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UN INSTANTE DE KIERKEGAARD (Incluye videos de obsequio)

 

Uno de los pensadores sentientes más importantes, para mi forma de ver la vida, es Sören Kierkegaard.

El danés, conocido por su "etiqueta" de existencialista -como siempre, etiqueta puesta por otros y que, seguramente, él rechazaría con cierto rictus de asco, como se rechaza todo lo proveniente de la crítica erudita, que tiende siempre a catalogar con inmejorable espíritu escolar, para que luego todo vaya a parar al polvoriento desván, en el mejor de los casos- ha planteado cuestiones radicales dentro del pensamiento filosófico de los últimos 200 años, pero de un modo casi novelesco.

No me interesa "descubrir" a Kierkegaard, sino compartir un rato placentero y reflexivo de lectura guiados por su mano.

No es la verdad revelada ni mucho menos... es el pensamiento-sentiente de un hombre que escribe desde las entrañas, pero sin que se le caiga la cabeza del cuello...

Una acotación antes de la transcripción:

Este es sólo un pequeño fragmento introductorio de su obra y, por lo tanto, ruego que no se lo juzgue descontextualizado. La obra es "El amor y la religión", escrito desde la ¿obsesión? de este brillante dinamarqués luterano a partir de su propia experiencia vital, pendulando casi sin cesar entre lo-inmediato y lo-mediato, entre lo-ético y lo-estético, lo-cómico y lo-trágico. Para este aprendiz de poeta que siempre he sido, el descubrimiento de Kierkegaard, hace ya más de 10 años no sólo es felizmente ácido y curativamente urticante, sino un punto de partida renovado para ver y vivenciar o, cuanto menos, hallarle algún matiz diferente.

 

Por cierto, y aunque se oponga mi terapeuta, éste es mi segundo mejor antidepresivo (el primero evitaré revelarlo) -como todo medicamento, en su justa dosis- y un entretenimiento mucho más alimenticio que "Los Simpson´s" ...

Los dejo con el bueno de Sören que, afortunadamente, no tiene contraindicaciones (creo...).

 

 

"No obstante, como ya dije, el erotismo no me interesa mucho. Lo he utilizado, como Constantino Constantinius trató de hacerlo en una obra [...], ensayo que no tuvo éxito, porque no salía de la estética. El conflicto que resulta del hecho de que un hombre se vuelva poeta gracias a una niña y que a causa de eso, no pueda llegar a ser su marido, pertenece al campo interno de la estética. Por lo demás, este mismo conflicto sólo puede provocar la inquietud de un joven y no comprendo por qué C. C. oculta al joven lo que todo profesional ve fácilmente, que el conflicto puede ser resuelto sin dificultad: Que se case con ella y no se volverá poeta. Evidentemente esto es lo que teme; hace todo lo contrario, y quizá llegue a serlo. Aún cuando no toda niña pueda hacer de un hombre un poeta, toda mujer puede, sin embargo, impedirle a un hombre que llegue a serlo, si se casa con ella, yo lo garantizo, y sobre todo y mejor que ninguna, una niña que estuviera a punto de hacer de él un poeta, porque las relaciones del poeta con la musa son muy diferentes de las relaciones conyugales, y las musas con todo cuanto les es propio en su calidad de seres sobrenaturales, harán mejor manteniéndose a distancia. Y puesto que para ser de carne y hueso nada es más embarazoso que tener que ser musa, la bienamada hará naturalmente todo lo que pueda para imperdirle convertirse en poeta, y facilitará todos sus ensayos de llegar a ser un verdadero esposo. Todo el conflicto hace el efecto de ser una invención de mi héroe, algo que ha encontrado para decir cosas agradables a la niña. Al decir ésto no tengo el propósito, sin embargo, de ofender a ese joven, pues en su juventud puede hacerlo con mucha gallardía. Pero a mi héroe no podría ocurrírsele semejante idea, porque para eso está demasiado evolucionado. Por eso el malentendido se presenta tanto mejor, es decir, con tanta mayor fuerza.

 

Felizmente, mi héroe no existe fuera de mi hipótesis. No puede estar expuesto a provocar risa en la realidad. Es una gran suerte, pero para mí es mayor suerte aún que mi tarea no llegue a convertirse en el deber de disputar con él, o de sacarlo de sus dificultades dialécticas por medio de la dialéctica. Un personaje así, si existiera realmente, [...] expondría la objeción dialéctica hasta que, poco a poco, encontrara una variante a su favor. Espantarlo con el pathos no serviría tampoco de nada; pues él se jacta también de expresar patéticamente lo más opuesto que haya.

 

Por eso no he tenido en absoluto la intención de querer convencerlo con lo que digo aquí, sino que trato de poner en relieve algo de verdadero en él y en mucho de lo que dice. Lo dejo pasar por lo que es: Un soñador, y un soñador de una especie particular, no sólo porque haya llegado al mundo con algunos siglos de retardo [...] ¿Qué de extraño entonces, que como soñador sea excepcionalmente exaltado, puesto que llegará a sus manos el capital entero con intereses compuestos? Pero no solamente así es un soñador de una especie particular; lo es también en razón de que no es un soñador inmediato, sino gracias a la forma del engaño bajo el cual vive libremente sus ensoñaciones. Éste es un signo del grado de su ensueño, que demuestra que se trata del grado supremo. Un soñador inmediato -y casi todos los que consiguieron renombre pertenecen a esta clase- o bien, se adelantará en el hechizo a través de los obstáculos del mundo entero y tremolará el estandarte de la victoria, o bien pesará sobre la existencia por su sufrimiento; en suma, pese a todo su ensueño, el soñador no puede pasarse sin el mundo. Pero eso no es lo que mi héroe desea, por el contrario, quiere enmascarar su ensueño con ayuda de un aspecto exterior contrario; está tan seguro de sí, que ni siquiera tiene deseos de manifestarlo, o como piensa él, no se atreve a manifestarlo"

 

Sören Kierkegaard "El amor y la religión" -Prólogo-

 

 
 
 
 

TODO CAMINANTE TAN SÓLO ES CAMINO

 

 

 

Un delfín huérfano

           me atraviesa

                                          los mares del alma

para ir a nadar

a la profunda

                                      oscuridad

desde donde dice

                                     presente

tu ausencia de

                                             ayer

tu ausencia

                         de siempre.

