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日志


EVITA: UNA MUJER, UN AMOR, UNA VIDA IMPOSIBLE DE PLAGIAR JAMÁS POR NADIE

 
 

Hoy he querido recordar a Evita. Pero no al ícono, ni al "mito artístico", ni siquiera al "mito popular" de Evita.

He querido recordar a la mujer que fue, a su valentía en medio del caos, a su defensa del amor de aquel hombre caído en desgracia y preso -con destino incierto- en Martín García por haber cometido el "delito" de institucionalizar el derecho de los trabajadores a una vida acorde a su dignidad humana; preso por el "delito" de proteger la vida y dignidad del peón de campo, del hombre que se transformaría en el pequeño y mediano productor rural de nuestro presente y que, antes de 1944 vivía hacinado y explotado en la pobreza material y la miseria humana por los intereses latifundistas de capitales, en su mayoría extranjeros y en su minoría, asociados a interese foráneos.

A la mujer que comprendió que en esa lucha le iba la vida, que todo su ser había estado esperando esa hora, había estado esperando a ese hombre.

A la mujer que desde la soledad del campo y la marginación producto de los prejuicios de la época, supo abrirse paso con honestidad y talento en el mundo del arte y la comunicación a finales de los años 30 y principios de los 40, forjando una carrera que prometía ser mucho más exitosa aún de lo que era. Éxito personal, vanidad, proyectos, que resignó cuando un terremoto natural produjo el evento que se transformaría a la postre, en un terremoto social; y mientras el terremoto natural había dejado devastación a su paso, el terremoto social del 17 de octubre de 1945 dejó algo muy diferente: Por primera vez, en la historia de la Argentina, la justicia social, la solidaridad y la protección de la dignidad de la persona humana cobraban sentido real, palpable y cotidiano.

Ella fue, quizá, la llama viva que alimentó el espíritu de un hombre de fuerte temple y claros ideales.

Ella fue, con seguridad, la única mujer que, en el poder, no se aferró a vanidades, sino que se volcó con su misma salud, con su misma vida, a abrir las puertas para que todos entraran y nadie quedara marginado; para que los pobres no fueran miserables, sino dignamente pobres con posibilidades ciertas de cambiar su situación material; y para que las riquezas se multiplicaran con producción genuina, abriendo paso a la aparición de nuevos ricos, pero fundamentalmente, abriendo paso a un nuevo país, una nueva sociedad, industriosa y solidaria.

El cáncer se llevó su vida biológica.

El egoísmo -de signos político-ideológicos extremos, derechas e izquierdas- pretendió enlodar su obra y su memoria.

Pero Evita sigue, desde el fondo mismo de la historia, siendo la bisagra que divide en un antes y después la historia de los argentinos.

No es la Evita de opereta de quienes ignoran quién ha sido y cómo esa mujer ha dado su vida, literalmente, por una sociedad más humana, por la justicia social real (y no sólo en el discurso de campaña de algunos candidatos de turno), por la protección y la expresión plena de la dignidad de la persona humana y el engrandecimiento de una nación, solidaria puertas adentro y solidaria con el mundo.

Hoy he querido recordar a Evita. Y en ella, a todas las mujeres capaces de provocar el terremoto vivencial que cambia para siempre una vida o miles de vidas; el que permite honrar la vida sin mezquindades, con valor, vehemencia y ternura.

Evita no es propiedad de una ideología ni de un gobierno. Evita es una mujer única, imposible de plagiar por nadie, aunque ensayen las poses actorales en un mediocre intento por imitarla. Imitación impracticable, porque para emular en un mínimo su vida, se debe estar dispuesto a entregarse plena y auténticamente, hasta dar la vida misma, como hizo ella.

A la mujer, con defectos y virtudes. Con errores y aciertos. Pero no a la mujer que únicamente valora la historia política o el arte, sino a la mujer real cuya valentía y fe fueron capaces de mover montañas para producir un terremoto capaz de reconstruir el vínculo entre los miembros de la sociedad, eliminando el "mítico" odio de clases, el siniestro egoísmo y envidias clasistas que ponen al ser humano en la categoría de cosa o de hormiga (insectificación social, como solía decir Perón), al servicio de un estado totalitario e inhumano o al servicio de un capital insaciable y también inhumano.

