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ENVEJECÍA EL SOL
Envejecía el sol de mis abuelos entre resplandores y cansancio de rutinas de amaneceres, atardeceres y nubosos ocultamientos. Milenarias arrugas le han salido al sol de mis abuelos como espejos de mar como olas de fuego. En su cansancio de vejez suspiraba el sol de mis abuelos entre envidioso y admirado: Mientras envejecían sus rayos la tarea de dar luz y se poblaba su piel de lunares explotando en dádivas de calor, el amor amante de mis abuelos seguía amándose en ellos con una sonrisa joven que riéndose del tiempo rejuvenecía a cada día, con cada mirada, con cada beso, renovando el sueño en una luz propia que no necesita de soles ni se cobija en luceros.
Ezequiel Olivary
Fotografía: Carlos Furman. Gentileza de Norha SÓLO LA POESÍA
Aprendí que ser poeta es tener un nombre de clarinete casi como prefijo de una cuarentena de apellidos entre salobres e ilustres que tienten a masticar con fruición a los críticos mientras deslizan opinones -casi místicas celestiales y cavernosas- sobre la obra que bien conocen hasta en sus comas y estridencias pero cuyo sentir les es tan ajeno como a un esquimal las arenas del desierto.
Aprendí que ser poeta es perfumarse y autolisonjearse y radicarse decididamente en un espíritu de vago peregrino que no sabe hacia dónde peregrina pero siempre encuentra una Meca antes que una meta y una pose fotográfica en cada uno de sus acentos y recontrametáforas urdidas sabe Dios cómo a expensas del silencio.
Aprendí que ser poeta es encadenarse pesadamente al gorgoriteo y al manoseo, adjetivarse hasta las pústulas, convertirse en el fantasma del converso, intentar rimar hasta la arritmia y quedar colgado en el flagelo de la métrica como corbata y la canción como tumba de agua para los divinos versos que caen de la cítara de Apolo exactamente sobre la lozana, áurea cabeza.
¿Por qué, me preguntarán, soy entonces poeta? quienes bien saben que detesto más allá del límite de lo detestable la grandulonería del adolescente octogenario y la incongruencia del anciano veinteañero con sus estridencias y contricciones y sus perversidades y animosidades y vanidades y locuacidades y venerabilidades y soledades desoladas de todo desconsuelo mientras se ahogan en champagna los ideales que algún día cazaron al vuelo...
¿Por qué soy entonces poeta?
Porque sé que la poesía no es nada de todo esto. Porque es sangre del paraíso en las venas de alguien que la destila en tinta la respira en palabras la pinta en miradas la esculpe en caricias de fino retoque. Porque sé que el oficio del poeta es el de estar vivo y de no poder comer, ni reir, ni llorar, ni lamer, ni bostezar, ni besar, ni latir si no es en versos.
Y que lo demás... es tan sólo, lo demás que pasa y se evapora y nada nos deja y nada deja que nos deje; porque sólo la poesía cuenta; porque sólo la poesía permanece...
...porque ni la poesía ni el poeta viven al fin de la poesía, sino que viven hechos uno para el otro: El poeta es una multitud de personajes, imagenes y sentimientos que andan por la calle y caminan por algunos huertos metidos en un cuerpo; la poesía es la huella dactilar de las emociones y los pensamientos de una vida, presas impresas en unos versos.
¿Por qué entonces soy poeta?
No me lo pregunten a mí, que al fin de cuentas, no sé nada.
Pregúntenle a mi poesía: es ella quien de mí más sabe y mejor habla. Es ella la que, por fin, cuando yo me vaya, se quedará por esta tierra a velar los huesos limpios de mi muerte muerta...
...porque es la poesía lo que queda...
...porque sólo la poesía permanece...
Ezequiel Olivary
PENSAMIENTOS ENHEBRADOS SOBRE EL HILO DE LA VIDA
La vida es aquí y ahora, es mañana, es eternidad.
El trazo de tu mano que un lápiz sobre el papel deja es mucho más valioso que la estela delgada que pinta el dedo del aire sobre unas nubes, lejos, aunque tu trazo, el papel y esas palabras duren quizá menos que aquellas nubes, lejos.
Recuerda que eres inmortal, aunque tengas un día que cambiar este vestido para seguir adelante el camino.
Pobres de las culebras que se arrastran -entre piedras, dunas y pastizales- sobre su estómago, mientras tus plantas dejan huellas humanas sobre la arena sin importar qué tan rápidamente las borre la mano del agua.
