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UN POCO DE ERICH FROMM…

 

¿Cuál es la esencia de los impulsos sádicos? Tampoco aquí consiste ella en el deseo de

inflingir dolor a los demás. Todas las distintas formas de sadismo que nos es dado

observar pueden ser reducidas a un impulso fundamental único, a saber, el de lograr

el domino completo sobre otra persona, el de hacer de ésta un objeto pasivo de la

voluntad propia, de constituirse en su dueño absoluto, su dios; de hacer de ella todo lo

que se quiera. Humillar y esclavizar no son más que medios dirigidos a ese fin, y el

medio más radical es el de causar sufrimientos a la otra persona puesto que no existe

mayor poder que el de inflingir dolor, el de obligar a los demás a sufrir, sin darles la

posibilidad de defenderse. El placer de ejercer el más completo dominio sobre otro

individuo (u otros objetos animados) constituye la esencia misma del impulso sádico.

 

 

 

Erich Fromm.

 

EL MUNDO EN UNA MANO

 

supernovaagujeronegro

 

¡Ay quién pudiera, Señor,

el mundo tener en una mano!

 

¡Ay, quién pudiera, vida mía,

contener el cosmos entre los dedos!

 

 

 

 

 

Nos levantamos una mañana

y el sol duerme bajo nuestra

                                           almohada.

 

 

Brama el mar valientemente

al jalar, un día cualquiera,

                                                     de la descarga.

 

Pero eso es ilusorio y banal

que somos estos que somos al pasar

                                                               pasando.

 

Que el universo nos contiene

y el cosmos mismo nos ignora en su lejana

                                                               infinitud.

 

Sólo nos regala la vida, de tanto en tanto,

esta inestable y deliciosa o confusa

                                                              quietud.

 

“si, pero se mueve”… no somos el centro

ni de nosotros, ni del cosmos

                                                      ni del sueño.

 

Al día siguiente, el sol está afuera

y la descarga suena como siempre

                                                       a descarga.

 

Punto somos en la inmensidad

grano incógnito de arena

                                                  en el desierto.

 

Quizá sea esa la maravilla humana

de vernos pequeños en un universo

                                                            ciego.

 

El milagro de entendernos y hablarnos

en un cosmos que, sin razón y sin sonidos,

                                               se sigue expandiendo.

 

Ver, hablar, pensar, sentir

todo eso en una sola criatura en medio

                                                  de la vastedad.

 

Ver, soñar, querer, amar, llorar, reír.

¡Qué milagrosamente pequeños somos

                                                             y cuán grandes a la vez!

 

Que no nos hace grandes el calcular,

ni nos engrandecen las humanas creaciones

                                                             de nuestras manos…

 

Nos hace grandes, por cuanto pequeños,

ser imagen y semejanza de Aquel en cuya mano

                                                             caben todos los universos.

 

 

 

¡Ay quién pudiera, Señor,

el mundo tener en una mano!

 

 

¡Ay, quién pudiera, vida mía,

contener el cosmos entre los dedos!

 

 

 

 

 

 

 

Ezequiel  Olivary

 

 

LA SIESTA DE CRONOS

 

La nube del dolor

suele ocultar detrás

el sol de la esperanza.

 

Letras negras que al sol

se vuelven doradas,

les salen alas para flotar

en el aire de la mañana

 

Y es así como la libertad misma

trasmútase poesía

en la infinitesimal traza de una vida.

 

Un ángel le ha robado

una sonrisa al viejo Cronos

que se ha envuelto en estrellas

y ha quedado congelado en el cielo.

 

 

Ezequiel Olivary

VIVE LA PALABRA

 

 

 

Razón lleva

el maestro de Dinamarca

que vive el poeta

nadando en la estética

de su poesía.

Vive el poeta

consolándose en el desconsuelo

entre estrofas ordenadas

y rigurosa métrica

con su rima acendrada,

o entre prosaicos surcos

donde danza el silencio

el último destello de las palabras.

 

 

Siempre te amaré

dice el poeta

y guarda en su corazón

una instantánea del amor;

pero el amor romántico

los pies no se embarra,

que vive el poeta de la estética

nadando entre mil palabras.