El poder jamás puede ser un fin en sí mismo. Evita lo comprendió desde el primer momento. Quienes intentan o intentaron imitarla jamás lo comprendieron.

Vaya este recuerdo para una mujer que pudo, quiso y supo vivir un gran amor.

  
 

Ezequiel  Olivary

ESTO MÍO

 

Me ausenté de mi

y salí por las calles

a vagar

buscando tu presencia

en alguna esquina

al pasar.

Pero tu presencia

se había quedado conmigo

así que para encontrarte

debí volver a mi mismo

y te hallé sonriendo

en mi corazón.

No puedo irme de tí

como las olas

del mar escapar no pueden;

como la luna

no puede abandonar

su eterno paseo con la tierra.

Y cuando más me dueles,

y cuando más me encelo,

me doy cuenta

que es una sola la razón

para todos estos sentimientos:

Estás muy dentro de mí

y sacarte, ya no puedo.

Estás muy profundamente en mí,

y sacarte, ya no quiero.

 

 

Ezequiel  Olivary

 

 

LO QUE EXTINGUE Y ALIMENTA

El correr incierto de las horas

-que cuanto más ciertas parecen

lejos ya se han ido-

no puede arrastrar

como si fuera un río

mis mejores anhelos.

Ese torrente incansable

incertidumbre temporal

ilusión de vida que dura

lo que nos dura la biología

con la que abrigamos el alma

podría ser la misma muerte

si es que se vive

sin esperanzas

y sin perdones prontos,

sin siquiera la ilusoria vaguedad

de un amor que quema por dentro

y es capaz de arder

sin dañar ni incinerar,

extraño fuego fatuo

que nos recuerda

en el sentir mismo

en la vivencia misma

que no somos sino

una multitud de Fénix

fogueándose de muerte

y brillando de renacimiento

incontables veces

en espera del alba.

En esa espera de caminar

y hacer camino

iluminen tus ojos

los pasos de mi ilusión

que sólo el amor

vale más que la vida

y vence siempre a la muerte.

 

 

Ezequiel  Olivary

LA PALABRA

 

 

Amor es el sentimiento

sin distancias ni defectos;

amor, la palabra

que enmudece las palabras

y pone a decir al silencio.

Amor que surge desde dentro

de las profundidades del alma,

manantial de aguas como cristal

a borbollones brotando

para entregarse a la inmensidad.

Amor que no sabe de medidas

ni cantidades, ni lógica

pues su lógica es el otro

el amado

y el amador se enriquece dando.

Feliz siempre es el amor.

Feliz quien mantiene abiertas

las puertas de las profundidades

para que desde lo hondo del ser

mane con espontaneidad

el río que da vida a la vida

y luz a las miradas;

felices los enamorados

que recrean en la pureza

el arte máximo

que le da sentido a la creación.

 

 

Ezequiel Olivary

BIENAVENTURANZAS

 

Bienaventurados los desprovistos de avaricias...

Bienaventurados los pobres de soberbias...

Bienaventurados los ausentes de falsedades, propias y ajenas...

Bienaventurados los desnudos de cinismos...

Bienaventurados los pacientes de toda tolerancia...

Bienaventurados los que devuelven flores contra espinas recibidas...

Bienaventurados los que tienen prontos los olvidos para las ofensas ajenas...

Bienaventurados los que tienen listos los recuerdos para las sonrisas, por pequeñas que fueran...

Bienaventurados los llenos de espacios vacíos en su libro de vivencias para ocupar con nombres...

Bienaventurados los que, luego de desfallecer, ven el amanecer mientras se levantan...

Bienaventurados los que practican la religión de la humildad...

Bienaventurados los que no cierran las puertas sin haberlas abierto primero...