Pobres de los árboles que mueren de pie sin haber podido jamás caminar: Indiferentemente de cómo mueras tienes la sagrada posibilidad de vivir de pie toda tu vida aunque el destino se ensañe, una y otra vez, al ponerte de rodillas.
Vive como si recién comenzaras aunque lleves ocho décadas transitando por el planeta.
Renueva tus sueños, limpia tu mirada, como si todas y cada una de las cosas, las personas, las vivencias, fueran un descubrimiento reciente.
Forja laboriosamente un mundo sin importar qué tan pequeño sea. Fórjalo como si fueras el primer obrero, el primer artista, el primer maestro, el primer utopista.
Y no te equivoques preguntando ¿dónde está la sal de la vida? Que la sal eres tú mismo, cuando, aún herido, sales a repartir alegría.
La vida es aquí y ahora, es mañana y eternidad.
En alcanzar el amor está el sentido de tu historia la meta de tu vida: nos guía al caminar el lejano chisporroteo de una luz a la que llamamos felicidad.
Ezequiel Olivary
SOLSTICIO (O LA SERENA ALEGRÍA DEL AMOR)
Gaviota sin plan de vuelo es carne trémula de la tormenta.
Pregunta el decidor en su trova de oriental vibrar de bordona: Quién pudiera amar después de roto... y la canción le responde desde el fondo del amor: Quién pudiera romperse después de haber amado; que no sale el sol por el oeste ni respetan fronteras los mares por ningún lado.
Paloma triste y sin cielo sólo es espuma para el propio desconsuelo.
Ay, amor, que renuevas las almas hechas en el combate girones Ay, amor, que reparas magullones y restañas la sangre de mil puñaladas; Que jamás la idiotez será tan grande para tapar tu resplandor como su ilusoria picardía con un dedo pretende tapar el sol. Si el ladino confunde naranjas con melones, ay, amor, amor, tú aclaras las miradas y las unes donde el sol a dormir se esconde.
Vuelan libres dos águilas unidas por el aire haciendo de las tardes melodías de un nuevo fuego.
Dice entonces el amor a los amantes: No guarden el llanto (que duele doble) háganlo brisa, háganlo olas del mar y al arrebol vuélvanse arena ipseidad conjugada en besos de silencio, ternuras, esperanzas y tanto, tanto más, que renueven en la misma fragua el ser del ser que desde lo profundo llama a repartir la vida y la gracia, como quien el pan reparte por la mañana.
Parece sonreir la luna, eterna desconocida de los malversadores de sentimientos.
Parece sonreir la luna y mientras argentea el aire su sonrisa le dice al alma, suavemente: Se, simplemente, vos misma.
Se, simplemente, vos misma pero no lo seas a tientas ni al oscuro sino en la diáfana claridad de tu bondad. Se, simplemente, vos misma para que seamos juntos, planeando el aire, corazón trémulo que con el sentir viviente se haga en el horizonte, ni más ni menos, un batiente y azul pedazo de cielo que resista victorioso en la plenitud, la amargura del pantriste de la maledicencia, las estériles aguas de la mendacidad.
Que el amor, dice, vuelve a amar después de roto; Que los renacuajos, dice, jamás se volverán delfines...
Ezequiel Olivary SIN DISTANCIA NI FRONTERAS
Sonrójese el sol enfundado en su antifaz dorado de estrella, entre estallidos y bramidos inaudibles.
Muda espere el llanto la luna colgada en alguna cuerda transparente de noche el baño invisible de lejanas constelaciones.
Mas no hay distancia que el amor salvar no logre, ni sonrisa que no pinte, ni llanto que no apague.
No hay olvido que no quede al rezago, esperando por los pasos que devora el camino de los besos.
Y a todo...
Sonrójese el sol, cuelgue de un hilo la luna báñense las almohadas de la fina lluvia de estrellas que la noche derrama...
Mas no desalienten los enamorados que pronto, al clarear el alba, vidas como besos y besos como soles saldrán al encuentro de las ansias para restañar la sangre de mil combates y acunar entre suaves sones la renacida esperanza recién nacida entre las sábanas del reencuentro.