 

 

 

 

 

 

 

Desde la playa

           parado

                        junto a las olas

que rompen

una y otra vez

                                      a mis pies

                          miro la lejanía

y me despido

                            para siempre

de aquel que fui

                      contigo.

 

 

 

 

 

 

Ezequiel  Olivary

MIÉRCOLES DE CENIZAS

 

 

¿Lo sentís? ¿La sentís?

Es la tierra

sobre tu piel.

Barro sobre el barro,

cenizas sobre cenizas.

 

Quien vuelve del abismo

cuenta historias

de sal y de piel,

de fríos y silencios.

¿La sientes? ¿Lo sientes?

 

Esta tierra que sos

aquella tierra que soy

mi tierra en tu tierra

esta mi tierra

que llevo dentro.

 

Tierra sobre el agua,

agua en la tierra

formando barro;

el barro que soy y te mira

el barro que sos cuando hablas.

 

¿La sientes? ¿Lo sientes?

Es el suelo temblando

a tus pies de barro;

el barro convertido

en cenizas de tu cielo.

 

Inunda la vida en aluvión

la mirada del que se fue

y recién ayer volvió

de los recónditos parajes

donde la tumba es sol.

 

¿Lo sientes? ¿La sientes?

Trepidando en tu venas

la tierra que te forma

la tierra que te integra

el ser que sos, cuando resucitas...

 

 

 

Ezequiel  Olivary

 

 

 

 

¡QUÉ PAZ!

 

Día soleado

día nublado;

extrovertido

ensimismado.

¡Qué paz!

¡Qué paz!

 

La fugacidad de las horas

se transforma en oleaje

de tiempo subjetivo

recuerdos de sol

que se abren paso

entre nubes oscuras

y regalan sonrisas.

 

Día soleado

día nublado;

extrovertido,

ensimismado.

¡Qué paz!

¡Qué paz!

 

Juegan con el aire

las rimas

que escribir no quise

nunca jamás

desde que escribo.

Dentro, un corazón

late y latiendo

me dice incesante

"la vida recién empieza"

y miro al cielo

blancos cirrus viajeros

simpáticas estrellas

con sus crones a cuestas.

 

Día soleado,

día nublado;

extrovertido,

ensimismado.

¡Qué paz!

¡Qué paz!

 

 

 

Ezequiel  Olivary

TE ENCUENTRO REENCUENTRO

 

 

 

Entre brumas

o en un día soleado.

En un camino de espuma

o de cristales rotos

descalzo

te encuentro reencuentro

amor insepulto

amor una y otra vez

victorioso, resucitado.

 

Entre intentos y lamentos

incertidumbres y esperanza;

en cada estrella del firmamento

y en todas las sonrisas

tu sonrisa diáfana

espléndida, constelada,

emergiendo incesantemente

tu sonreir sincero y desnudo

te encuentro reencuentro

amor de niños

amor de adulto

amor una y otra vez

amado hasta las fronteras del dolor.

 

Entre ansias y distancias,

versos y suspiros,

en cada cotidiana tarea

en cada viaje suburbano

y su muchedumbre implacable

como corriente del río,

hallo tus ojos mirándome

y en ellos te hallo y me hallo

y así, sin pausa ni resistencia posible

te encuentro reencuentro

en la ilusión que permanece

en el sueño que sueño y que crece

y en este amor amado

que jamás podrá ser olvidado

porque late con mi corazón

y se vuelca a correr por mis venas

en incansables gotas de paraíso.

 

 

Ezequiel  Olivary

MI CIELO

 

 

 

Mi cielo
se ha llenado de estrellas
con el fulgor de una sola.

 

 

 


 

Mis manos
en silencio acarician
en el aire
la forma de un cuerpo
cuya piel intuyen
tan finamente
que parecen sentir
que la están tocando.


Mi cielo
se ha llenado de sol
aún en la oscuridad de la noche
sorbiendo la serena paz
del rocío
como mi boca
querría sorber cada beso
de tu boca líquida.


Y no es posible dormir
sin soñar la pulpa
de tus labios,
la caricia de tus ojos
cuando miran,
o la miel astringente que destila
suavemente tu sexo
temblando desamparado
entre mil caricias.


No es posible dormir
porque se duerme para soñar
y yo, con tu amor,
pequeña mía,
sueño despierto.

 

 

 

Ezequiel  Olivary

 

 

QUIZÁ TU SONRISA

 

Luz o resplandor;

imagen o reflejo;

sueño o realidad;

otoño o primavera;

quizá tu sonrisa.

 

 

Verde pradera

o azul marino;

farola, caracola,

o acantilado;

viento, brisa

o simple quietud;

quizá tu sonrisa.

 

 

Entre los brazos

de tus abrazos

juega el niño

que fui algún día

a la luz de tu sonrisa.

 

 

 

Ezequiel  Olivary

 

SUEÑO Y VIGILIA

 

En la oscura noche,

entrecierro los ojos

y detrás de las estrellas

emerge del pálpito de luz

luciérnaga

tu rostro.

En medio del día

con sus avatares

vueltas, idas, vueltas,

detengo la mirada

en un punto del horizonte

hacia sabe Dios dónde,

hacia el lugar que sé yo

dónde, el lugar

desde el que miran

esos, tus ojos.

Desde el corazón,

de mañana o madrugada,

del buen humor

o el malhumor,

la dulzura o la aspereza,

tengo la piel de cereza

de sólo sentir

el roce de tus dedos

la caricia de tu aliento.

Y cuando abro por fin los ojos

se que no estoy despierto,

que gracias a tu presencia

vive en mi vigilia

el más bonito de los sueños.

Ezequiel  Olivary

"EL FIN DEL MUNDO ES UNA MUJER QUE SE DESPIERTA...!!" (La Sonámbula)

 

El trailler de esta fantástica (nunca mejor dicho) e inteligente película nacional no cayó de casualidad aquí. Una parte fue filmada en el lugar en el que nací (casi irreconocible por los montajes y efectos, pero no para mi...).

Recordé, siendo hoy el "día de la madre" en Argentina, mi lugar y con él, recordé esta peli (que tuve la suerte de ver 3 veces y no me cansaré jamás de verla, como me pasa con "Moebius" o "El lado oscuro..." por ejemplo), filmada parcialmente en mi tierra.

