOMICIDIO, DEL EGOÍSMO Y LA INHUMANIDAD. Como en épocas de la Alemania de Hitler, muchos en nuestra sociedad siguen el discurso patológico perverso de Poder - Sometimiento, Fuertes – Débiles… CADA UNO DE NOSOTROS ES DUEÑO DE SU PROPIA VIDA… PARA SER LIBRE, DIGNO, HUMANO… O PARA SER ESCLAVO DE SUS PROPIAS ABERRACIONES…
YO ELIJO LA VIDA.
Mi agradecimiento y mi reconocimiento total a Francisco Muñoz y a todos aquellos que, como él, manifiestan del modo que pueden, con toda su energía y su humanidad plena, el respeto, el cuidado y el amor por la vida. Aquí el vínculo a la nota de Francisco en su espacio (si no se ve, por favor, avisen, gracias): **********
Ahora sí, me voy a por un té. Perdón a todos aquellos amigos que aburrí con este texto larguísimo, casi interminable y hasta un tanto desprolijo. Libertades que uno se toma un día domingo, con un poquito de tiempo y mucha indignación… pero con 1000 veces más amor por la vida y la libertad que cualquier sensación de asco o indignación ante los delitos contra la vida y la dignidad humana, sus sicarios y sus “justificadores” irresponsables. Mi deseo profundo porque muchos de estos apologetas del crimen recapaciten y se den cuenta que, para poder expresar una ideología, primero es necesario estar vivo y que, si sus madres hubieran pensado como ellos piensan hoy, amparándose en oscuras ideologías o caprichos, ellos no estarían aquí para defender lo indefendible… “el derecho al homicidio”… Un abrazo cordial a todos los amigos, con quienes me disculpo nuevamente por la poca atención que les he brindado en el último mes. Y Dios guarde a todos los niños que no llegaron a serlo porque mientras estaban en el vientre materno, “alguien” decidió que debían morir… que molestaban… Nuevamente, abrazos. Miguel CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN
No hace falta presentar a San Agustín. Quizá solamente la anécdota de que, buscando el mejor material para terminar un texto que estoy preparando para un amigo querido, y con quien me he comprometido a acercárselo, recordé algunas experiencias y observaciones de Agustín. Vienen aquí a cuento porque me encuentro a diario con personas que aborrecen el lenguaje bien hablado y con otros que aborrecen la simpleza de las palabras rústicas. Y en este empeño, encontré que ambas cosas tenían una relación: El creciente influjo de la “cultura de lo fácil” sumado al otro influjo, el de quienes se rasgan las vestiduras por los pobres, pero que en realidad, sólo alimentan con sus obras, aparentemente caritativas, su vanidad de “ayudar al miserable”… Ver, juzgar, actuar. Una fórmula infalible. En el actuar, también está la palabra. También está el discurso. Y el discurso, que es también un trabajo-de-vida como expresión de la dignidad humana en toda su plenitud, depende de la intención que le alimenta. Si la intención es buena, esa palabra edifica, ayuda, reconforta, anima. Si la intención es mala, esa palabra engaña, corrompe, desvía, interfiere, confunde, daña. Mejor, los dejo con este breve fragmento extraído de las “Confesiones”:
“… ya había aprendido de tí que no por decirse una cosa con elegancia debía tenerse por verdadera, ni falsa porque se diga con desaliño; ni a su vez verdadero lo que se dice toscamente, ni falso lo que se dice con estilo brillante; sino que la sabiduría y necedad son como manjares, provechosos o nocivos, y las palabras elegantes o triviales, como platos preciosos o humildes, en los que se pueden servir ambos manjares” (San Agustín –Confesiones-)
Sólo el buen juicio puede discernir lo que es recto de lo que no lo es, separando el trigo de la cizaña. LOS SUFRIMIENTOS PRESENTES (fragmento de “El sentido de la historia según Santo Tomás de Aquino” por Leo J. Elders)
Les dejo un pequeño fragmento de un escrito del P. Leo J. Elders, que tenía entre los tantos borradores para publicar aquí y que, con alguna pequeña modificación, como lo es esta presentación, puedo acercarles hoy. Me movió a rescatarlo del borrador, con algunas correcciones, una entrada que leí días atrás en el espacio del P. Jorge, amigo de este espacio, acerca del homicidio sufrido por un sacerdote, el P. Eduardo, en Cuba. El texto que contiene el fragmento se titula “El sentido de la historia según Santo Tomás de Aquino” y, a última hora, he preferido sustraer todo el texto de mi puño y letra que, en el borrador que tenía preparado desde hace tiempo, se extendía más allá del final del fragmento. Creo que es tan nutritivo el texto objeto de la glosa, que creo innecesaria hacer una extensión excesiva en esta entrada. Tal como lo ha sido para mi, espero sea del mayor provecho para quien lo lea, indistintamente se trate de una persona creyente o no creyente. Es un texto por demás interesante para movernos a reflexionar acerca, justamente, de “los sufrimientos presentes”. Los dejo con el texto del P. Elders. Ezequiel Olivary
LOS SUFRIMIENTOS PRESENTES (fragmento final de la conferencia “El sentido de la historia según Santo Tomás de Aquino” - por Leo J. Elders)