Ezequiel Olivary
CUANDO PERDER ES GANAR
Siempre las pérdidas, sean de la índole que sean y en las circunstancias que sean, van acompañadas de un hálito negativo, triste, doloroso. En estos días, con celebraciones como la del día de todos los santos, muchos miles de personas, entre quienes me cuento, hemos evocado la pérdida de uno o varios seres queridos. Viene a mi memoria mis abuelos, Rodo cuya vida tronchó un accidente muy tempranamente, mi tía abuela que se fue recientemente y varios amigos que siempre están en mi corazón y en mi memoria. Estas pérdidas son irrecuperables, al menos en esta porción espacio temporal de nuestra existencia. Sólo podemos apelar a la vida que viven con nosotros, presentes en nuestra memoria permanentemente y en nuestro rezo esperanzado. Hay otras pérdidas que son muy menores y que siempre tenemos la tentación eventual de creerlas "todo un acontecimiento" cargado con lo disvalioso de una pérdida. Pero muy pronto, ya sea porque valoramos adecuadamente nuestra realidad, o porque tenemos amigos más sabios que nos edifican a fuerza de sanos consejos, comprendemos que son pérdidas minúsculas, pasajeras y definitivas. Poco durarán en nuestra memoria y serán, en un mes o dos, como el recuerdo borroso de haber encendido un fósforo para darle lumbre al cigarrillo un día cualquiera. No hay ni puede haber comparación. Todos los santos, nuestras pérdidas que rescatamos vivientes en nuestra memoria y llevamos a vivir con nosotros y... todas las otras. Pérdidas tan importantes como quien pierde una moneda de 10 centavos o una partida de ajedrez o de truco gallo... Jugando "por los porotos" en la vida, aprendemos lo que nuestros amigos y mentores nos enseñan: Algunas veces, ciertas pérdidas son tan poco significativas que vienen a representar, al final una ganancia. La ganancia de habernos quitado de encima una mochila de residuos. Y eso es saludable. Y eso fortalece a la hora de contemplar las otras pérdidas, las importantes, y sonreir sabiendo que dignamente viven en nuestra memoria. Y de que somos dignos de llevarlos en ella.
Para quienes han tenido pérdidas importantes, mi respeto. Para quienes ha tenido pérdidas insignificantes... la sonrisa del alivio. No es bueno caminar la vida cargando todos los días una mochila con basura... Y es muy sano y recomendable aliviar nuestros días cargando las pilas de la memoria con la sonrisa de los seres queridos que están caminando su nueva vida, más allá de nuestros pasos, abriéndonos el camino para un futuro y feliz reencuentro donde la felicidad es verdadera y eterna. Mi reconocimiento a quienes saben perder, porque han ganado la esperanza; y a aquellos que saben solidariamente enseñarnos cuándo perder, es ganar...
Ezequiel Olivary
ODA EN TONO DE JODA A LA QUEJA
¿Quién se adueñó del tiempo? De mi tiempo. Porque ya no tengo los habituales por qué de antes, de siempre. Quién escondió la llave en vaya Dios a saber qué maseta dónde... Por qué el candado está con su cerrojo prieto enmohecido. Por qué encanecieron los álamos y las mariposas dejaron ya de posarse en los abultados escotes femeninos. ¿Quién se adueño del espacio? A dónde fueron a parar tantos versos que no caben en la Biblioteca Nacional. Cómo es que las guirnaldas resultan menos cautivantes que las lágrimas o que la ruleta. Cómo es que ha engordado el mundo de flacas. Los rincones que fueran redondeados por la erosión lacerante del ocio han desaparecido con su poesía. Cómo es que ahora de un golpe, al pasar, nos enteramos que no habitamos que no transitamos que somos dentro de una burbuja presos del espacio-tiempo y más, esclavos de nuestra limitación.
Hay que detenerse entonces abrir las persianas sacar la cabeza a la calle con el fin de no dejárnosla olvidada como herencia para el basurero. Sacar la cabeza, si, como el bicho canasto luego de la lluvia como Galileo o Luis XVI o Lavoisier aún a riesgo de perderla. Intentar aunque más no se pueda violar con el pene de la curiosidad el velo de esta burbuja espacio-temporal que nos está asfixiando y ver, ver, ver...
Sucedió antes de que alguien decretara cuándo era antes y cuándo después, que hubo hombres que crearon, que hubo hombres que creyeron, que hubo hombres que recrearon; que hubo hombres, en fin dispuestos honestos buceadores, navegantes sin velas de lo desconocido.