9 meses de vida en un mundo feliz, en una paz "amniótica", protegido, cuidado; el descanso feliz de 9 meses del primer mundo, de la llegada suave a la vida... acompañada por el fin del mundo... de ese primer mundo, para salir a este mundo, a esta segunda etapa donde hay que trabajar por la paz, que no se da mansamente y por la felicidad, que ya no nos mece suave en el claustro materno.

La mujer se despierta.

La vida se despierta.

Allí, en ese lugar e instante, es el fin del mundo.

Del mundo amniótico y placentero, de ser dentro de un ser, vivir dentro de una vida... para salir a vivir solos esta segunda vida, este segundo mundo del que nos despertaremos a su turno, en otro parto, en otro despertar (algunos le llaman muerte...).

 

¡¡El fin del mundo es una mujer que se despierta...!!... (dice el guión)

 

El comienzo de la vida es una madre que da a la luz, un inicio de mundo nuevo para un ser: El hijo.

¡Bendito despertar, entonces!

Y feliz día a todas las madres, comenzando por la mía.

 

  

 

Por cierto, casi lo olvido.

No existen ni existieron nunca los "hijos de puta"... Eso es una mentira, una tontería...

Cuando una mujer se despierta a la maternidad, aunque se dedique "a lo que se dedique", es por encima de cualquier otra cosa, encima de cualquier historia de vida, MADRE.

Somos hijos.

Buenos o malos. Mediocres o geniales. Rastreros u honorables.

 

Pero todos somos hijos, a secas:     HIJOS DE MADRE

 

Ese despertar, para muchas personas, es el momento más digno de la vida.

 

Para otras, el más brillante de una vida ya digna.

 

Es que ese mundo que termina cuando la mujer se despierta, cuando el hijo ve la luz del día, es ni más ni menos que un pedazo de vida que se une a otro pedazo de vida por un puente.

 

Ese puente, que todo lo lava y todo lo dignifica, se llama maternidad.

 

¡Feliz día madres!...

¡Feliz despertar!...

 

De parte de un hijo que ha tenido un delicioso fin del mundo...

 

QUIZÁ RAYUELA

 

Durante la noche

pareciera dormir el sol

su cansado sueño

de mediodías sucesivos.

 

 

Durante el día

juega a las escondidas

la luna

trepada sabe Dios

a cuales nubes.

 

 

Durante el dolor

juega rayuelas el alma

y sonriendo parece decir

que entre estar

y no estar

entre pasos y saltos

no está tan lejos el cielo

ni duerme el sol siestas

ni la luna conoce el tacto

sutil de la nubes.

 

 

Así

mientras parece que duerme

navega el sol los cielos

y al fondo de la negra noche

ante sus rayos

miles de estrellas

se desvanecen

ignorantes del tic tac

de las horas.

 

 

Es al final una rayuela

esta vida

en la que pasamos

y saltamos

y reimos

y lloramos

mientras que,

jugando con el sol,

al cielo nos acercamos.

 

 

 

Ezequiel  Olivary

 

PERFUME DE MUJER

 

Inmóvil el aire

como si el susurro

de la ventisca

sólo existiera

en la imaginación

de un delirante.

 

Así, en suspenso,

la madrugada

se aletarga sin quererlo

y con un suspiro tenue

exhala una fantasía

ligerísima fragancia.

 

Parece detenido

el tiempo en el aire

mientras el perfume

inunda la mente

con los sutiles colores

que no vemos pero amamos.

 

Así transcurren

las horas como siglos

y todo parece suspendido

como si el universo

anduviera de puntillas

para no despertar nuestro sueño.

 

 

Ezequiel  Olivary

 

 

ILUSIÓN DE NIÑO

 

¿Cómo será el mar? se preguntó la criatura, acostumbrados sus pies al verde pasto de la pradera.

¿Cómo serán las olas? ¿Tendrán espumas las olas, como dicen los viejos?

¿Serán azules, verdes, grises con destellos bermejos?

¿Cómo será el mar? se preguntó la criatura, mientras sus manos nadaban en el aire, como jugando con invisibles mariposas.

¿Será, quizá, como este cielo que no termina nunca en ningún lado y no puedo saber dónde es que comienza? ¿Será así de cambiante, a veces color de sueños, otras del color plomo de las pesadillas? ¿Hacia dónde lloverá el mar cuando llora su sal?

¿Hacia dónde lloverá el mar?

Porque el cielo llueve sobre las cabezas, y los arcoiris no se mojan, cuando parece que los girasoles no se secan. Porque las gotas de lluvia son, a veces, tímidas lágrimas y otras llantos de desconsuelo; pero el mar ¿hacia dónde llueve? ¿Cómo es que llora, si no llora como el cielo?

Que va y que viene, me dicen; y dicen que a veces acaricia y a veces golpea. Dicen que se ven a veces, entre la piel cristalina del agua, como borbollones de sangre o de plata los peces, dicen... Pero en el aire no hay peces y en este campo sólo vacas, algunas ovejas, el caballo de mi abuelo y algunas vecinas viejas que en el pueblo cuentan historias aún más añejas.

Y quiero ver el mar. Pero ¿cómo será el mar?

No se si amarlo o temerlo. ¿Cómo será el mar que de tan lejos ni siquiera puedo verlo?

Algunas noches, en sueños, salta la criatura entre olas de alambre de cristal que se deshacen entre sus manos y se esparcen en su cuerpo, cubriéndolo de una blanca llovizna de nube que pareciera reflejar la sonrisa del viento.

Algunas noches, en sueños, se sumerge en el mar la criatura y sueña con los ojos abiertos y una sonora risa infantil, que está nadando y nadando...

Sueña quizá, que está nadando en el mar de sus sueños.

 

 

Ezequiel  Olivary

 

INMENSIDAD

 

¿Qué se hace

con una diáfana mañana

cuando se busca una nube

y apenas se ve una

lejana?

 

¿Qué se hace

con las estrellas de la noche

que parecen parpadear tan cerca

cuando su luz brillante devoró ya

el tiempo?

 

¡Qué torpes

los ojos a veces, cómo cansan las mañanas!

Entrar y salir desde los rincones del alma

salir y entrar desde la recóndita esperanza

como si nada.

