| Ezequiel 的个人资料Il Mio Spazio照片日志 | 帮助 |
|
|
ANSIEDAD
Sobrio hasta la ebriedad aliento al viento durante lo que dure la tormenta de este tormento. Áspera suavidad de esta soledad de este pulso animal que condena a la inocencia a la indecencia del vacío yermo de este hielo eterno, este glaciar sin gracia ni sangre gratuito del vacío sin estío de saberme tuyo pero seguir siendo mio; sin pausa en el gris desespero de intuir y sentir escapando sin huir entrando como cayendo, espira sin fin, del humo del cigarro de tu ausencia presente en esta taza de café fría, blanca, insomne.
Sobrio hasta la ebriedad con hambre de vos sin saciedad...
Ezequiel Olivary BRUMA
en la extraña sutileza de tu piel se encuentran las caricias que una vez creí perdidas. Hoy veo que atravesando el aire y sin por qué tu aroma de distancia te trae a esta presencia. Y sin saber a tientas como un ciego balbuceando el nombre de tu aliento camino entre la niebla hasta donde está tu cuerpo. Hoy desperté de este insomnio espeso o del ayer, de tu sueño de agua sin vacilar buceando en vos y sin saber nadar. Hoy te llamé desde la sombra gris de la ciudad en medio del asfalto en soledad para abrazarte. Hoy seguiré entre risas, celos y café, soñando el sueño vivo de querer mientras te quiero mientras espero...
Ezequiel Olivary VOLVER
Volver del sitio al que nunca se ha ido o al que nunca se habrá de ir. Volver del presente cayéndonos de bruces entre las fauces del futuro. Volver deja vû de lo que nunca ocurrió un eterno retorno sin previa partida. Volver de todos los olvidos, aferrándonos con uñas y garras a los recuerdos. Volver de la esquizofrenia o de la leucemia, de la muerte o la vida sin sueños. Volver con la frente marchita o con la frente serena, con el cabello nevado o bien descabellados. Volver al día de ayer de mil novecientos ochenta y siete sabiendo que veinte años no es nada. Volver a ningún lado que no sea, mi pequeña, ese hueco que dejé estando a tu lado, sin haber estado. Volver porque no hay nostalgia peor que añorar el futuro que aún no sucedió; ni ansiedad comparable a la de sentirte latiendo mientras le imploro llorando al cielo que cancelen los ángeles sus últimos vuelos para que el abismo no se abra, y no quieras ya volver a estar como durante los años pasados tan presente en el mundo y tan lejos de mi.
Ezequiel Olivary
FANTASMAS...Antes que perseguir fantasmas... ...es más saludable enfrentarlos persiguiendo una meta, viviendo un sueño, intentando cambiar una realidad. La verdadera soledad existe allí donde, entre un gentío, la persona se siente distante, como envuelta en una burbuja sin estar alejada de la realidad. Quien es capaz de amar auténticamente, nunca está solo, aunque eventualmente tenga esa sensación, así esté caminando por un sendero sólo habitado por árboles y trinos. Se puede estar en el desierto, pero si se lleva consigo una gota de amor, no es necesario un oasis. Y esa gota de amor aclara la mirada: No se ven espejismos ni hay fantasmagoría persecutoria que se le resista. Delante está siempre el prado verde hacia el que se camina... ¿Cuál es el riesgo? Ganar, perder, trastabillar, caer... Es mejor, en todo caso, tener a los miedos por zapatos y no por mochila. Aunque nos hagan resbalar y caer, al levantarnos y seguir caminando tendrán que soportar el peso de nuestro cuerpo; si los dejáramos como una mochila, a nuestras espaldas cargada, sería muy dificil levantarse de cada caída, resignarse a saber perder cuando no hay alternativa o no sentirse perseguido por algo que nos sujeta por la espalda y que, aún dándonos vuelta, nunca llegamos a ver. Es mejor que los miedos sean nuestro calzado: Que ellos carguen con nosotros y no a la inversa...
Ezequiel Olivary MIENTRAS TANTO... LOS SUEÑOS
Mis libros me han dejado desvalido, casi huérfano. ¿Para qué tantos volúmenes y tanta erudición, si al fin, ninguno define qué cosa sea soñar? ¿Tendrá definición? Y si la tuviera ¿Será su validez absoluta? Siempre he desconfiado mucho de las definiciones -y las erudiciones- porque nos colocan en ese sopor de muerte que provocan las certezas adquiridas, que inducen el aburguesamiento mental. Y eso es in-so-portable: No se puede sustentar en sí mismo; es una especie de implosión del alma. Tales certezas no esenciadas, son una especie de sumidero cósmico que, en una fracción infinitesimal de segundo -que se convierte en eternidad ilícita-, nos tritura sin fin, como al Prometeo encadenado el rapaz devora sin devorar, una y otra vez. ¿Y qué es so-portable? El soñar indefinido tal vez -especulo- sea como la pena de Sísifo o como el bordado de Penélope. Y cuando a muchos estas imágenes les causan espanto, tanto por lo repetitivas como por la incertidumbre de un final (esta sociedad que quiere soluciones al portador y deleites del consumidor...), para otros, entre quienes me incluyo, asomando tímidamente las narices, estas imágenes no son sino un desafío. Mientras que, como un río, el tiempo se mueve y todo lo modifica, estarse quieto es verdaderamente una locura. En un universo donde nada es estático (salvo lo extático), pretender un status seguro es cancelar todos los sueños posibles. Y cancelar los sueños, creo, es cancelar la vida misma como un baldón inconcebible. El intolerante no sueña: Ve la vida pasar como algo insoportable contra lo que se rebela de la peor manera, esto es, apelando a un status y defendiéndolo con uñas y dientes; lo que está mandado mande quien mande... Al mediocre le pasa lo mismo, sólo que su pusilanimidad le impide rebelarse siquiera contra la propia pusilanimidad; entonces bebe a tragos un poco de vulgaridad, como para anestesiar ese extraño dolor de nada, que es carecer de sueños, de status y de rebeldía. Así es que mis libros, una vez más, han decidido por sí mismos quemarse a lo Bonzo, dejándome en medio del problema; ¿Qué cosa serán los sueños? Me quedaría muy conforme y a la vera del camino si los definiera con una sola palabra: Utopía. Siempre la definición más bella es aquella que requiere de pocas y simples palabras. Pero como toda definición, no deja de ser una cárcel. Así es que prefiero prescindir de apelar a mis derechos de hacer valer mi pasaje hacia la isla de Santo Tomás Moro, y salir a navegar por mi cuenta entre incertidumbres, vagas certezas contingentes y esta ansiedad casi lobuna de perseguir la primavera como una presa, sabiendo que ni bien le ponga las garras encima, habrá de soltarse para reiniciar la carrera... Creo que la misma carrera en pos de esa primavera puede llegar a llamarse sueño o utopía. Y esa misma carrera, en lugar de ser un trajín enloquecedor y delirante, es la evidencia de nuestra voracidad de futuro, de nuestra realización cotidiana, de nuestro extraño diálogo con el tiempo. Para dejar esto indefinido, que es la mejor forma de dejar un texto, prefiero renegar de cualquier status y postergarlo, por cuanto tiempo de vida me quede y me permita el cosmos, para que me espere, sentado, detrás de las puertas de la eternidad. Mientras tanto, seguiré buscando entre el negro humo de mis libros quemados, un significado renovado o reinventado de los sueños. Mientras tanto... confiaré en que el olor de los sueños se llama mientras tanto...