Santo Tomás cita repetidas veces las frases de la Sagrada biblia relativas a los sufrimientos que los discípulos de Jesús sostienen en el mundo. Tomás comenta que la razón de estas dificultades y persecuciones de parte del mundo se explica por el hecho de la elección de ellos por Cristo, y la manera en que ellos se distinguen del mundo. Cita 1 Jn 3,13: “No os maravilléis, hermanos, si el mundo os aborrece. Sabemos que hemos sido trasladados de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos”. Tomás explica que en la base de todas las persecuciones está el odio. […] San Pablo cataloga las penas de la vida de un apóstol: ¿”Quién nos arrebatará al amor de Cristo”? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Según está escrito: “Por tu causa somos entregados a la muerte todo el día, somos mirados como ovejas destinadas al matadero” (Rom.8,35-36). Santo Tomás nota que los santos padecen todas estas clases de males a causa de Cristo. No solamente quien sufre por la fe, sino el que sufre por una u otra obra buena que ha hecho, sufre por Cristo. La persecución es continua y vehemente –hasta entregar a los santos a la muerte- y aplica métodos escogidos de tortura. Hay que imitar a los profetas que padecían ataques verbales, agravios, calumnias. Hay una triple persecución: En el corazón, es decir, por odio; en acciones; y por palabras mentirosas, vituperantes y calumniosas. Cuando San Pablo escribe: “hasta el presente pasamos hambre, sed, desnudez; somos abofeteados, y andamos vagabundos y penados trabajando con nuestras manos; afrentados, bendecimos y perseguidos, lo soportamos; difamados, consolamos; hemos venido a ser hasta ahora como deshecho del mundo, como estropajo de todos”, Tomás comenta que los apóstoles padecían de tal manera que no fueron abandonados, puesto que la Providencia divina ajustaba para ellos abundancia y escasez, según les convenía para practicar las virtudes. En la segunda espístola a Timoteo, San Pablo escribe que “Todos los que aspiran a vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecuciones”. Santo Tomás comenta que trata de la observancia del culto cristiano. […] Pero los cristianos sufren también por su compasión con los defectos, faltas y penas de sus prójimos. Los santos sufren de la debilidad de su cuerpo y de las tentaciones de parte del diablo. Sin embargo, los pecadores caen en males más grandes por su culpabilidad. Hay un motivo de consuelo y de envalentonamiento: Los malos no pueden hacer daño sin límite, porque Pablo dice que “no se saldrán con sus intentos”. Efectivamente la Providencia les impide terminar lo que han empezado a hacer contra la Iglesia. […] La figura de este mundo es pasajera. La brevedad del tiempo, de que hablan los textos, se refiere no tanto a una duración breve como a la transitoriedad del hombre, del mundo material y de la historia. […] El tiempo de la vida presente es comparado a la noche, por las tinieblas de la ignorancia en que vivimos. […] San Pablo, después de haber hablado de las maravillas de la gracia que hemos recibido de Cristo, llama la atención sobre la vida presente, en que tendremos muchas dificultades y penas. Uno podría decir que la heredad eterna es dificultosa, si antes hay que sufrir tanto. Pero la gloria prometida sobrepasa todo, porque es eterna y corresponde a las expectaciones de las criaturas. A pesar de los sufrimientos que los discípulos de Jesús padecen y su sumisión a la caducidad y la vanidad de la vida cotidiana, la actitud dominante es la confianza porque “Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman” (Tom.8,28). Tomás ve una confirmación de estas palabras en la naturaleza. En el mundo físico y en los organismos, lo que es inferior sirve a lo que es más noble. Ahora bien, en medio de todo lo que hay en el universo, los santos son lo más noble, pues Jesús dice “te constituiré sobre lo mucho” (Mt.25,23). Así, hasta el mal que hacen los pecadores vuelve a ser un bien para los santos. Dios atiende de tal manera a los santos que no permite que algún mal los afecte, si no que lo convierte en un bien para ellos. Pero los caminos de Dios son insondables y sus juicios inescrutables. A todo esto se añada el gozo en el Señor de los discípulos de Cristo, “porque sus nombres están escritos en los cielos” (Lc.10,20).Comentando estas palabras, Tomás escribe que hay que alegrarse por la bondad divina y también porque Dios nos deja participar en ella en esta vida. La crucifixión de San Pedro (Caravaggio)
OPPENHEIMER, HEISENBERG, HIROSHIMA Y… ¿AHORA QUÉ?…
Robert Oppenheimer, brillante físico estadounidense y líder del “proyecto Manhattan”, en realidad, víctima del mal uso de la ciencia que fue la pasión de su vida Werner Heisenberg, premio Nobel de Física 1932, un verdadero genio de la Física que consiguió burlar al aparato de Hitler e impedir que en 1942-43 los Nazis tuvieran en sus manos la bomba atómica.