 

¿Cómo hacer

para que no se despegue del pecho

el corazón que llevamos dentro,

cómo para no soñar cada día desde dentro

del sueño?

 

Hay días propicios

en que las gotas son risas suspendidas

y días nefastos en que los dolores duelen

y morimos una muerte sin perder la vida

y sin saber cómo.

 

Hay días

en que no puedo dejar de ser yo

aunque me obstine en un no-yo ficticio

y así, queriendo querer me pego un tiro

de viento

 

Ezequiel   Olivary

EL PADRENUESTRO: LA FILIACIÓN DIVINA LIBRA DEL DESCONSUELO Y LA DESESPERACIÓN

 

"[...] ¿cómo sé que esto es mi mano? ¿sé también en este caso qué significa exactamente decir que es mi mano? -Cuando digo ¿cómo lo sé?, no quiero decir que dude lo más mínimo. Hay aquí un fundamento de toda mi actuación. Pero me parece que está mal expresado con las palabras "sé..."

De hecho, ¿no está, en líneas generales, completamente equivocado el uso de la palabra "saber" como término filosófico? Si "saber" tiene este interés, ¿por qué no ha de tenerlo "estar seguro"? Aparentemente, porque sería excesivamente subjetivo. Pero, ¿no es el saber igualmente subjetivo? ¿No nos confunde la peculiaridad gramatical de que "p" se siga de "sé que p"?

"creo saberlo" no ha de expresar necesariamente un grado menor de certeza. -De acuerdo, pero no queremos expresar ninguna seguridad subjetiva, ni siquiera la mayor de ellas, sino que algunas proposiciones parecen yacer en el fondo de toda pregunta y todo pensamiento"

 

Ludwig Wittgenstein "Sobre la certeza" (414-415)

 

 

 

 

PRELUDIO

Alguna vez estuve tentado a dejar algunas observaciones personales acerca de la visión de Kierkegaard sobre la desesperación, mas no quise hacerlo finalmente tal como en principio había planeado porque es necesario previamente plasmar la esperanza como conteste a la desesperación. Y si bien Kiekegaard es un pensador que mueve a la esperanza, el no tener un contrapunto patente puede llevar a considerar lo contrario en la descontextualización de su pensamiento.

He decidido recurrir, en primera instancia, a un texto que, además de moverme una y otra vez a la reflexión, me inclina hacia la esperanza, es decir, a la salida positiva de la desesperación, que gran parte de la humanidad de este tiempo vive -y me incluye, por cierto-.

En nuestro tiempo, los vínculos entre personas, por demás complejos desde que el hombre es tal, parecen haberse debilitado al compás del crecimiento de un egocentrismo dificilmente concebible en un momento como el actual, en el apogeo tecnológico de la civilización.

 

ESCENARIO

Durante diversas épocas, en distintos estadios y entre distintas etnias, la cultura, y la tecnología como parte de ésta, ha crecido a la sombra del enriquecimiento de la complejización de los vínculos interpersonales.

La evolución cultural, que no ha cesado y es cada vez más acelerada desde hace algo más de 8000 años parece dar matiz de contraste a una evolución biológica que, aparentemente, no ha sufrido modificación en el transcurso de estos últimos 8 o 9 milenios (y más también).

La evolución cultural parece estar sujeta indisimulablemente a "pequeños" torbellinos a los que podemos denominar revoluciones, quiebres más o menos paulatinos en la continuidad histórica, presentes claramente -y a veces no tanto- en importantes períodos de crisis del desarrollo de las sociedades humanas. Quiebres en la inercia de la continuidad histórica del desarrollo humano que,en todos o al menos la abrumadora mayoría de los casos, representaron y representan una retro-alimentación positiva, tanto en cuanto a pautas culturales como al desarrollo mismo de la humanidad, en cuanto sociedad y en cuanto individualidad.

La transición de un "ego colectivo" (que podemos apreciar, no sin críticas, explicado muy coherentemente en algunos trabajos, como los de Claude Levi-Strauss tanto como en Carlos Jung, por citar apenas dos ejemplos) ha ido dando paso, al ritmo de esta retro-alimentación positiva, al ego individual o si se prefiere al ego individuado (que me parece a mi más apropiado, ya que es ego-situado y no sólo ego inmanente enunciado); este ego individuado ya no se conforma como hace quizá 10 o 12 milenios atrás con identificarse con un todo social o grupal en lo vincular, casi como algo natural, sino que necesita, busca, requiere, establecer vínculos cada vez más complejos y singulares con otros egos individuados.

De tal relación, el hombre ha ido abandonando una cosmogonía arquetípica, propia del "ego colectivo" para ir, justamente, situándose en una relación personal con Dios y en un vínculo múltiple y diverso entre los demás individuos y Dios.

Este hombre civilizado que comienza a establecer referencias y pertenencias en cuanto a la relación social y en cuanto a la construcción de su mentalidad, de su personalidad, con los individuos más cercanos. Este hombre que busca y expresa su búsqueda en lo cotidiano de la referencia a un vínculo paternal humano y la trascendencia en el vínculo paternal con Dios. Un Dios que de ser oscura entelequia y fuerza natural bruta, pasa a ser una multitud de personificaciones zoomorfas y antropomorfas, hasta revelarse en la plenitud del Creador. Propiamente Hacedor de la creación, del existenciario universal y Padre de la humanidad: Humanidad entendida como colectivo de seres humanos y entendida, también, como dignidad inherente al individuo, a la persona humana individuada.

Humanidad que en el devenir histórico va ganando en consciencia acerca del mundo natural y el fragmento al que hace "su" mundo. Pero un hombre que, a diferencia de los antecesores en la filogenia, no permanece casi inmutable durante centenares de milenios repitiendo rutinariamente algunas pautas técnicas y culturales, sino que las diversifica y las recrea al son de su crecimiento de consciencia (y conciencia).

Y ese desarrollo evolutivo de la consciencia, individual y social, dentro del marco, dentro del fluir del desarrollo tecnológico es empujado a la vez que empuja a cambios revolucionarios, a presiones críticas de quiebre histórico más allá de la respuesta al medio natural y sus necesidades (a los que están esclavizadas las demás especies biológicas, incluidas la "resistentes" cucarachas...).