Ezequiel Olivary BESO
Labio contra labio las ansias se beben como el veneno, como el elixir, de un sorbo.
Labio contra labio en la plenitud del beso apretado en la caricia del beso de brisa. Labio contra labio los pechos de la madrugada alimentan sentimientos y amamantan esperanzas.
Labio contra labio no hay frío en la fruición de la pulpa sorbida de modo semejante como el niño descubre el dulzor del durazno.
Labio contra labio y contra la muerte, la vida, que estalla en un beso colmado de bocas y de saliva, colmado de aliento y lleno hasta volcarse en cataratas de pasión sobre el curso del río que hace de sus aguas la caricia de los amantes, siempre fluyendo sin paz, si regocijo ni dique que contenerlo consiga.
Labio contra labios fluyen en un sentido y otro como la marea ácido humor del abismo que mojar puede hasta las mismas piedras; surco que en líquida viscosidad desborda comisuras, desnuda pliegues, demuda mil sordos suspiros ahogados en almíbar; intensidad de la vida que no se encalma en un simple aunque apretado beso.
Labio contra labio o labio contra labios ¿Hay en todo el cosmos secreto misterio más gozoso que eso? Labio contra labio y en mis labios perenne la sensación viva de tu beso.
Ezequiel Olivary ESPEJISMO
Un amigo me decía: No soporto la soledad; esta cosa ignominiosa e implacable que cubre mis noches de una sombra más profunda que el abismo del mar. Me decía: Es temible enemigo la cruel soledad que padezco. No me deja un respiro ni siquiera para tomar el sol sentado en el banco de la plaza. Y repetía: No he tenido en la vida contrincante peor que esta soledad inaudita.
Nos miramos un instante, mientras el mozo entre el bullicioso tintineo de copas y cucharitas nos servía el café en el bar. Su mirada no era la de un solitario, la de un desamparado, la de un desesperado. Su mirada guardaba el brillo la vivacidad y la profundidad que siempre le conocí desde la época del potrero o los ensayos de medianoche con su guitarra melodiosa. Caí en la cuenta que mi amigo tenía la mirada empero con un brillo menos: Se lo había quitado la desilusión, que sus palabras sabiamente habían enmudecido bajo la capa impermeable del silente trasfondo.
Bien -me animé a decirle aún revolviendo mi café con la cucharita- si me permites, creo que tus ojos han equivocado la mirada; creo que has confundido un reflejo con un oasis para tu sed y sólo has encontrado más arena. Sabes, le llaman espejismo.
Pero su mirada no se calmó con mis palabras y sin decir ene me exigía con sus ojos ver el carozo que el durazno oculta tras el argumento de pulpa y cáscara. Entonces fue que animado por su curiosidad callada, le dije por fin aquello que pensaba: No es la soledad el enemigo; es el desamor, ese traidor que se esconde tras la sombra del amor para terminar matándolo con una certera puñalada de frío.
Termina tu café, querido amigo, que en esta noche oscura en esta calle tan vacía casi un desierto la soledad huye con paso liviano de ese enemigo cruel que a la vuelta de cualquier esquina acecha con sonrisa de sicario; es la desilusión, amigo mío, el espejismo del que huye la soledad cobijándose a tu amparo si es que sabes mirar.
Cuando salgas, luego de tu café, abriga debajo del sobretodo a la desvalida soledad, que afuera hace frío, mucho frío, y está buscando un alma cálida que no la desprecie y simplemente la sepa escuchar.
Nos separamos con un apretón de manos, como siempre durante años, dos cuadras calle abajo. El fue a su morada, sabrá Dios qué, pensando. Yo, camino a mi guarida, sabía, dando cada paso, que debajo de mi sobretodo estaba durmiendo en paz mi soledad, agradecida.
Ezequiel Olivary
FRASES SIN CELEBRIDAD (NI CELEBRACIÓN)
FRASES SIN CELEBRIDAD NI CELEBRACIÓN (un poco de humor entre tantas corridas)
"Quien no quiera soportar a Robin Hood, que no esconda princesas en el castillo" Proverbio - autor ignoto
"No hay peor boludo que quien toma al otro por boludo" Refranero criollo - Anónimo
"Quien quiere abarcarlo todo, termina apretando el aire" leído en algún graffitti (no recuerdo dónde)
"Es más facil ocultar en un bolsillo un elefante africano, que mantener escondida por mucho tiempo la mentira" Dicho... al pasar
"No hay ser humano más tonto que el mentiroso: Se engaña a sí mismo mientras cree que le miente al otro" Sentido común (inédito)
"¿Quieres saber cuál es la mejor forma de desperdiciar la mejor amistad del amigo más sincero? Es una y muy simple: Miéntele" Refran popular (en algún lado, supongo)
"La vida regala oportunidades todos los días; la persona sabia, elige la más buena y la hace suya. El tonto corre detrás de todas y a todas las pierde." emmm... no sé quien lo dijo... (perdón por la ignorancia)
"Juega al juego que quieras. Elige el compañero de juegos que quieras. Pero no cometas el peor de todos los errores: Jugar con los sentimientos" Alguien, sentado a la mesa de algún Café
"Cada cosa tiene en la vida un tiempo, su tiempo. Cada tiempo tiene su descubrimiento posible, su propia ternura. Nadie puede vivir en un rato lo que no vivió en años sin dejar un tendal de lastimados, entre ellos, a sí mismo" Sentido común
"¿Quieres ser feliz? Haz feliz a alguien ¿Quieres hacer feliz a alguien? No le mientas" Escrito en algún almanaque...