Pocos saben hoy quien fue Robert Oppenheimer. Pese a su apellido germánico, Oppenheimer –ciudadano norteamericano, nativo de la cosmopolita Nueva York, puerto receptor de millones de inmigrantes entre 1880 y 1914, entre ellos, su padre, Julio- fue el principal responsable del proyecto bélico nuclear de los EE UU durante la segunda guerra mundial, compitiendo palmo a palmo con su prestigioso colega alemán Werner Heisenberg. A diferencia de Werner, Robert cometió el error de creer que del proyecto que lideraba, junto con el genial italiano Enricco Fermi, dependía el futuro de la democracia en el mundo… Tarde se dio cuenta de que esto no era así. Robert, muy influido por Fermi, un reconocido anti-facista italiano que debió emigrar con su brillante intelecto a los EE UU para escapar de las garras del dictador Mussolini, puso su mejor empeño en que el proyecto Manhattan fuera exitoso y ganarles así la carrera por el domino tecnológico nuclear a los alemanes. Aunque también, no extraña que la vanidad de hallarse en la “cresta de la ola” en el mundo científico, codo a codo con una personalidad internacionalmente reconocida como era Fermi en los ´20 y ´30, pudo haber aumentado aún más sus deseos de obtener, por fin, la tan ansiada “Bomba atómica”.
Heisenberg, mientras tanto, en la Alemania sometida a los arbitrios del monstruoso Hitler y sus hordas y sirvientes menores, buscaba la forma de poder evadir la responsabilidad gigante de ser el “padre de la bomba”, a lo que pretendían empujarlo desde el poder, aún quitándole sus prestigiosas cátedras bajo el pretexto de que el “Principio de Incertidumbre” era “judaizante” (cabe recordar que fue asistente de Max Born y llegó a trabajar junto con Albert Einstein, ambos científicos judíos) para “convencerlo” de la imperiosa necesidad de esa arma para la “causa aria” (cosa a la que también se empujó a nada menos que Otto Hahn).
Para Heisenberg, la Gestapo era tan común y cotidiana como levantarse a desayunar. Nada que dijera, hiciera o escribiera escapaba a los miles de ojos y oídos de los funestos lebreles de Hitler (tan asquerosos como cualesquiera espías de cualquier época). Su vida estaba en juego; y no sólo su vida, sino la de muchos científicos que podrían caer con él, si caía, entre ellos su maestro Niels Bohr de Dinamarca, a quien, según se cuenta, entregó un esquema –escrito a pulso y con mucha prisa, teniendo a los “mastines” de la Gestapo lamiéndoles los talones pese a estar fuera de Alemania- del reactor en construcción en una peligrosa escapada a Dinamarca, para que aquel pusiera en alerta a la comunidad científica fuera de Alemania de la necesidad de suspender toda actividad en física nuclear para evitar… lo que luego ocurriría en Hiroshima. Heisenberg, a quien la Gestapo no podía controlarle el pensamiento, fue lo suficientemente sagaz para “cometer errores” en varios cálculos, entre ellos, el fundamental cálculo de la masa crítica del U-235 (Uranio, isótopo 235), que le permitieron dilatar en el tiempo la ejecución final del proyecto que, del lado alemán, jamás llegaría a concretarse. Pero sus motivos no tenían que ver con una ideología política: Sabía Werner que, una vez lanzada la primera bomba atómica, toda la humanidad pendería de un hilo siniestro. Y no quiso ser padre de semejante hija… Años más tarde, ya caído Hitler y desaparecida la Gestapo que le perseguía hasta debajo de la cama, Werner fue prisionero VIP de los británicos, en Farm hall. Cuentan que, según las grabaciones de Farm Hall, el día después de Hiroshima, Werner, reveló las correcciones sobre las masas críticas en el proceso de fisión claramente, por lo que, de haberlo querido, Alemania, en 1942 hubiera podido cargar con tecnología atómica su tan temible como enigmático proyecto de B-3 (sucesor de las B-1 y B-2 de Von Braun). En Farm Hall, Heisenberg resolvió los errores que le costaron 5 años en apenas… menos de 48 horas… Oppenheimer, que desde 1945 se transformó en el cerebro de la tecnología bélica de punta, fue relegado, después de 1954 (se recordará la caza de brujas del senador Mc Carthy), al ostracismo en los mismos EE UU, ya que, dándose cuenta de la enormidad de la que había sido protagonista, comenzó, junto con Einstein y otros, una carrera en contra del armamento nuclear –más de influencia que de propaganda, debido al alto cargo que desempeñaba en el gobierno- en el mundo, principalmente las dos potencias imperialistas: La Unión Soviética y los EE UU.
Uno y otro, Oppenheimer y Heisenberg, Robert y Werner, marcaron (junto con otros actores tan importantes como ellos) un rumbo que nos ha puesto a todos como aquel protagonista de la célebre narración de Edgar A. Poe “El pozo y el péndulo”.
¿Culpables? ¿Inocentes? ¿Víctimas? ¿Victimarios?
Lo cierto del caso, es que nuestro mundo “posmoderno” –como gustan llamar los dueños de la selecta inteligencia académica- sigue pendiendo de un hilo. A la bomba atómica le han sucedido centenares de desarrollos cada vez más sofisticados y letales. Hoy, una simple mochila abandonada en una estación del subterráneo, podría contener dentro un gas con un agente biológico capaz de matar a centenares de miles de personas en menos de 1 hora…
¿Son ellos culpables de esto? ¿Son inocentes? ¿Es inocente la ciencia? ¿Lo son los científicos?