El hombre, en los distintos estadios de nuestra acelerada evolución cultural de los últimos 9 milenios, ha ido dando diversas respuestas adaptativas a esos cambios, confirmando la retro-alimentación positiva en la interacción hombre-tecnología, hombre-cultura. Pero también ha ido dando respuestas en el sentido de la búsqueda de lo-sobrenatural, en la búsqueda del Padre que, no solamente es "su" padre, sino el Padre de todo.

 

 

ACTORES

El "ego colectivo", inmerso en el pensamiento arquetípico o el pensamiento mágico, dificilmente se preocupara por establecer o identificar un "yo" o un "tú" o un "nosotros": El "nosotros" era equivalente al "yo" (según algunos investigadores, aún existen pequeños grupos étnicos que se encuentran inmersos en esta forma de concebirse humanos, indistintamente que queramos o no hacer una crítica, no sin ironía, al comportamiento de las masas en distintos momentos históricos de los 3 siglos recientemente pasados y aún del que va transcurriendo en su inicio).

En tales circunstancias, el evento sobrehumano, respondía a fuerzas ignotas, atribuíbles a la naturaleza no muy bien conocida (¿la conocemos hoy mejor...?), gobernada por una especie de espíritu bravío al que se podía tener acceso remoto mediante ciertas prácticas rituales.

Pero el ego colectivo, dedicado a estas eventuales o rutinarias prácticas rituales arquetípicas, no identificaba un Padre ni buscaba una relación personal con el Padre, ya que para eso, el requisito fundamental es reconocerse ego individuado: Me reconozco y te reconozco, con lo cual nos reconocemos en semejanzas y diferencias que permiten identificar un "tú" y un "yo" en la relación y el nacimiento, crecimiento y desarrollo de un vínculo entrambos. Aún, el ego colectivo era también un ego que muy primariamente se podía diferenciar de un "todo natural", una identificación del hombre con el medio, con la naturaleza en un vínculo de unidad mágica, inexplicable por cuanto indiscernible.

Me detengo aquí, ex-profeso, sobre un fragmento del pensamiento de Martin Buber que permite delimitar, acotar con algo más de claridad el deslinde de este asunto.

Dirá:    "Cada particular abre una perspectiva sobre el eterno; mediante cada particular la palabra primordial se dirige al eterno. A través de esa relación del de todos los seres se realizan y dejan de realizarse las relaciones entre ellos: el innato se realiza en cada relación y no se consuma en ninguna. Sólo se consuma plenamente en la relación directa con el único que, por su naturaleza, jamás puede convertir en Ello.

Los hombres han dado muchos nombres a su Tú eterno. Cuando cantaban a aquel al cual daban uno de esos nombres, era siempre en el en quien pensaban; los primeros mitos fueron himnos de alabanza. Luego los nombres entraron en el lenguaje del Ello; los hombres sen han sentido más y más empujados a reflexionar sobre su Tú eterno y a hablarlo como a un Ello. Pero todos los nombres de Dios son santificados, porque al pronunciarlos no solamente se habla de El, sino también se le habla." (M. Buber "Yo y tú") (los resaltados son propios).

El desarrollo evolutivo de las culturas humanas, el crecimiento en diversidad (y no sólo en pluralidad) y en diversidad de conciencias individuadas, no sólo extrae al hombre de esa "paz amniótica" o espiritualmente "fetal", sino que lo somete a la realidad, como conocimiento y como desafío. Quizá esto haya movido a muchos a una "nausea" y a otros a una vuelta temerosa a la irracionalidad...

Sea como fuera, es imposible negar que los vínculos interpersonales, el crecimiento de la conciencia propia y del reconocimiento y construcción vincular con el otro y los otros han despertado a lo largo de los siglos -y los han acentuados- dos sentimientos aparentemente encontrados: Por un lado el descubrimiento de la revelación divina, personal, en diálogo con el hombre. Por otro lado la angustia de la individualidad frente a un enorme cosmos natural del que ya no es parte -como en la mentalidad arquetípica primitiva del "ego colectivo"- sino en el que está inmerso como consciencia y conciencia individual situada.

De este aparente encuentro (contradicción) el hombre se ve y se experimenta a sí mismo en un sí-mismo a la vez que en un no-sí-mismo. Y experimenta que su sí-mismo no es Dios, por un lado, y que las cosas (el existenciario, para ser más general) no poseen un sí-mismo, sino que padecen la postración de la ceguera ontológica de todo existenciario carente de conciencia.

Responde el hombre con su desesperación en el intento por equilibrar sus sentimientos y su situación en ese diálogo de mediato-inmediato del que nos hablara amablemente Kierkegaard.

El equilibrio en esa dialéctica de la desesperación lo pone la presencia de Dios (como el Tú universal de Buber): Un Ser que no cambia, Eterno, Creador, Increado, es un Ser Libre y, por lo tanto, en el diálogo desde su inmediatez a la mediatez el hombre se halla con ese Tú universal, con Dios, en diálogo personal y, por lo tanto, se halla buscador de la Libertad. El hombre comienza a transitar en el el desarrollo de su conciencia su propio ser-para-la-Libertad como respuesta al Ser-Libre-Dios.

Búsqueda y respuesta que, lejos de ser individual por exclusión, es un continuo relacionarse entre el individuo y el colectivo: Necesariamente esa búsqueda, ese ser-para-la-Libertad requiere del otro, del alter-ego, del tú. Y en la multiplicidad del tú, el nosotros.

Y no es una mera búsqueda social del nosotros, es una búsqueda trascendente que le dé sentido al vínculo y de hecho a la propia vida, a la propia existencia, ni más ni menos. En una búsqueda nuestra: Mía, tuya, suya...

 

 

TRAMA

Así planteado, este hombre en devenir; este colectivo en devenir permanente, se encuentra frente a disyuntivas de diverso calibre y de diversa connotación. Disyuntivas que van más allá de su existir-subsistir y que buscan hallar una respuesta tranquilizadora en su ser-trascender.

Lo que en la extensión de la evolución cultural había sido "la cosa", "la herramienta", comienza a transformarse en los últimos tres siglos, en un equivalente al tú: Así la tecnología comienza a suplantar paulatinamente a la búsqueda de una dialéctica equilibrada en el vínculo humano (de tú a tú) y en el vínculo sobrenatural (Dios y yo; Dios y nosotros).