"Velar: Acción de permanecer en vela cuidando a algo o alguien. Guardar, cuidar. También significa esconder un hecho de la mirada de alguien, para que crea que la realidad es otra cosa distinta de lo que es" Diccionario de lenguas muertas, milésima edición
"Si no estás seguro de dónde tienes el culo, no te sientes sobre mi alma" Epitafio en una tumba desconocida
"Quien miente debe tener mucha memoria; porque la mentira es como la lana del ovillo con la que un gato juega: Tarde o temprano termina en ella enredándose y sin tener posibilidad de escape" Mi abuelo (palabra más, palabra menos...)
"El ingenuo es como el niño: Te creerá la primera mentira, la segunda, la tercera, la milésima... y creerá en serio que estás mintiendo cuando trates de decir la verdad" Un niño
"El malo ve en cada ser humano a alguien malo. Para el mentiroso, las palabras ajenas son mentira siempre." "El egoísta es el más generoso de los humanos: Todos los defectos son ajenos y no guarda ninguna culpa propia, sino que las reparte a todo el mundo" Dichos escritos en un paquete de galletitas (de una marca que salió de circulación hace cien años)
"No trates de amar al primero de la carrera... Trata de que aquel a quién ames sea el único en tu podio" Un banderillero enamorado de una promotora de F1
"Siembra amor auténtico y nunca te faltarán semillas ni frutos dulces que comer. Siembra mentira y aunque comas la mejor fruta todos los días, siempre estarás atragantándote con las semillas" El verdulero
"Quien no recuerda el día en que le regalaste esa flor, no merece que recuerdes, siquiera, que a alguien le regalaste una flor" Mi jardinero
"Hay quien dice te quiero como si dijera "quiero un kilo de limones"; hay quien dice te quiero y pone en tus manos no uno, sino mil corazones" Un cirujano cardiovascular
"Una cosa es aparearse, otra tener sexo y otra hacer el amor; la diferencia es una cuestión de sentido... y de sentimientos" El guardián del Zoo INGENUIDAD
Ingenuidad hermosa compañera mía que en todos estos años no has dejado un segundo de acompañar el alma mía. Ingenuidad que te me instalas en los ojos para ver los ojos de otras personas. Ingenuidad que te transformas en mi mirada permanentemente. Hay quien me ha dicho que eres tú un velo que me impide ver la realidad. Que me muestras bondad donde sólo encontraré egoísmo y flores en huertos de espinas... Que me haces ver el amor donde sólo hay juego de ajedrez; Que me mientes cuando no me dejas ver la mentira. Ay, ingenuidad! Hermosa ingenuidad mía! ¿Cómo haría yo para dejar de quererte después de tantos años y de tanta vida? ¿Qué sería de mi sin vos, sin la mirada de niño con la que puedo ver y sin la cual sería un pobre ciego? ¿Qué serían de mis mañanas tan frescas y con tantos soles y trinos pobladas, aunque mortíferas nubes negras se elevaran como columnas de espanto sobre el horizonte? Ingenuidad mía... hermosa... Dejame compartirte con todos en la palabra o el silencio. Dejame seguir batiendo las alas con tus energías que alimentan mi esperanzas. Dejame seguir creyendo en la gente en la vida. Restaña, como siempre, las heridas del desengaño del desconsuelo, de la tristeza... Y mientras tanto vive conmigo cada caida que sin vos, jamás me levantaría. Vive conmigo el amor que sin vos las sombras de la desconfianza me cubrirían. Dejame guardarte en mi alma y vivirte con mi vida pero no me dejes perderte que demasiada mezquindad hay afuera para renegar de vos y quitarle a mi vida los colores que desde tu paleta y con inefable pincel Dios ha querido pintar el lienzo de mis días.
Ingenuidad mía pequeño farolito de luz temblorosa que en esta negra noche me guía...
Ezequiel Olivary Haciendo camino
HACIENDO CAMINO
Un desierto de arenas doradas y temperatura calcinante se abre solo el paso moviendo la superficie de las arenas como si fueran olas arrastradas al capricho del viento.
No mires al desierto: ponlo detrás tuyo a tus espaldas. Recuerda que esas arenas son sólo polvo del pasado, de caminos tansitados que con tus pasos se han gastado hasta desaparecer debajo de una montaña de cristales muertos.
Mira hacia adelante: hay un camino nuevo virgen y sin transitar que está esperando por el peso de tu cuerpo que se sienta a caminar sobre tus pasos. Hay un sol, delante tuyo, que no arde ni quema la piel...
Porque el sol que ilumina el desierto, el pasado, lo transforma en un horno de agobio. Pero ese sol y ese desierto, si tú quieres, quedarán a tus espaldas y sentirás que no has caminado en vano.
Eso que hoy fue desierto camino fue algún día y lo transitaste alegre y liviana. Ni el viento ni el sol; ni la lluvia ni nadie podrá asegurarte que el camino por delante sólo tenga pétalos de la rosa y no sus espinas. Pero entre rosas y espinas, el camino por venir es mucho más saludable que el desierto que dejas atrás.