¿Es correcto ver a la ciencia como una actividad “dogmática” dueña de la verdad absoluta, o es mejor verla como una actividad perfectible, sujeta a error, a la que hay que apoyar, pero siempre mirar de costado por las consecuencias perniciosas que se hagan del mal uso del conocimiento científico?
¿No será que la ciencia reclama para si misma el respeto de ser considerada una actividad siempre inacabada, siempre cuestionable, con verdades relativas y con una realidad sistémica global aún no conocida completamente?
¿El rol del científico, el del profesional de las ciencias, es independiente de la moral, de la consideración entre el bien y el mal, de la valoración o no de la dignidad humana?
O será, como bien decía Einstein, que de nada le sirven a la humanidad 1000 genios científicos, si es que son inmorales y nada les importa la dignidad de la persona humana…
Por mi parte, siempre me será más simpático Heisenberg (y no sólo por esto… habréis leído algunas cosillas que escribí, allá por abril o mayo del 2008 en este mismo Space, acerca de su Principio de Incertidumbre, que es para mi, la gran revolución científica y filósofica del siglo XX). Pero hoy quiero abrir un paréntesis a favor de Robert Oppenheimer que, aunque muy tarde, se dio cuenta del espanto que habían creado su intelecto y sus manos, y procuró, inútilmente, ser escuchado por la comunidad internacional para evitar que más víctimas inocentes (6.000 millones de candidatos, hoy…) estemos pendientes de un hilo. Por cierto, no quiero olvidarme de algo. No tengo datos acerca de las creencias de Oppenheimer, aunque sus padres eran de religión judía, pero no eran practicantes ni mucho menos. Sí sé que Fermi era socialista y probablemente ateo, lo que quizá compartiera con Robert. También sé que Werner Heisenberg era un cristiano no muy convencido de su sentimiento religioso y que Einstein era un judío nada ortodoxo, al que seguramente hoy, el Licud en Israel, mandaría a prisión, tal vez como a los padres de Oppenheimer…
Pero ellos eran científicos. Esa era su religión…
¿Cuál sería la religión de las víctimas de Hiroshima y Nagasaki?
Ezequiel Olivary
Este artículo fue sugerido luego de ver y escuchar este precioso video musical del Maestro Ryuichi Sakamoto, que aconsejo no se pierdan, por todo lo que connota por dentro, además del placer de escuchar al talento de Sakamoto.
NOS PASA SUFRIR… PERO SUFRIR, PASA…Hace unos días, charlando con un conocido, surgió este tema del sufrimiento... Como siempre cuando hablamos con el otro, discurriendo, opinando, en el momento se nos cruzan ciertas imágenes de sufrimientos, propios y ajenos, que quedan suspendidos en la atmósfera del pensamiento, como hilachas, como puntas de una serie -no sé si infinita- de ovillos... Y vamos rumiando durante días -como si fuéramos pacientes vacas- posibles respuestas que sólo sirven para originar posibles preguntas. No me afilio, en estos casos, a la muchedumbre que -como Alejandro- saca la espada y parte al medio el mítico nudo de Gordio... No sé si reflexionando así llegaré a conquistar Persia, pero al menos me queda la pequeña certidumbre de llegar a sabiendas a la esquina de mi casa y saludar al vecino... Dándole vueltas y vueltas a este asunto del sufrimiento, caí en la cuenta que no hay certidumbres válidas y sanas -excepto la de llegar a sabiendas a la esquina de casa y saludar al vecino- si no son las que asoman su cabecita por encima de las olas del mar de la incertidumbre, que más profundo o más somero, todos llevamos dentro. Cuando las certidumbres cubren el mar, es porque hemos decidido congelar sus aguas con los vientos fríos de imposiciones ajenas, externas, inesenciales... no son certidumbres que sentimos, pensamos, experimentamos desde el fondo mismo de nosotros. Porque esas pequeñas certidumbres, que como el náufrago asoman la cabeza sobre la mar de incertidumbres y cuestionamientos, no siempre tan bravío, son el fruto de algún sufrimiento que logramos sublimar; algún sufrimiento que nos hizo de lupa para encontrar dónde están escondidas nuestras convicciones y sacarlas a flote, para que no se ahoguen bajo la incertidumbre. Sufrimientos que, quizá, impiden que congelemos la superficie, para que puedan salir a flote las convicciones, una vez halladas, y tengan modo de flotar a como puedan... y respirar... y tener sentido auténtico. No me explico por qué el sufrimiento, en nuestro tiempo, tan consumista, superficial y caprichoso, tiene tanta mala fama. Al fin y al cabo, nos dolerá que el dentista nos saque una muela, pero con esa muela podrida tendríamos un dolor más intenso y duradero y, lo que es peor, una infección en progreso... Que duele también una ausencia o una pérdida, pero nos enseñan a valorar una presencia o un descubrimiento, fundamentalmente cuando se trata de descubrir la presencia del otro en nuestra vida. Y nos enseña que podríamos, en un momento cualquiera y sin previo aviso, perderlo o perdernos y que vale mucho, quizá de un modo incontable -mal que le pese a la sociedad nominalista y cuantitativa de la que somos irremediablemente hijos-, tal vez de una forma indecible, vivenciar cada instante del otro, con el otro, para el otro... Dando vueltas por allí quedó una moneda, girando de canto, traviesa; una moneda que no está hecha de metal, sino de pensamiento.