El desarrollo comienza a volverse un fin en si mismo para dejar paso, también paulatinamente, a los valores abstractos que representan ese desarrollo: Dinero, comodidad, objetos...

Y esos objetos comienzan a sustituir o al menos a deformar, primeramente, la relación vincular entre Dios persona y la personalidad individuada, afectando a la relación entre Dios y la comunidad de individualidades. Luego -no necesariamente apelando a correlato temporal al decir "luego"- el "desarrollo" o sus abstracciones, comienzan a deformar el vínculo interpersonal, haciéndolo accesorio al fin en sí mismo que se ha transformado el poseer.

Relacionarse se vuelve poseer.

El otro, el tú, comienza a ser visto y experimentado como una cosa.

Claro es que la esclavitud es antigua y esta visión-experiencia humanas son propias de los "vínculos" de esclavitud. No ha nacido esta relación con la explosión industrial de los últimos siglos.

Pero se ha "renovado", ha ganado en sutileza; se ha vuelto alambicada e "incruenta"...

El tú es solamente un objeto del que el individuo se vale en la búsqueda del objeto que ha transformado en su fin y del cual, el tú, se ha hecho accesorio: Dinero, poder, placer, ascendiente, fama...

Así, si el tú no se conforma a la búsqueda del individuo, éste lo "suprime"... (Puede ser una supresión sistemática y violenta de una colectividad o puede ser una multitud de supresiones individuales cotidianas... para el caso, son harina del mismo molino).

Y esa supresión del tú -o esa suplantación vincular si se quiere ir al extremo, cosa a la que me resisto- con la deformación del vínculo, hace a la desnaturalización de éste.

No sólo eso, también transforma a Dios, como Tú, en un objeto. No es ya Padre, sino una entelequia o un dios de bolsillo que siempre nos sonríe y satisface incruentamente nuestros caprichos...

 

 

DRAMA

Esto que aparentemente sería un "problema social" transitorio, como otras tantas miserias del pasado, no es tal. Ni es transitorio -de mantenerse en este contexto- ni es sólo un "problema social" o "de masas".

Es un drama de la personalidad individuada que, al deformar la naturaleza de los vínculos, se retrotrae a estados de conciencia aún anteriores a la mentalidad arquetípica primitiva.

Así, Dios es suplantado como Tú universal por "fuerzas cósmicas" o cualquier entelequia satisfactoria que no arruine la "paz amniótica" de la individualidad caprichosa cuya única búsqueda es el placer o el dinero o el poder, en fin, el "poseer algo"...

No es empero el "poseer algo" un drama en sí. Y no es intrínsecamente mala la posesión de algo. Por el contrario, es natural para el hombre poseer el producto de su creación y su trabajo y resulta justo que así sea.

Cuando esa posesión se vuelve búsqueda como fin en sí mismo; cuando esa posesión es el objeto de todo trabajo y cuando se vuelve "absoluta", comienza el individuo a dejar de poseerse a sí mismo y, paradójicamente, resulta su conciencia esclavizada, poseída por la cosa y aún, la fantasía de la cosa maquillada como "valor".

Esta necesidad de posesión, convertida ahora en obsesión, desplaza al tú y al nosotros, sumergiendo al Tú universal, a Dios, en una lejanía pasiva sino en una inexistencia.

Esto mismo que tendría que paliar la desesperación de la angustia existencial del hombre moderno no hace más que incrementarla. Lo que es peor aún, la vuelve sin sentido y con ello vuelve banal, futil y sin sentido la misma vida del individuo a quien nada ya conforma.

Pasa el individuo de una desesperación con sentido, es decir, la búsqueda de la Libertad como ser-para-la-Libertad en medio de un cosmos en el que se sitúa y re-sitúa, a una búsqueda sin meta, caprichosa y sin sentido. Y una meta que... ¡no lo incluye a sí mismo!...

En el extremo de la individualidad deformada -individualismo, egoísmo- llega, contradictoriamente, a sumergirse en una masa, un "nuevo ego colectivo" que, a carencia de Dios y de cualquier relación sanamente individuada con el otro, se vuelve como el plancton, arrastrado y mecido por las corrientes submarinas del pensamiento mágico, del espíritu atávico por el cual la conciencia ya no pertenece a un sí mismo situado y en diálogo de finito-infinito, sino a un "individuo" ensimismado -contradictoriamente hasta el absurdo- en la postración de no ser sí mismo.

El hombre se vuelve cosa. Aún para sí mismo.

Este suicidio de la autenticidad no se ha dado instantáneamente, ni en lo social ni en lo individual, sino que ha atravesado previamente diversos estadios y aún no se ha consumado totalmente (por fortuna para nuestra especie).

En el drama de esta forma de desesperación, de esta re-inmersión del ser humano en un ego-colectivo informe, la autenticidad debiera surgir como redentora del proceso de esenciar, propiamente humano, que se evidencia en el diálogo de yo-tú, en la dialéctica de mediato-inmediato de la conciencia en sí misma y con alter-ego.

Sin la posibilidad efectiva de esenciar, la pérdida de la autenticidad corre traslado a los vínculos, por lo cual un grupo humano no es una comunidad sino una pluralidad.

La comunidad necesita de valores dinámicos estables y de vínculos auténticos y autentificables. La pluralidad no necesita nada en común ni en particular y no requiere para su existencia más que del factor cuantitativos.

La comunidad requiere de individuos "juntos" o "ligados". En la pluralidad, da lo mismo "juntos" que "revueltos".

Para el individuo en tal situación, la palabra consuelo carece de significado: La derrota, la enfermedad, o cualquier eventualidad negativa, que lo aparte de la ruta de poseer lo sume en un desconsuelo, como angustia extrema debido al sinsentido, imposible de redimir; no hay Quien ofrezca ni efectivamente dé el consuelo. El mismo individuo ha "liquidado" ha "suprimido" al Tú universal, con cuyo diálogo personal el desconsuelo se convertía en esperanza y en renovación del vínculo, en actualización del vínculo y la potencia humana desde la potencia divina hacia la comunidad.

Este condimento de "desconsuelo" de angustia in-extremis, hace que el rumbo y el sentido de la desesperación lleven a la persona humana a despersonalizarse.

Primero se volverá "cool" para poder lograr una aceptación, no ya en una comunidad, sino en una pluralidad, también impersonal y despersonalizada.