Y no temas llorar. Y no te avergüence el sollozo. Árboles lozanos crecen por doquier bebiendo las lágrimas del cielo que las derrama sin sufrir. Si esos árboles dan buenos frutos, sombra frondosa, fuerte madera... ¿Qué frutos, sombra y madera no darán los árboles que a tu paso, mientras camines vayas regando con el llanto hasta que te reciba una sonrisa que como pañuelo enjugue las lágrimas del alma?
Estar triste no es malo mientras se camina hacia adelante dejando atrás el desierto y un camino bien regado donde crecerán fuertes árboles que, esta vez, serán los guardianes implacables del verde para que las arenas del pasado no sigan tus pasos invadiendolo todo.
Estar triste, a veces, permite ver que no es bueno sembrar desiertos ni es bueno dejarse perseguir por sus arenas. Estar triste es malo, siempre que en lugar de dejarlo a tus espaldas y caminar hacia el horizonte riendo o llorando, te sientes a dejarte socavar por las olas de arena que no sienten, no piensan, no viven. Porque por más bueno que haya sido el camino pisado, si lo ha invadido el desierto, ya no vale la mirada, no vale la lágrima ni vale la tristeza.
El horizonte, lejos o cerca, te está esperando.
Ezequiel Olivary
EL PEOR DE LOS FUEGOS
Lo peor del amor antes de que termine es el desamor; son las paredes encaladas de indiferencia; una vuelta sin ida en un pasaje a ninguna parte.
Lo peor del amor antes de que empiece es que se hayan terminado las verdades y que se hayan firmado las hipotecas de caricias al corazón.
Lo peor del amor cuando termina, al final de cuentas, no son las cenizas: Es la visión de ese fuego apagado.
Ezequiel Olivary
MI PERRO PREGUNTABA
Mi perro preguntaba ayer por la tarde ¿por qué creemos los humanos que las mascotas necesitan mimos?
Porque es una forma de dar amor, de hacerlos casi tan humanos como nosotros y reconocer nuestra animalidad en nuestro compañero animal.
Preguntó luego: ¿Pero ustedes los humanos también se acarician por lo mismo?
No siempre, respondí. Hay caricias sinceras, caricias amorosas, caricias apasionadas, caricias compasivas; y también hay caricias huérfanas, caricias vacías, caricias falsas, o caricias dolientes, de despedida, algunas, casi de despedida, otras.
Me miró con su mirada de perro, que generalmente suele ser tierna y me hizo una última pregunta: ¿Si nosotros, por ser mascotas, merecemos las caricias, todos los humanos las merecen?
Si, le dije, casi sin dudar. Desde el santo hasta el criminal. Pero...
Hay dadores de caricias que las dan por que aman, y otros, porque les divierte acariciar un ser inferior. Hay receptores de caricias que se beberían la piel del mundo como una enorme esponja de afecto; y otros receptores de caricias hay que creen, que tienen asumido ya, que merecen todas las caricias sin necesidad de hacer nada, incluso sin necesidad de dar caricias.
Hay personas que hacen tanta caricia de esa, la invisible, la que se hace al alma, que se hacen cada vez más merecedores de todas las caricias.
Y hay otros que acarician si, y sólo si, en el intercambio de esa mercancía se aseguran que habrá de serles retribuída...
Porque merecer una caricia es humano, recibirla es delicioso, pero darla, es el mejor regalo que la vida les da a las personas sólo cuando saben amar, que es lo mismo que saber vivir.
Mi perro no preguntó ya, y se dedicó, con la fruición de siempre, a comer...
Ezequiel Olivary NINGUNA PALABRA ES VISIBLE
Hay silencios y silencios. Los hay claros, transparentes, aún más que el agua límpida de un arroyo de deshielo. Los hay nutritivos llenos de vida poblados de amor. Los hay vacíos, secos, oscuros, histriónicos, indiferentes. Los hay estériles, estúpidos, burlones, y hasta quizá los haya oscuros cuando no musicales. Pero el silencio no ve, como tampoco ven los ojos. Lo que se ve, la verdadera realidad, la ve el alma. Y el silencio es oscuro: Sólo lo ilumina la palabra que surge de sus entrañas; el problema es, para muchos, y para decirlo de algún modo o de todos juntos y a la vez, murmurando o a los gritos, que no puede verse el alma con los ojos, y que ninguna palabra es visible... Si no se lee con el alma, los silencios vuelven a los renglones de la vida cordeles vacíos sin camisas que alguna vez hayan vestido cuerpos y se hayan ensuciado tanto que merezcan allí colgarse a secar después de un lavado de sentido. Ver, escuchar... quizá morir, tal vez soñar...