En una cara dice: Sufrir nos pasa. Es algo que nos ocurre mientras estamos vivos y porque estamos vivos. No sufren ya los muertos. No sufren las piedras, ni los electrones. No sufre el agua ni sufre el aire al que llamamos cotidianamente cielo. Sufrimos nosotros. Quizá sufrimos más que cualquier animal o vegetal o microorganismo -creo- porque somos conscientes y somos concientes de que sufrimos y de qué es el sufrimiento, comparado que fuera con otras experiencias vivenciales, con otros estados de ánimo, con otras emociones. Pero no es lícito suponer que efectivamente sufrimos más que un cocodrilo durante una pelea en la competencia por el apareamiento o la supremacía con otro cocodrilo; simplemente será un sufrimiento distinto y -creo- jamás sabremos a ciencia cierta, qué tan distinto... Sufrir nos pasa a todos, aún a aquellos que no quieren o no pueden admitirlo (quienes están más locos que yo, por ejemplo). El tema no es sufrir o no sufrir. El tema es cómo elaboramos el sufrimiento y cómo nos sirve para crecer, para experimentar la vida, para aprender del otro y con el otro; para aprender de los propios errores -y aún volviéndolos a cometer- experimentar la ganancia de haberles, mínimamente, conocido la cara, para poder diferenciar errores de aciertos, virtudes de miserias; para poder diferenciar cuánto de lobo tenemos y cuánto de oveja... La otra cara dice, con el mismo cuño: Sufrir pasa. Pasa en el tiempo, no es eterno. El sufrir transcurre si es que somos dueños del reloj, y no el reloj mismo... porque el reloj marca el tiempo que puede durar el sufrimiento, sólo que, por ser reloj, no se entera... ni del sufrimiento de alguien... ni de que está marcando el tiempo... Sufrir pasa. Le suceden heridas curadas o en vías de cicatrizar. Le suceden olvidos piadosos -otras veces, impiadosos, copiosos o inconscientes...-; Le susceden ganas renovadas, sublimaciones ardorosamente trabajadas, no por casualidad, a costa de ese sufrimiento. Pero el sufrimiento es un talento, como la moneda hecha de pensamiento que tenemos girando de canto. Los talentos, no se entierran. Los sufrimientos, tampoco. Se transforman o se invierten... son objeto de transacción y son causantes de enriquecimiento... Pero el enriquecimiento no está en el sufrimiento, que pasa, transcurre, como cada bocanada de respiración: El enriquecimiento viene de lo que hacemos con el sufrimiento. Enterrarlo detrás de la posesión de un sinnúmero de cosas, de placeres viajeros y superficiales; enterrarlo en un mar de vanidad o en una extraña sordera a las voces que oímos pero no escuchamos -aún la propia voz de la conciencia-. Enterrar el sufrimiento por desesperación, no hace desaparecer la desesperación, sino que ésta sigue allí, paradita, mirándonos, con su mirada torturante, funesta, incómoda. Quizá la desesperación más sabia es aquella que llega hasta lastimarse las uñas, metiendo los dedos en el propio barro para desenterrar el sufrimiento y hacerlo útil. Sólo darse cuenta que el sufrimiento pasa, nos impulsa -supongo, si es que de algo puede servir esta especulación provisoria- a encontrarle un significado al tiempo y, como no lo tiene, darnos cuenta del significado de nuestra vida; o más simplemente ¿para qué sufrimos? Quizá se trate de diferenciar un sufrimiento patológico de un sufrimiento patético; un sufrimiento que pasa, transcurre, mientras tratamos de intercambiarlo o desenterrarlo y convertirlo en algo mejor que lo que es; o un sufrimiento por "congelamiento" de nuestra capacidad de darnos cuenta, de nuestra capacidad de ver con el alma un horizonte mejor; un congelamiento basado en seguir reglas que no sabemos bien para qué sirven porque no las sentimos nuestras o un congelamiento basado en la soberbia -estúpida, como toda soberbia- de creer que nuestro sufrimiento es tan "olímpico" que no puede ser sublimado por nada, nadie ni de ningún modo... La estupidez no es eterna y el sufrimiento tampoco... y no hay quien se resista, en algún momento de la vida, a ambos estados de ánimo, juntos o separados. Genios y santos, hombres y mujeres "comunes" (¿?), han padecido, padecen, padecerán, en diversas medidas y con suerte diversa, los embates de la estupidez... y el sufrimiento. Creo que Einstein solía decir que el universo tiene límites, pero la estupidez humana no. Y si la estupidez humana no tiene límites, tampoco lo tiene el sufrimiento estúpido, patológico, "olímpico". En todo caso, si hay un límite para el universo, el tiempo juega un papel esencial (y Einstein lo sabía, creo, mejor que nadie). Y es el tiempo el que también limita nuestro universo humano... y nuestro sufrimiento útil... es el tiempo que nos permite entender el giro de la moneda moviéndose (o de cualquier cosa que se mueva). Quizá se trate de invertir el tiempo que dura el sufrimiento, el tiempo con el que pasa el sufrimiento, en transformarlo y... en transformarnos. En permitirnos que, a nuestro yo sufriente, le suceda un yo más pleno, que en lugar de acurrucarse para adentro, se levanta, mira la vida y la ve poblada de otros rostros, otros nombres... de diversidad, de belleza, de desafíos... Finalmente, no sé si estoy pensando bien... porque pensar el sufrimiento es todo un sufrimiento (aunque no nos duela la cabeza por pensar) y no siempre pensar es, en sí, una tarea suprema: La obligación que nos manda nuestro propio espíritu (y lo que verdaderamente puede llegar a ser bueno, bello o útil para los otros) no es la de pensar... sino la de pensar bien... Y nadie puede pensar bien si se despoja de sentimiento... si "congela" las incertidumbres y ahoga así las convicciones, rendidos a -como diría Serrat- "cumplir lo que está mandado, mande quien mande... Mientras sigo tratando de hacer el salvataje de las convicciones que tengo a media agua, para que salgan a respirar a flote, quiero compartir este texto de Fray Mamerto Menapace, que por su sencillez no tiene desperdicio y, por su sensatez, tiene límite...