Bienaventurados los que no cierran las puertas al perdón mientras tienen aún el dolor abierto y sangrando...

Bienaventurados los que comprenden hasta lo incomprensible, con la única justificación de un "y... somos humanos"...

Bienaventurados los que han perdido la medida para dar y se niegan a buscarla...

Bienaventurados los que reciben como si no recibieran y dan como si no hubieran dado...

Bienaventurados los sedientos de afecto que pueden compartir el precioso líquido, en un solo vaso, con medio mundo... y lloran por no poder compartirlo con el mundo entero...

Bienaventurados los que habiendo abrazado a cien, se reprochan no haber abrazado ciento uno...

Bienaventurados los que extraen palabras del propio sufrimiento, para calmar o acompañar el ajeno...

Bienaventurados los pobres de envidias, de recelos, de vanidades.

Bienaventurados los carentes de egoísmos...

Bienaventurados los que prefieren la latría a la egolatría y la prudencia a la estulticia...

Bienaventurados los que saben que este tránsito es una bella ilusión y que sólo nos llevamos el cariño compartido, el pan compartido, la vivencia...

Bienaventurados los que teniendo un amigo...

Son dueños de medio universo...

No sé si de ellos es el Reino de los Cielos, pero de ellos es, seguramente, la soberana libertad, profunda y completa; la colmatada frescura de una palabra que significa todas las palabras, y todos los sentidos...

Ese tesoro que ningún tesoro pagar puede y ningún ladrón acarrearía hasta la bodega de su inmundicia.

Bienaventurados los granjeros de la vida, que saben cultivar la amistad.

 

COMO LA MAREA

 

  
 

Mi humor fluctúa

como la marea

va y viene,

viene y va;

ya sube contra la piel de la tierra

ya baja llevándose  consigo

su profundidad.

 

 

Mi ánimo

flujo y reflujo de emociones

como el océano

se acerca ora

retrocede luego

se empuja en olas

en espumarajos de sal.

 

 

Como el océano

mi ánimo viene y va

obedeciendo los caprichos de la luna

que, lejana y confusa,

señala con dedos de platino

mil distintos caminos

mas ningún sendero cierto.

 

 

Así mi ánimo va...

Así viene mi ánimo...

Y tú, luna mía, sobre el horizonte

deshojas invisibles pétalos

de inciertas margaritas

rociando el aire de la noche

de mil posibles detinos

en el sueño de mi desatino.

 

 

Como la marea, cielo mio,

detrás de ti voy

detrás de ti vuelvo...

¿Qué será de mi mar ilusorio

de aguas encrespadas por la tormenta?

¿Qué será de mis profundidades

de mis islas, de mis habitantes interiores?

¿Qué de mis tardes?

¿Qué de mis noches?

 

 

Con el mar, en este amanecer,

navego en pámpanos de sal

hasta el hastío del estío

que como el horizonte

hasta mí nunca llega

y alcanzar no puedo.

Quizá como tú...

Quizá como esta marea

que me ofrece en desalentador vals

los trazos de su vaivén,

la cadencia que sólo conoce

la delicada cintura de la soledad.

 

Ezequiel  Olivary

COS´È L´ETERNITÀ

 

  Cos´è l´eternità

si non sei tu.

Cos´è l´eternità

si non c´è nessun fuocco

come sguardo all tramonto sul mare...

Cos´è si non è una rose nell´aria

mille di farfalle sopra gli alberi.

Noi siamo qui, tropo lontano

di tutto quello che non avemmo cercato

perso come il sogno

perso come il sorriso

¿perso?

Cos´è l´eternità

amore mio

si non può prendere il tuo sguardo.

Adesso voglio stare fermo qui

aspettando la mattinata

baciando le nubole...

piangente nell´silenzio...

 

¿Cos´è l´eternità?

¿Un freddo fiume sul vallo?

¿Mille fiore nell´tuo giardino?

¿Vuoi dirme cos´è l´eternità senza le tue occhi?

 

 

Ezequiel  Olivary