Ezequiel Olivary
SIN CADENAS: DE MENTIRA Y VERDAD
SIN CADENAS: DE MENTIRA Y VERDAD Siempre he tenido la extraña sensación de que no todas las antinomias son reales. Algunas son un descuido semántico, otras, malinterpretaciones y otras, tergiversiones. El Bien, por ejemplo, es siempre un valor positivo, la regla. El mal, su excepción, un dis-valor, es decir, una deformación del valor. Así como la moral es, podría decirse, la ciencia del Bien, la inmoralidad no es la ciencia del mal, que carece de ciencia, sino y más bien, su deformación; es la excepción por la cual no se practica la moral, sino algo distinto "con apariencia de bien". Con la mentira, me atrevo a especular, pasa algo semejante. Y no es extraño, ya que la mentira es la especie del género inmoralidad. O más simplemente, la mentira es la especie del género "mal". ¿Puede la mentira sustentarse en sí misma? No. Siempre requiere de aparentarse verdad. Siempre tiene la necesidad de maquillarse, disfrazarse, de verdad. Verdad comprobada, es verdad confirmada. Mentira comprobada es mentira desenmascarada. La mentira tiene un fin: Estafar al otro (o meramente ridiculizarlo para propia diversión, en el caso de la mentira estúpida). Hacerle creer que está haciendo un bien cuando, en realidad, le induce hacer un mal. ¿Por qué? Porque si la mentira se muestra tal cual es resulta rechazada, en primer lugar. Luego, deja de ser mentira. Para que lo sea, debe aparentar ser verdad. En la estafa, por ejemplo, una de las variedades, de las tantas, de la especie "mentira" -en este extraño remedo de filogenia que planteo- el estafador (para el caso, mentiroso) pretende, a través de distintos ardides, argucias o artimañas, hacerle creer a una o varias personas, que aquello que les presenta es verdadero, es bueno o es real. Para eso se vale de multiplicidad de falacias (que son los resortes clásicos de la mentira, que se escuda en que, durante cualquier diálogo, la falacia cumple una función falsacional común, es decir, no requiere el riguroso filtro al que le somete la filosofía, la lógica ni la ciencia), porque éstas permiten confundir fácilmente al otro y le exigen, al otro, de una serie de filtros intelectuales -y emocionales- de tal magnitud que requeriría bastante tiempo desenmascarar la tentativa, en principio, o el núcleo dialéctico mismo de la estafa, mientras se consuma. No es cuestión de simple ingenuidad: La comunidad científica, por ejemplo, ha sido estafada varias veces con descubrimientos que presentaban una enorme cantidad de elementos "valederos" (o muy similares a los realmente válidos) y que, sólo después de una ardua investigación, pudieron ser aclarados como trucos. Uno de los ejemplos más notorios ha sido el "Hombre de Piltdown" Es cierto: Muchas confusiones no son estafas, sino, malentendidos o malinterpretaciones, tanto de valores como de hallazgos científicos y aún, de estados psíquicos, emocionales o situaciones o circunstancias socio-polítcas, grupales o comunitarias y, aún personales. ¿Cuál es la diferencia? La intención. Si la intención de "quien presenta" un hecho, una postura, un intento de interpretación de la realidad, de un sentimiento, de un discurso o de un descubrimiento, es recta, es honorable pero está viciada por causa de una interpretación deficiente, por ejemplo, se incurre en el error que llamamos habitualmente mentira. Pero no es una mentira "dolosa" es decir, no media dolo, intención de dañar a sabiendas, sino mera culpa, negligencia o incorrecta lectura de la realidad a causa de carencia de elementos adecuados o de una visión ingenua, fantasiosa o no sustanciada adecuadamente a un correcto análisis racional. Se cree buenamente hacer un bien, aunque se está haciendo un mal. Se intenta socorrer a alguien, por ejemplo, con muy buena voluntad, pero careciéndose de entrenamiento, conocimiento o elementos adecuados, se le termina perjudicando, sin ningún beneficio para el frustrado voluntario. A lo sumo, diremos, no se ajusta a la verdad como debiera y que ese desajuste "culposo" no beneficia en nada al que actúa ese tipo de mentira. Entonces ¿hay estafa? No. La intención del "presentador" o el voluntario socorrista, no era la de engañar, ridiculizar o burlar al o los otros, sino presentar -como mínimo- buenamente algo que estaba convencido era verdad, era real, era bueno... Pero que por propio defecto o defecto de interpretación de la naturaleza de la cosa o del discurso, o de los elementos o medios elegidos, por ejemplo, ha terminado tergiversando aquello a que se pretendia arrivar, es decir, al bien, a la verdad acerca de una cosa, un hecho, un estado de ánimo, un descubrimiento, etc. Se puede publicitar un refresco apelándose a las bondades estéticas del culo femenino que muestra la pantalla y pertenece a una señorita que está bebiendo el refresco. Pero no hay mentira en ello y tampoco una mentira culposa. Simplemente se apela a algo insustancial, algo que nada tiene que ver con las virtudes de la bebida para inducir, subjetivamente, subliminalmente, al consumo de esa bebida. El beneficio de quien publicita o paga la publicidad, no vendrá de la exibición del culito femenino, en tal caso, sino del dinero recaudado por el aumento de ventas entre el público masculino o el público femenino por muy diversos motivos personales y subjetivos. Si refresca o no refresca, si colabora o no en una dieta, es otro tema aparte... pero el énfasis de la imagen, en la cultura de la imagen, está puesto en el culito, como anzuelo para compradores no muy avispados intelectualmente (quizá muy pícaros pero muy poco prudentes) o que simplemente se guíen por la apariencia, el capricho, por la "cara del producto" (a lo que inducen una carita bonita, un cuerpo musculoso o una práctica deportiva, por ejemplo, presentados como si estuvieran influidos por la calidad del refresco, pero cuidándose de decir que tal cara, tal culo, tales músculos o tales destrezas deportivas se deban a la acción directa de la bebida). De todos modos, tales recursos, no dejan de ser un ardid engañoso que busca quedarse con algo del otro de cualquier modo, en este caso, por intercambio, sin dañar ni perjudicar. Pero engañando. Cuando "quien presenta" tiene la intención de estafar, es decir, hacerle creer al otro algo que no es, disfrazándolo de algo distinto de lo que en realidad es; cuando quien tiene la intención de estafar manipula, a sabiendas y con la clara -y a veces no tanto- intención de