******* "[...] Bajo su nombre, un autor inspirado nos pintó a todos nosotros. Y en una narración hasta divertida, nos deja con una respuesta final, que en verdad es simplemente una pregunta. La que nos hace Dios mismo frente al problema del dolor: - ¿Y pensás que a mí no me duele? [...] ******
EL DRAMA Job es un calentón. Un apasionado temerario que ama de verdad, y no acepta respuestas prefabricadas. Sufre en su carne una injusticia. Y le duele la injusticia, más que la carne. Le aconsejan la aceptación, como una manera de suprimir el conflicto. Y él se exaspera buscando una respuesta que enciende aún más el conflicto. Sus amigos quieren regalarle el fruto ya elaborado por la antigua experiencia, cristalizado en la sabiduría hecha dogma. Y Job rompe los dogmas, porque contradicen la verdad que siente en su propia experiencia. Ya lo ha perdido todo. No quiere perderse él. Lo aniquilaría. ¿Quién? Justamente esa es la pregunta. Si hay Dios, Él es el causante de todo. Y Job exigirá de Él una respuesta. Se la pide así al único que puede dársela. Y ahí si, no tiene miedo de jugarse el resto. Ya no tiene tiempo. Su fuerza radica en la intensidad. Por eso grita y exige. Cree que hay una verdad, y que Alguien la tiene. No acepta las verdades convencionales de los hombres. Y menos, si éstos son del grupo de los satisfechos; de los que reflexionan sobre el sufrimiento ajeno y aceptan el fruto de la reflexión de la sabiduría de los otros. Job exige una respuesta para el hombre. No le interesan las reflexiones sobre un problema. No quiere platos fríos. Ni respuestas recalentadas. Tiene experiencia de dos cosas: De su sufrimiento y de su inocencia. No acepta que ambas cosas sean lógicas simultáneamente. Intuye que debe haber otra respuesta que no sea la de eliminar uno de los dos elementos. No acepta el ateísmo práctico de los que niegan que haya una justicia por parte de un Dios comprometido. Ni acepta el pietismo resignado del que niega los derechos humanos en nombre de un saber divino arbitrario. De acuerdo. Job es un calentón. Un apasionado. Pero, en su situación, no sería tampoco lógica la reflexión tranquila de quien puede dedicar tiempo a elucubraciones teóricas. Mientras maldice contra lo incomprensible, necesita rascarse sus llagas que le queman desde la piel para adentro. No tiene tiempos. Sólo le queda la urgencia. Recuerda su pasado. Pero sólo como punto de referencia doloroso e incomprensible, ya que no encuentra allí motivaciones para esto que le sucede. Mira su futuro y no ve que allí haya una respuesta que justifique su tremendo presente. Atrapado por este ahora, exige una respuesta ya. No tiene otros tiempos. No puede escapar a su hoy, ni quiere hacerlo. Si es Dios quien tiene una respuesta, que se presente. Si es Él quien garantiza la justicia, Job no admite su silencio. Quizá no ha comprendido todavía que Dios es tan grande que supera el tiempo. ¡No tiene tiempo!. Para Él todo es presente. Tampoco sus amigos lo saben. Ellos se sienten en la obligación de volver las cosas a sus causes. Necesitan dar una respuesta. Lamentablemente sólo cuentan con una prefabricada. Aquella que afirma que todo dolor es fruto del pecado. Y la aplican sin miramientos creyendo con ello ayudar a Job y justificar a Dios. Proponen lo que hay que proponer: Que el hombre se humille. Que se reconozca pecador, aunque no se sepa bien de qué. Por supuesto: Con ello se acepta el misterio. Pero a costa del hombre. El razonamiento es cerrado: - Hay dolor, por tanto hay pecado. Aunque no se tenga conciencia de ellos. Hay que reconocerse pecador, para dar de esta manera gloria a Dios. No es una respuesta falsa. Simplemente a Job no le sirve. Su drama no es teórico. Es vital. No le sirve razonar. Sólo le queda maldecir y rascarse. Dos actitudes vitales, que Dios no puede dejar de ver y escuchar. Los amigos se sienten molestos. No pueden aceptar de su gran amigo Job una actitud, que simplemente ven como rebeldía impotente. Se enardecen a su vez, y expresan su sospecha. ¿No será que realmente Job es un canalla, que hasta ahora logró ocultar su pecado? Ya a partir de esta sospecha, sólo queda un paso por dar. Y lo dan. Comienzan a endilgarle toda la ristra de malas acciones que se imaginan que Job tiene que haber cometido. No hay ya dudas. Es un pecador. Y los pecadores son los que realizan una determinada cantidad de malas acciones. Job tiene que ser un pecador. Por tanto, debe de haberlas cometido. ¡Qué terriblemente lógicos que son!. Se rascan a su manera. También a ellos algo les pica. Y es que se está poniendo en duda la base de su sabiduría de vida. Job es un inconformista. Un subversivo de lo que mantiene en orden al