Luego se volverá nada, una "bolsa energética" perdida en el cosmos, repitiéndose una y otra vez "yo soy" como si con esa "fórmula mágica" lograra exorcizar el "demonio de la desesperación", pero con lo cual sólo logra hallarse en la evidencia que ni siquiera ese sí-mismo que es se escucha a sí-mismo...

Y el paso final del drama: Sigue los pasos de Nietszche al pronunciar en sus actos diarios una sentencia que marca nuestra época; "Dios ha muerto". Sentencia que contrasta, sin ninguna duda con aquella otra del mismo Nietszche "Ay, de aquel que siembra desiertos!"...

Nadie puede sembrar desiertos viviendo en uno... Lo que si puede, es sembrar con mucho trabajo de vida un pequeño oasis en el desierto en que vive y salir así del desierto... Pero para ello se requiere del otro. Del otro como tú, persona humana y como comunidad, nosotros. Y del otro como Padre, es decir, de Dios.

Y este "otro", Dios, es un "otro" especial: Padre de la comunidad humana, no sólo de un número de especímenes, sino de una mancomunidad de conciencias que se relacionan e interactúan no sólo para sobrevivir en la naturaleza, sino para trascenderla.

¿O es que sólo hacemos ciencia?, ¿Sólo conseguir ventajas tecnológicas para sobrevivir es la meta final del desarrollo y la búsqueda científica?

¿Qué sentido tiene, entonces, la filosofía, que no sirve para moler el trigo ni para levantar un puente?; ¿Qué "utilidad" presta el arte?

¿Para qué los hijos? ¿Para tener que dividir los bienes y el alimento pudiendo evitarlo?

¿Para qué el enamoramiento, si con el contacto sexual es suficiente y cada cual a su casa?

¿Qué sentido tiene la dignidad humana si sólo fuera una palabra, no puede tocarse ni se compra en ningún shopping, ni puede lucirse, ni da placer a los sentidos?

Estos y otros interrogantes, respondidos como fueran, no hacen más que delatar una necesidad humana: Trascender y compartir.

Somos quienes somos en gran medida gracias a otros.

Lo que ellos han logrado como trascendencia lo han compartido, lejanamente en el tiempo-espacio, con nosotros.

Hoy existen millares de pleitos judiciales por patentes, marcas y registros de propiedad...

El inventor de la rueda, desconocido para nosotros no nos hace juicio por su uso. Y si bien fue ideada con un fin útil desde lo tecnológico y lo económico, también le ha permitido al hombre alcanzar una meta más valiosa: Comunicarse y vincularse con otros hombres, entablar de algún modo posible una mancomunidad que la distancia y los accidentes geográficos limitaban o impedían.

Y así, larga es la lista de ejemplos, casi interminable...

 

 

¿DESENLACE?

Antes de pasar al texto que había elegido para cerrar esta entrada acerca de la filiación divina del hombre, el desconsuelo y la desesperación, no he querido dejar afuera un breve texto de Giovanni Papini referido no sólo a la filiación divina, sino a esa oración en la que nos reconocemos humanos hablando con Dios; hijos hablando con su Padre: En la que nos reconocemos individuos y nos reconocemos comunidad; en la que nos reconocemos participando de una misma filiación; en la que nos situamos no ya desamparados e inermes, en el cosmos o arrastrados en una "masa impersonal", sino yo-tú, ego y alter-ego en diálogo compartido con Dios. Diálogo personal, íntimo y también público. Necesario y trascendente.

Diálogo que permite esenciar en el sentir íntimo de cada persona sus propias expectativas, su propio ser, su búsqueda del sentido en el mismo Creador; búsqueda compartida. Búsqueda vivencial de trascender nuestra propia existencia y los avatares de la subsistencia cotidiana.

Diálogo que es toda una declaración de autenticidad dentro de una oración individual y comunitaria: No nos bastan los por qué de nuestro desarrollo cultural, necesitamos y buscamos el para qué al que nos lleva sin dudas la filiación divina, única capaz de permitirnos reconocer nuestras limitaciones y transformar la desesperación en esperanza, con la certeza de conciencia de saber y experimentar que es el Padre quien redime el desconsuelo de cualquier tentación de "náusea existencial", el desconsuelo de encontrarnos a la deriva de nuestro egoísmo en medio de un cosmos frío, ciego, inmenso sin Él.

Diálogo que nos permite escuchar la voz del otro, de los otros, y hallar no sólo en Él un para qué y al para Quien, sino en la voz del otro, tú, nosotros, ese con quien compartir la búsqueda, la coexistencia, la convivencia, la aventura de humanidad, de ser-para-la-Libertad que nos mueve a trascender. Y hallar finalmente nuestra "situación" en el cosmos y en la vida: Las cosas sólo son medios para poder acercarnos, para que podamos compartir solidariamente, para trabajar diariamente la paz auténtica en la diversidad. No son bienes en sí mismos, sino que lo son cuando sirven para procurarle un bien a alguien, cuando nos sirven para comprendernos modificando y produciendo en medio de una naturaleza creada y a nuestro alcance por un Padre que da sin egoísmos y gratuitamente.

Porque la vida no tiene precio. Y el precio de los recursos debe estar puesto en el trabajo que se entrega en transformarlos y conseguirlos, y en el bien que se hace con ellos, no en la satisfacción egoísta y hedonista de una individualidad que halla en las cosas -fantasiosa, ilusoriamente- lo que no puede hallar dentro suyo.

Dirá Papini:  

"Jesús en la montaña enseñó por primera vez el Padre Nuestro. Es la única fórmula de oración que ha aconsejado Jesús. Una de las oraciones más sencillas del mundo. La más profunda de cuantas se levantan de las casas de los hombres y de Dios. Una oración sin literatura, sin pretensiones teológicas, sin jactancia y sin servilismo. La más hermosa de todas."

 

y agrega algo, para mi, muy sustancioso:

 

"[...] no se advierte la fastidiosa adulación de las plegarias orientales, adornadas de elogios y de hipérboles que parecen inventadas por un perro que adora a su amo con su alma canina, porque le permite existir y comer.

Ni se encuentra la súplica lamentosa, quejumbrosa, del salmista que implora a Dios todos los socorros, y con más frecuencia que los espirituales los temporales, y se queja si la cosecha no ha ido bien, si sus conciudadanos no lo respetan, e invoca plagas y saetas contra los enemigos, a quienes no sabe vencer por sí solo.