engañar (esto es dañar al otro en su propio e indebido beneficio) entonces el error apunta directamente en el sentido de la mentira. Y la mentira, insisto, siempre trata de señalar la verdad, buscando alucinar, desorientar, confundir al otro para que crea que algo existe cuando en realidad no existe; que algo es real cuando en realidad es una urdimbre preparada especialmente para conseguir el fin último, es decir, que el otro haga algo que cree y está convencido es bueno siendo, en realidad malo. O dando por algo que no es tal cosa lo que daría por ese algo si lo fuera. Por estas latitudes solemos decir, vulgarmente, cambiar oro por piedritas de color... (o privatizar empresas del patrimonio estatal... como usted quiera...) ¿Tiene la verdad necesidad de tales referentes? La verdad es autorreferente. Le basta reflejarse a sí misma. Pero no es un reflejo muerto ni un reflejo irrazonable (mucho menos egoísta ni va en desmedro de la dignidad de la persona). La verdad, se razone por donde se razone no tiene dos caras. No "atiende por dos ventanas", como diría mi vecina mientras barre la vereda... Es como es. Se presenta tal y como es. Puede presentarse, a veces, sonriendo y, otras, con gesto severo, pero no deja de ser la verdad. Y resiste todos los análisis y pruebas, precisamente porque, aunque pueda estar contaminada su superficie, su discurso, de falacias, cuando se interroga y se depuran las falacias, la verdad aparece con tanta pureza como si no se hubiera examinado nada. La verdad no es posesiva, pero siempre es una invitación a ser poseída y esto, generalmente, es lo que alimenta las ansias de la mentira: Cambiar el cartel indicador del camino, torciéndolo para que, queriendo ir el peregrino a Santiago, termine yendo a Milano (y llegando con el cu...erpo en la mano) La verdad vende la gaseosa diciendo que es un preparado azucarado a base de agua y conteniendo un gas inocuo para la salud. No presenta culos, ni jóvenes atletas, ni carilindos del cine... No los necesita. Le basta decir qué es lo que el comprador encontrará en el envase. La verdad sabe que la bebida puede refrescar o no. Que puede apagar la sed o no. Y que esas opciones son irrelevantes. La verdad dice: Esto es para beber, contiene tales componentes y no daña la salud. Claro, la verdad es muy poco glamorosa y muy poco marketinera. La verdad se desnuda sin necesidad de que le tiren de la ropa. La verdad, confía. Es confiada. Sabe y presenta lo que sabe. Si no sabe, no presenta. Si no sabe, calla. Si no siente, dice "no siento". La verdad no juega al fútbol, con un delantero por cada punta... Muchas veces, la verdad es en apariencia, pobre, sencilla, humilde, libre; otras veces se parece mucho a la locura (¿qué cosa será locura?...). Las más de las veces, a la verdad se la tiene por poca cosa en la estima de las personas superficiales: No brilla, tiene la tosquedad de la madera sin lustrar ni lijar. Pero su brillo es propio y auténtico y cuanto más se la pule y lustra, más se evidencia. No ocurre lo mismo con la mentira A la mentira cuanto más se la pule, más brillo pierde... ya que nada uténtico tiene para mostrar la mentira si no es señalando a la verdad, para ver si mostrando su reflejo deformado obtiene el fin buscado por el mentiroso. Siempre hay alguna hilacha suelta por donde se mire que, una vez que comienza el tironeo de la interrogación, desarma cualquier nudo. La mentira carece de la naturaleza del nudo gordiano: Se desarma con mayor o menor facilidad, dependiendo de la habilidad del mentiroso o de la habilidad del que investiga. Pero no cualquier mentira es Mentira (nótese el uso de mayúscula en el último caso). ¿Por qué? porque un montón de falacias en un diálogo o en un hecho que pretende ser demostración evidente de una realidad, no radica -simplemente- la intención de estafar al otro, engañarlo, despojarlo. Muchos malentendidos en un diálogo se interpretan como mentira, pero en realidad no pasan de ser malentendidos, expresiones incorrectas o comprensión incorrecta (dicho muy en general y sin entrar en detalles...) "...Y seréis como dioses" - cuentan que dijo la serpiente en el paraíso que relata el Génesis de la Biblia, para inducir a mujer y hombre a probar la manzana de la condenación. Intentó -con algún éxito- según el relato bíblico, mostrar que era sano o que, al menos, no les iba a perjudicar realizar tal acto y que, de hecho, iban a gozar de un status preferencial en la naturaleza. La realidad es que hombre y mujer, mujer y hombre, gozaban ya de ese status, aunque con cierta limitación - que no les iba a quitar el hecho de que "probaran la manzana de la discordia"-. Lo que si les iba a quitar probarla era el status preferencial al que se indicaba que llegarían si la probaran. Lo contrario de lo que esperaban Adan y Eva (o Eva y Adan, para evitar críticas). Si el enfermero, a sabiendas que un recipiente contiene veneno, se lo suministra al paciente para que lo tome, diciéndole que le curará rápido de su padecimiento porque es un gran remedio, lo que estará haciendo es provocarle la muerte o el agravamiento, que seguramente le curará de la enfermedad... pero el paciente no vivirá para contarlo a sus amigos. Y el paciente, en la creencia que curará y podrá contarlo a sus amigos o, cuando menos, sobrevivir, lo toma confiado. La limitación no desaparece porque haya tomado el veneno: Lo que desaparece es su status de ser viviente... Y todo a causa de que ingirió un veneno creyendo, a instancias del enfermero, que era medicina. Si el enfermero hubiera confundido el frasco, o la lectura de la fórmula o aún la dosis y, creyendo que estaba haciendo lo correcto para curar al paciente, terminó dándole algo que le perjudicó a éste último, no estaba mintiendo ni estafando al paciente. Simplemente ha incurrido en una serie de errores -quizá fatales- que le llevaron a hacer algo malo en la completa convicción de que esta haciendo algo bueno y que, ese "algo bueno", es, justamente, objeto de su profesión. Pero si, como planteamos, el enfermero sabía que, alterando la dosis o administrando esa sustancia el paciente moriría, quiso dañar al paciente (hasta matarlo). Esto ya no es error, porque la intención define el grado y el objeto que permiten descubrir la mentira. Sea por venganza, o por obtener algún otro beneficio de la muerte del paciente, el enfermero empleó la astucia y la confianza del enfermo para hacerle creer algo distinto de lo que era en la realidad.