mundo y sus valores. Al no admitir sus razones, cuestionan las razones de su vivir. Se sienten agredidos. Y como se sienten en una situación de privilegio, atacan a su vez con toda la artillería de su sabiduría tradicional. Ya no consuelan a un amigo, sino que condenan a un subversivo, expulsándolo de entre sus filas, como para no contagiarse también ellos con una duda que ataca la verdad de sus dogmas. A Job no le importa. Aunque sufre por la agresión. Ya está jugado y se jugará hasta el final. Quiere provocar a Dios para que responda. Así las cosas, como están, ni siquiera dejarían bien parado al mismísimo Dios, en todo su misterio y con todo su poder. Y Dos habla. No da la razón a nadie. Pero anima a ensanchar la mirada. Muestra que su realidad desborda, no sólo el tema del dolor y el sufrimiento, sino todos los demas temas. Hasta en lo ridículo y tremendo de ciertos males, su poder muestra a un Dios que desborda todo lo que el hombre puede y sabe. Pero Job ha logrado lo que pretendía. Que Dios tome parte en la discusión. Que no se ampare detrás de la segura sabiduría de los satisfechos. Que sea Él mismo quien asegure que está presente e interesado. Job casi se asusta de haber logrado su intento: Despertar a Dios, que parecía ausente. Ahora puede callarse y sufrir con sentido. Dios existe, conoce y puede. Con eso basta. La justicia está asegurada. Ya puede apoyar su esperanza en algo que está asegurado que existe: Dios. Y también Dios ha logrado lo que quería: Que el hombre acepte confiar en Él. Más allá del deseo de sus bienes, que el hombre lo busque a Él. Mandinga (*) buscaba desprestigiar al hombre delante de Dios. Y ahora tiene que constatar qué importante es, que hasta puede obligar a su Creador a que intervenga. Cuando el hombre deja de buscar los bienes de Dios y se pone a buscarlo a Él por Él, entonces Dios se queda indefenso y sin escondites. Job consigue que Dios se reconozca vulnerable, aunque en ello se haya jugado el pellejo. Con esto nos ayudó a todos a crecer. (*) Nota: En el lenguaje tradicional del gaucho rioplatense, el término "mandinga" está asociado con la figura diabólica, del mismo modo que se denomina "la salamanca" a cualesquiera de las cuevas que, el mito gaucho, designa como entradas al infierno. Son términos muy habituales en el cantar, la poesía, la literatura y la mitología del gaucho rioplatense, combinación de la cultura del cristianismo europeo y tradiciones indígenas autóctonas en una vasta región de la Argentina, Uruguay y Paraguay.
EPÍLOGO Pero las cosas no podían terminar allí. Porque el autor sagrado se dio cuenta de que sus cuarenta capítulos metidos dentro de la narración conocida, habían sido sumamente conflictivos. Todo autor termina por comprometerse con sus personajes, y siente la necesidad de redimirlos al final del drama. Y es necesario, se ve obligado a escribir una segunda parte, o a completar con un capítulo extra la narración que lo llevó a terminar abruptamente su historia. Por fortuna, nuestro narrador inspirado no necesitaba inventar nada. Todos ya conocían el final feliz de la historia de Job. Pero quiso también salvar a los tres amigos que, bien intencionados, se equivocan totalmente. Y será el mismo Dios quien les mandará que le pidan a Job su intercesión, a fin de perdonarles la pésima defensa que creyeron haber hecho de Dios, desprestigiando el hombre: -Mi siervo Job intercederá por ustedes, y en atención a él, no los castigaré por no haber hablado de mí con verdad, como mi siervo Job. El Señor Dios se muestra nuevamente magnífico con su amigo, colocándolo nuevamente en una situación de privilegio material, superior a aquella que tenía antes de haber pasado por la dura tentación. Para un escritor del Antiguo Testamento, no quedaban muchas salidas diferentes, si quería que sus lectores no se escandalizaran demasiado. Todavía estamos en el tiempo en que la retribución se tiene que dar aquí abajo, y se expresa en los bienes tradicionales. [...] ******* [...] Todo esto es humano y lógico. El hombre es un animal social. Es un ser jerarquizado por estar destinado a convivir y a conocer sus derechos. Tiene acceso a la ciencia que reflexiona. Sabe que sabe. Pero Cristo vino a superar todo esto. Quiere que el hombre sobrepase su ser de animal social, y que llegue a ser feliz mediante el sabor de una vida entregada plenamente. Él mismo está a punto de consumar el gesto total de ofrenda. E invita a imitarlo. Sus discípulos y amigos deberán construir la comunidad desde una actitud de servicio. Será mayor, quien sirva mejor"
Fray Mamerto Menapace - “Sufrir: Pasa” - *******