Aquí el único elogio es la palabra Padre [...] A este Padre no se le pide otro bien temporal que un poco de pan -dispuestos a ganarlo con el trabajo, porque también el anuncio del Reino es un trabajo necesario-, y se pide, además, el mismo perdón que concedemos a nuestros enemigos; una válida protección, en fin, para combatir el Mal, enemigo común a todos, opaca muralla que nos impide la entrada en el Reino."  (Giovanni Papini "Historia de Cristo").

 

 

En definitiva, un diálogo con el Padre que no está basado en el interés superficial y pasajero, toma-daca, sino en algo que proviene, justamente, de Él, Quien es su única fuente: Amor.

Algo que es propiamente el sentido de la vida y debiera ser el motor que nos impulsa a compartir, vincularnos y mancomunarnos, antes que a poseer sin poseernos, comunicarnos sin expresarnos genuinamente o amontonarnos escudados en la pluralidad y una falsa "tolerancia" que las más de las veces es autoritarismo aplicado para defender modas impuestas por los poderosos de turno o los egoísmos de la conveniencia o el hedonismo y la comodidad sin sentido.

Porque ¿en qué otro lugar hallar la felicidad verdadera que no sea en el Amor?; y ¿Dónde hallar el amor si no es en su única fuente, nuestro Padre?

Finalmente: Se podrá coincidir o no en las observaciones y comentarios que aquí están expresados, pero hay una realidad que no puede escapársenos de la vista. Si el Amor no se vive, como pensamiento, sentimiento y práctica, los males de nuestro tiempo, las injusticias, los atropellos, los crímenes y maltratos no tendrán remedio, porque simplemente no buscar el amor nos hunde, como mínimo, en el egoísmo, que es la mejor complicidad para todos nuestros males.

Ahora los dejo -con el perdón debido por la extensión excesiva de esta entrada- con el texto que había elegido y que, sin ningún lugar a dudas, es más importante y más nutritivo aún.

 

Ezequiel  Olivary

 

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"Padre nuestro, que estás en el cielo

 

Comenzamos con la invocación "Padre". Reinhold Schneider escribe a este propósito en su explicación del Padrenuestro: "El Padrenuestro comienza con un gran consuelo; podemos decir Padre. En una sola palabra como ésta se contiene toda la historia de la redención. Podemos decir Padre porque el Hijo es nuestro hermano y nos ha revelado al Padre; porque gracias a Cristo hemos vuelto a ser hijos de Dios"[...]. Pero el hombre de hoy no percibe inmediatamente el gran consuelo de la palabra "padre", pues muchas veces la experiencia del padre o no se tiene, o se ve oscurecida por las deficiencias de los padres.

Por eso, a partir de Jesús, lo primero que tenemos que aprender es qué significa precisamente la palabra "padre". En la predicación de Jesús el Padre aparece como fuente de todo bien, como la medida del hombre recto ("perfecto"): "Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir el sol sobre buenos y malos..."(Mt5,44s). El "amor que llega hasta el extremo"(cf.Jn13,1), que el Señor ha consumado en la cruz orando por sus enemigos, nos muestra la naturaleza del Padre: este amor es Él. Puesto que Jesús lo pone en práctica, Él es totalmente "Hijo" y, a partir de este criterio, nos invita a que también nosotros seamos "hijos".

Veamos otro texto más. El Señor recuerda que los padres no dan una piedra a sus hijos que piden pan, y prosigue: "pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden?" (Mt7,11). Lucas especifica las "cosas buenas" que da el Padre cuando dice: "...¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo piden?" (Lc11,13). Esto quiere decir: el don de Dios es Dios mismo. La "cosa buena" que nos da es Él mismo. En este punto resulta sorprendentemente claro que lo verdaderamente importante en la oración no es esto o aquello, sino que Dios se nos quiere dar. Éste es el don de todos los dones, lo "único necesario" (cf.Lc10,42). La oración es un camino para purificar poco a poco nuestros deseos, corregirlos e ir sabiendo lo que necesitamos de verdad: a Dios y a su Espíritu.

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[...] La idea de que Dios ha creado a cada ser humano forma parte de la imagen bíblica del hombre. Cada hombre, individualmente y por sí mismo, es querido por Dios. Él conoce a cada uno. En este sentido, en virtud de la creación, el ser humano es ya de un modo especial "hijo" de Dios. Dios es su verdadero Padre: que el hombre sea imagen de Dios es otra forma de expresar esta idea.

Esto nos lleva a la segunda dimensión de Dios como Padre. Cristo es de modo único "imagen de Dios" (cf, 2Co4,4; Col 1,15). Basándose en esto, los Padres de la Iglesia dicen que Dios, cuando creó al hombre "a su imagen", estaba prefigurando a Cristo y creó al hombre según la imagen del "nuevo Adán", del Hombre que es la medida de la humanidad. Pero, sobre todo, Jesús es "el Hijo" en sentido propio, es de la misma sustancia del Padre. Nos quiere acoger a todos en su ser hombre y, de este modo, en su ser Hijo, en la total pertenencia a Dios.

Así, la filiación se convierte en un concepto dinámico: todavía no somos plenamente hijos de Dios, sino que hemos de llegar a serlo más y más mediante nuestra comunión cada vez más profunda con Cristo. Ser hijos equivale a seguir a Jesús. La palabra Padre aplicada a Dios comporta un llamamiento para nosotros: a vivir como "hijo" e "hija". "Todo lo mío es tuyo", dice Jesús al Padre en la oración sacerdotal (Jn 17,10), y lo mismo le dice el padre al hermano mayor en la parábola del hijo pródigo (cf. Lc 15,31). La palabra "Padre" nos invita a vivir siendo conscientes de esto. Así se supera también el afán de la falsa emancipación que había en el comienzo de la historia del pecado de la humanidad. Adán, en efecto, ante las palabras de la serpiente, quería él mismo ser dios y no necesitar más de Dios. Es evidente que "ser hijo" no significa dependencia, sino permanecer en esa relación de amor que sustenta la existencia humana y le da sentido y grandeza"

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Joseph Ratzinger - Benedicto XVI pp "Jesús de Nazaret" (169-173)