Hay veces, de todos modos, que la mentira no tiene un objeto inteligente. Esto es, la mentira estúpida. La mentira caprichosa que sólo busca burlar o ridiculizar por una vaga y hasta perversa sensación de placer eventual en el mentiroso a costa del o los defraudados. Es inmoral, según sospecho con algún grado mínimo de certeza (padecida en carne propia, como fuente de tal mínima certeza), tanto como la mentira "dolosa" el simple hecho de practicar la mendacidad para ridiculizar a alguien; o hacerle sufrir porque quien miente goza de tal sufrimiento como gozando de un esparcimiento, o porque ese estado genera a su vez otros sufrimientos de otras personas, que son los que real y definitivamente quiere el mentiroso, pero que no conseguiría si no empleara la mentira estúpida con el tercero, el payaso. Semejante grado de manipulación no hace a la mentira menos mentira que en el caso del enfermero homicida. Aunque las consecuencias y las formas puedan diferir, poco o mucho, la voluntad pone en movimiento los mecanismos de manipulación para perjudicar a una o varias personas en beneficio propio. Y un beneficio que -casi siempre- no es material. La verdad puede proponer una ilusión para darle colorido metafórico a una situación que no deja de mostrar tal y como es. La mentira se vale de ilusiones para esperanzar al incauto con la carnada que tiene ensartada el anzuelo con el que habrá de ser "pescado" una vez que lo muerda, atraído por algo que cree le beneficiará o le hará bien, siendo que en la realidad, es lo contrario. Por supuesto, alguna secta logró que centenares de personas comieran alimentos envenenados, creyéndolos buenos, y murieran, todo porque el predicador de la secta -uno de estos miles de "mesias a pilas"- creía que venía el fin del mundo al día siguiente y, con tal drástica medida "se llevaría a "sus" elegidos a "su" cielo..." Hubiera sido una estafa si es que él mismo no se hubiera envenenado con "sus elegidos", cosa que hizo. Este orate creyó su propia mentira y fue víctima, como los demás, de su propia estafa. Alguien lo podrá titular de locura, pero siendo la locura una palabra tan amplia, general y tan incierta, es preferible pensar que el mentiroso comenzó y terminó siendo víctima de su mentira; o mejor: Creyó ver la verdad en un delirio y no se molestó en razonar demasiado; o lo razonó demasiado, tanto que terminó desconfiando a "ciencia cierta" de la verdad, y confiando "a ciegas" en el delirio. En definitiva y como para no hacer demasiado extenso este pensamiento a media voz, sigo sospechando que la mentira no es contraria de la verdad: Simplemente es su reflejo deformado. Y mientras la verdad edifica y alegra, la mentira arruina y entristece. Mientras la verdad puede doler, como esclarecimiento de una situación ilusoria; y ese esclarecimiento trae posterior beneficio que hubiera sido perjuicio si no se aclaraba la ilusión, la mentira alimenta esa ilusión a sabiendas de que, finalmente, provocará un dolor y un sufrimiento que, o bien será dificil reparar, o bien será irreparable. Mientras la verdad mantiene la regla y mantiene lo dicho, lo prometido, la mentira cambia el reglamento en medio del partido... Y toda excusa, todo pretexto le parece una razón inobjetable (¿?) La verdad no arroja culpas a otros ni pretende hacer decir a alguien lo que jamás dijo. Se presenta tal y como es. Con muchas palabras o con pocas y, a veces, silenciosamente. No necesita hacer ruido. La mentira vive de lo que los sicólogos llaman "proyección": Es el otro el que hace lo que yo estoy haciendo, no yo. El otro porta mis culpas... En este caso, el otro es la verdad. Claro que, cuando se somete a prueba, la distorsión no se debe a la verdad, que hubiera desmantelado la falsa ilusión, sino a la mentira que, a sabiendas de la falsedad de ese reflejo, igualmente alimenta la ilusión... La mentira y el mentiroso/a. La verdad no necesita socios, partidarios ni cómplices: Se muestra sola, tal como es. Vive de sí misma. Por supuesto que puede tener millones de partidarios y predicadores... pero en el último caso, si se queda sola, no deja de ser verdad. La mentira necesita de cómplices, máscaras, maquillajes, apariencias, excusas, escondites, coartadas, partidarios, "justificaciones" (sencillas o alambicadas). De no tenerlos, queda en evidencia y, al quedar en evidencia, ese objeto disfrazado de verdad se vuelve una triste mentira. Aunque admito que este cúmulo de palabras sólo es una sospecha... Quizá todo esto sea mentira...
Usted ¿qué opina? LA INCÓGNITA
¿A qué huelen las mañanas los jardines los insomnios si no estás aquí?
¿Cuáles son los colores que visten los atardeceres sin el arcoiris que les presta tu mirar?
¿Qué sonidos trae el viento qué trinos qué ladridos si tu voz no suena al lado mío?
¿A dónde irá la paz del roble, quién apacentará las ovejas del agua en el largo recorrido del arroyo y quién, dime, quién guardará en una caja el eco del aplauso interminable de las hojas en las copas de los árboles, si tus manos están ausentes?
¿Qué será de la noche con su orfandad de siglos y su lejanía de estrellas si no me abrazan tus brazos ni tus sueños me sueñan?
Ezequiel Olivary IMPOSIBLE SIN TI...Qué hermoso es el mar que visita a cada instante con sus ondas bravas las escolleras de tu puerto. Cómo no adivinar que las arenas son doradas en tu playa y no blanquinegras, como el plumaje de las gaviotas que allí toman reposo. Timón que tu barca guía hacia las costas otrora lejanas y hoy a la vista, aquende el mar, fuerte como la pasión y recto en la marcha como el mismísimo anhelo. Es por eso... porque así eres - y sé que no dejarás de serlo - te faltaré menos que la sal a la espuma de las olas...
Ezequiel Olivary AMOR ETERNO
Del aire recogió una mariposa un niño cierta tarde calurosa de enero. Casi con éxtasis durante un tiempo había observado el vuelo colorido de sus alas libres dibujando sobre el ambiente prístina lluvia de coloridos y suaves destellos. Del aire recogió un niño una mariposa y con amor exultante de las alas suavemente la tomó con sus finos y pequeños dedos. Recorrió el breve trecho la veredita de ladrillos viejos y desnudos que llegaban hasta la puerta del galpón de paredes de adobe y ventanas raídas por los arañazos impíos del tiempo y el descuido. Entre sus dedos, inmóviles las alas coloridas de una mariposa llevaba sujetas un niño, como prenda y objeto de su amor. Tanta devoción por su belleza por su etérea sutileza sentía ese niño, que quizo hacer eterno el instante donde toda esa belleza se derramaba en una criatura tan diminuta.