Sucede ahora que es hoy, más después que cualquier después decretado, que no nos hemos podido sacudir las sogas, que nos pesan ellos con su sombra, con lo que dejaron y permanecen. Estarán cenicientos en sus despojos, olvidados en el pasado, o flotando inmersos en una lápida; estarán ahí acechándonos con su obra, sin que nosotros nuevamente agobiados no podamos hacerla nuestra o, al menos, miserablemente deshacer la de ellos. He aquí esta civilización de masturbadores redio-televisivos-informatizados pseudoglobalizados de héroes del pasado. He aquí esta generación de impotentes de conciencia, de ciencia y de grandezas.
(Aquellos parecen haber echado cerrojo para este siglo de ruines, ruinas y mezquindad. No nos bastó Sedán que salimos corriendo a humillar la raza humana en Auschwitz, Terezin o Hiroshima; pero no nos era posible la belleza así que inventamos Viet-nam y el pozo de Banfield.)
En lugar de ser haedas nos transformamos en cómodos delatores para ser luego conspícuos funcionarios. Así es que nuestra cultura se embaraza de Rimbaud y pare mil Warhols... ¡Lloverá fuego! - gritó un predicador a pilas. ¡Lloverá sangre! - aulló un terrorista de wall street. ¡Lloverá mierda!... Nos lloveremos encima... Y no contentos con la desgracia y no conformes con la podredumbre abriremos la garganta anal de este siglo... ¡y les lloveremos encima a los del venidero!
O no.
Puede que no, más nos vale que no. Que somos tontos pero no tanto. Que existen tontos pero no tantos. Quizá en lugar de aplastar nuestras caras contra la pared curvada de esta existencia patinosa de hoy podamos curiosear de antemano un futuro, un buen futuro. No podemos prohijar el infortunio y eternizarnos en esta nada binaria -tengo, no tengo- sino que podríamos, podemos echar hacia adelante un escupitajo de lilas y mariposas un manojo de palabras que se autoformulen en el aire poesía y nos gobiernen. Cantar nuestras hazañas una vez que derrotemos esta muerte vergonzante de matar a otros de hambre o de guerra o de indiferencia para sumirnos en el inodoro informático con el grito de guerra de esta civilización mentalmente coja y tuerta: ¡No tienes, no existes! No podemos seguir escuchando pelafustanes sembradores de mandrágora canabinácea en los jardines del pueblo hablar muy bronceados y sonrientes de las variables y el ajuste con el que ajustan al esclavo popular los grillos del deshonor diciéndonos: "Tengo; luego, existo."
Este es el problema: ¿Era curvo el espacio-tiempo de nuestra existencia mortal o simplemente se nos está cerrando encima como un pergamino hasta ahogarnos de asco y de mediocridad?
Ezequiel Olivary de "Instantáneas" (1997)
NOTA: Esta oda en joda (y no tanto...) fue escrita una noche de tormenta a principios de 1998 e incluida más tarde con el resto de las poesías que forman parte de "Instantáneas" en su gran mayoría de 1997. Y fue escrita visceralmente, fluyendo torrentoso como un río, sobre el papel. Mil veces estuve tentado de corregirla, pero cada vez que la leo y la recito, siento sensaciones semejantes a las de hace algo más de 10 años atrás... y así queda... ALITERACIONES PROFANAS
Floridas frases falaces alabanza acética aderezada de almizcle; fósforos feroces feneciendo. La iracundia iraní imaginable desbordándose, desdoblándose sobre el desdoro americano desnudando el esqueleto amerindio para que su calavérica sonrisa de agudo filo traspase los siglos venideros venganza de los vencidos sobre el vicio de los vencedores. Aún así los sonetos sonámbulos transitan el alféizar de la literatura letra y arte, literarte, letras hartas de patinar en alevosas aliteraciones y regurgitarnos encima floridas frases falaces finiseculares proferidas ex profeso por profanos profesores dictando, decadentes, la materia matar...
Ezequiel Olivary de "Instantáneas" (1997)
NI ES CIELO NI ES AZUL
Azules, azules; al fin, azules...
Todo lo que toca esta primavera lo vuelve irremediablemente azul. Las piedras, las mujeres, una vieja que pasea su perrito morondanga, un chino, los vidrios de las ventanas. Los piojos son azules, las putas, las fichas de algún casino, las lágrimas de cocodrilo, la constipación, la constelación, los gallos y las calles, los cachetes de los nenes a las siete y cuarenta y cinco, los corchetes, las semifusas y los plomeros desocupados.
¡Al carajo los demás colores!
¡Que las germinaciones y las puteadas sean azules y nosotros más felices!
Ezequiel Olivary de "Instantáneas" (1997) |
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