Una breve narración donde danza el sufrimiento... o se mueve, girando como el talento (o nuestra monedita): caiga de la cara que caiga, siempre nos invitará a no enterrarla, a compartir invirtiéndola: En tolerancia, comprensión, servicio, compromiso, diálogo abierto, trabajo cotidiano por la paz, pensamiento-acción. Es que el sufrimiento también tiene sus frutos (tal vez por eso -o por mi cortedad de entendedera- no comprendo por qué tiene tanta mala fama ¿será que los hombres de este tiempo queremos todo muy rápidamente, para ayer, y despreciamos la paciencia que nos reclama el sufrir bien, para crecer mejor...?): Si es patético -supongo- todo el esfuerzo por invertirlo dará fruto dulce en la convivencia sana, respetuosa, comprometida; en la aceptación del otro como es y en la necesidad de salir a buscar al otro para compartir nuestros mundos en común, como comunidad... Y si es patológico -sigo suponiendo- dará los amargos frutos del egoísmo, del resentimiento, del enmascaramiento y la hipocresía. De los fanatismos y la intolerancia; de la violencia, física o moral, con los que se busca mitigar el propio sufrimiento en la carne del otro, en lugar de sublimarlo, convertirlo en algo sano para compartir con el otro. El sufrimiento pasa (con el tiempo) y nos pasa (a nosotros, en nuestro propio cuero): El tema, quizá, es que no resulte inútil, pesado o patológico si lo dejamos que nos traspase o, simplemente, nos pase de largo... como si el asunto fuera de otro... y nos conformemos con enterrarlo bajo un montón de cosas o argumentos conformistas, anestesiantes; ni congelar el mar de incertidumbres (ahogando las propias convicciones) para que, las aparentes certidumbres (generalmente trasplantadas desde lo exterior, lo "políticamente correcto"...) nos den la desnaturalizada idea de que no vale la pena sufrir...
Pero esto es una reflexión, medio desnuda y nadando en el mar de la incertidumbre, como pensando en voz alta... Y como toda reflexión, que busca transformarse desde pensar a pensar bien, sólo me queda por el momento, seguir rumiando el asunto, sometido al ensayo-error de la vida de todos los días... porque, la catarsis bien entendida, empieza por casa...
Ojalá que alguna de estas especulaciones le puedan servir a alguien para aliviar su sufrimiento o al menos, mirarlo a la cara con otros anteojos... Pero el sufrimiento de cada uno no se cura -como bien da a entender Menapace- con fórmulas ni recetas... Será que exorcisar los propios demonios depende en gran medida de la actitud de vida de cada uno... Será que, como decimos por estas latitudes del planeta... el sufrimiento es una enfermedad que "no se cura de palabra"... ¿o sí?...
Nota: Si llegaron hasta acá, gracias por la generosidad y la paciencia... El artículo original del 30 de abril de 2008 se puede encontrar en http://ezequielolivary.spaces.live.com/blog/cns!AFB4EE5AE031B4F1!1237.trak Algo más sobre el amor…
Cuando damos amor, hacemos un mundo de felicidad para alguien, aún con una pequeñez cotidiana. Cuando damos amor, se nos llenan los días de soles, aunque vivamos en la Antártida. Cuando damos amor, un pedazo de cielo que nació con nosotros vuela hacia el otro, le seca las lágrimas y con el mejor pincel de todos, le dibuja una sonrisa, grande o pequeña. Y a cambio somos libres.
La sonrisa del otro nos hace libres.
No hay "amor libre" porque el amor ES libre.
Y cuando damos amor, cuando nos dejamos amar, la libertad que enciende al amador, abrasa al amado de tal manera que, como el ave Fénix, de entre las llamas, sobre las cenizas nos crecen alas. Alas que nos levantan encima de la vulgaridad, del egoísmo, de la indiferencia, de la mediocridad. Alas que nos llevan a volar en la realidad montados sobre un sueño; porque cuando damos amor, hacemos realidad un sueño, grande o pequeño, alentamos una vida. Cuando damos amor, no nos interesa el vuelto, no nos importa el precio, no nos fijamos en los costos, nos es indiferente la retribución.
El amor se paga a sí mismo.
Se paga con la moneda más valiosa: La libertad.
Sólo quienes son capaces de dar amor, en gotas o a baldazos, como un hilito de agua sobre las piedras o como un torrente ruidoso e incontenible de catarata; sólo quienes se atreven al amor, entienden que dice el silencio abriéndose paso entre las palabras. Sólo quienes dan amor pueden comprender en el alma la vivencia de una mirada. La mirada de alguien que quizá no pueda decir con palabras, que quizá no pueda hacer más que mirar... y decir con la mirada, en la profundidad alimenticia del silencio... "gracias"... y regalarnos la libertad...
El Amor ES libre
¿cabe alguna duda? Y si hubieran dudas... se pueden esfumar simplemente dando amor...
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