Y esa eternidad ese eterninstante de la mente infantil convirtió a ese niño en un adulto, presto a calcular el sitio dónde admirar para siempre a su amada mariposa, entre sus dedos fuertemente atrapada. Buscó un frasco, pero pronto pensó que podría de allí escaparse hacia otro cielo. Escudriñó su mirada rapaz por cuatro rincones sin encontrar el consuelo de la seguridad de ser el único dueño de aquella delicada y frágil libertad. Fue entonces cuando lo vio: sobre una repisa, polvoriento, con sus tapas gastadas de olvido, estaba allí ese viejo cuaderno, ignorado durante años. Con una sorda tos de polvo, sacó de la repisa el olvidado cuaderno y al abrirlo vio la página predestinada a escribir el lugar donde reposarían de la libertad aquellas alas que oprimía entre sus dedos. Pensó guardarla sin más cerrando el cuaderno seguro y confiado que esa mariposa siempre se quedaría adentro, esperando el día en que el niño-adulto recordara que allí estaba, para batir sus alas en saludo al ver que sus ojos volvieran a mirarla.
Un niño tomó cuatro alfileres algo oxidadas y torcidas metiendo la mano libre en una lata, pues se percató con disgusto que nerviosa las alas movía, como queriendo volar de nuevo, la aprisionada mariposa. Entonces, - pensó al tomar las cuatro alfileres algo oxidadas y dobladas- ya que no comprendes el significado de la eternidad, comprenderás qué significa mi amor que dejará eternos tus colores para cuando quiera volver a verte con la seguridad de que siempre, siempre estarás allí... Un niño-adulto, con perversa maestría, abrió las alas de la flor voladora y una a una las alfileres, oxidadas y algo dobladas, fue clavando, atravesando las alas para unir la delicada piel a las secas y amarillentas hojas del cuaderno con sus viejos renglones, polvorientos cancerberos.
Una mariposa su agonía temblaba ante los ojos de un niño que en su amor perseverante recitaba en voz baja, monocorde: "Es mentira el aire, el vuelo dura poco, la libertad es ilusión; flores hay por doquier y al morir el día olvidarán tu presencia colorida. Aquí serás eterna, siempre estarás para mí aunque para ello, te mueras"
Y con suavidad, ese niño-viejo, las tapas ajadas y polvorientas del cuaderno fue cerrando hasta asegurarse, satisfecho que al menos una mariposa sería para siempre, eternamente suya, sin posiblidades ya de liberarse del amor perseverante con que a las viejas hojas sus alas había clavado.
Ezequiel Olivary BESO DE COLIBRÍ
Tímido zumbido etéreo aleteo desvaneciéndose en el aire, transpirando colores
que en finas gotas de rocío la brisa gentil sobre las flores esparce como aplica el pincel los colores en el lienzo del artista.
Pequeños ángeles de alas nerviosas y sutil plumaje no es mía esta poesía sino vuestra,
caída de una gota de néctar que en el profundo beso de vuestro pico a las mismas flores habéis robado tan sólo para endulzar mi pluma con vuestra preciosa existencia.
Ezequiel Olivary
EL MIEDOMiedo a las autopistas y las autopsias a la autocensura la autocompasión, la autoestima. Miedo a los autos y a los que los manejan y a los que no saben manejarlos y a los que no saben manejar la vida como yo. Miedo al miedo de tener miedo.
Miedo al dolor que te causa mi dolor y miedo al dolor que me causa el dolor que te causa mi dolor. Miedo al vértigo que te produce mi vértigo y miedo al vértigo mismo de quedarme parado en el vacío. Miedo del tiempo, la ausencia, la muerte que tal vez sean la misma cosa.
Miedo a ser segundo en una carrera de uno sólo. Miedo a volver a ser segundo en una carrera en la que no figuro en la lista.
Miedo de los invitados a la fiesta de la que no soy invitado ni siquiera a estar colado. Miedo de mi confianza en tu desconfianza; Miedo de tu confianza en las palabras ajenas que nunca salen de mi boca pero me traspasan los oidos el corazón, los ojos y la existencia.
Miedo a quedarme existiendo en la inexistencia, afuera. Miedo de no tener más miedo como los muertos que no sienten miedo; como los cobardes que para huir del miedo huyen de la batalla. Como los traidores que para silenciar el miedo abren las puertas del mismo infierno.
Como los violentos que descargan en un insulto un golpe de terror pensando que así matan el miedo, que con una trompada de puños, de boca o de mirada, pueden acallar el pavor de vivir descargándolo sobre el otro. Miedo de los cangrejos que van y vuelven sin moverse de su baldosa de arena; Miedo de los consejos que aconsejan conseguirse un escondite para escapar de tantos miedos y de tantas penas.
Miedo que me mueve hacia adelante hacia Dios o hacia vos. Miedo que me mueve que me empuja a caminar a meterme de comedido en la pelea. Miedo que se alimenta del dolor pasado que me exige y me implora como paradoja de la congoja que mantenga vivo este rincón de universo para mantenerme vivo.
Este rincón de cosmos que se llama sueño.
Ezequiel Olivary UNIVERSO SECUNDARIO
Hay todo un cosmos de pequeñas y sencillas cosas construyéndose evolucionando sobre sus propias lágrimas iluminándose con cada sonrisa.
Hay todo un universo en gestación con la lozanía que no conce el abedul y la delicadeza que envidia la mariposa.
Un cosmos tan rico como frágil. Un cosmos tan lleno de maravilla que podría desaparecer en apenas un instante sin dejar otro rastro que la tristeza inaudita.
Hay un universo que se hace de silencios y se deshace en plegarias. Un universo que puede caber en un bolsillo o, simplemente puede quedar tirado en la calle a merced del viento como la colilla de un cigarrillo que se ha consumido.
Nadie puede cerrar los ojos a todo un pequeño universo escondiédolo a la mirada detrás de un dedo.
Quizá el poeta entendió el universo que estaba latiendo vigorosa y desesperadamente dentro suyo ante la intuición de que una ventana que se cierra enceguece la totalidad de las estrellas:
Un universo de cosas simples pequeñas que son como son y que se aparentan tal y cual son; cosas que estaban allí esperando para ponerse a existir con el tacto de tus manos.
Cosas que serían nada, inexistencia, nunca jamás si una ventana se cierra dejando ciegas a las estrellas.
Ezequiel Olivary |
|
|