 

 

Caminar en el desierto

es el peregrinar callado

del otro poeta,

que ralea en la sociedad:

Con los pies en la ética

pisando el barro y la arena,

con las alas que se sublevan

en vuelo hacia la estética

de lo efímero, de lo ilusorio.

 

 

Entre correr y volar

pareciera haber puesto Dios

un abismo que sólo se salva

atravesando el puente de la esperanza.

Entre volar y correr

el equilibrio pendular

de la vida misma en un hilo,

estocástica de palabras y silencios.

Al principio era la palabra.

Y el silencio abrió sus puertas

para cobrar sentido

en el doliente callar de la ética embarrada

y los suspiros delicados de la estética aérea.

 

 

Vótese a cuales se quiera,

que si la palabra enmudece,

se muere de nada el cosmos;

que de la palabra viene la vida

nutrida en la preñez del silencio

cargada en todo momento del alma misma

de esta criatura inquieta que somos

combatiendo entre mil versos

y cien mil rimas

contra la sordera del corazón

y la fría mecánica del universo.

 

 

 

 

 

 

Ezequiel  Olivary

 

BAJO FONDO TANGO CLUB & GUSTAVO CERATTI - “EL MAREO”

  

 

Avanzo y escribo
decido el camino
las ganas que quedan se marchan
con vos


Se apaga el deseo
ya no me entrenvero
y hablar eso
que se me iba mejor


Con los ojos no te veo
se que se me viene el mareo
y es entonces
cuando quiero
salir a caminar


Con los ojos no te veo
se que se me viene el mareo
y es entonces
cuando quiero
salir a caminar


El aire me ciega
hay vidrio en la arena
ya no me da pena
dejarte que un adiós


Así son las cosas
amargas borrosas
son fotos veladas
de un tiempo mejor


Con los ojos no te veo
se que se me viene el mareo
y es entonces
cuando quiero
salir a caminar


Con los ojos no te veo
se que se me viene el mareo
y es entonces
cuando quiero
salir a caminar


El aire me ciega
hay vidrio en la arena
ya no me da pena
dejarte un adiós


Así son las cosas
amargas borrosas
son fotos veladas
de un tiempo mejor


Con los ojos no te veo
se que se me viene el mareo
y es entonces
cuando quiero

salir a caminar

 


Con los ojos no te veo
se que se me viene el mareo
y es entonces
cuando quiero
salir a caminar

 

 

Nota:

“Entrevero” en lunfardo (dialecto de Buenos Aires, Montevideo y gran parte del Río de la Plata, integrado por la fusión de palabras provenientes del italiano -generalmente dialectos hablados en Nápoles y la Campania, Lucania, Calabria y Sicilia- y el español vernáculo, que data, como lejano, de la última década del siglo XIX)  significa, según el sentido, el texto y el contexto:

compromiso, mezcla, conflicto, pelea, competencia, confusión, intromisión, intercesión, mediación, relación.

 

NOCHE - NIT

 

 

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Ha echado a volar la noche

mil estrellas como palomas

en la negra y lejana sábana

donde el sol de los sueños

nunca a atardecer se pone

 

 

Es nívea manta el rocío

y una columna de ruidos

se desvanece en algún lugar

allende el horizonte

 

En este río de efímera vida

que es el tiempo desbocado

corriendo hacia la eternidad

da gusto sentarse

a respirar la vida

 

 

Ezequiel  Olivary

 

 

 

 

******

 

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Ha tirat a volar la nit

mil estrelles com colomes

en la negra i llunyà llençol

on el sol dels somnis

mai a capvespre es posa

 

 

És nívea flassada la rosada

i una columna de sorolls

s'esvaïx en algun lloc

allèn l'horitzó

 

 

En aquest riu d'efímera vida

que és el temps desbocado

corrent cap a l'eternitat

dóna gust asseure's

a respirar la vida

 

 

 

Ezequiel  Olivary

 

EL GRAN CONDUCTOR

 

Gira en su nube

y se retuerce;

tiembla y vibra

rápidamente;

entre espasmódicos estertores

surca mil veces el vacío

y otras mil millones

en lo que apenas dura un suspiro.

Monótona y mecánica

su extraña ruta dibuja

en un trazo que no dura

pero que al capricho repite

ondulando en silencio y sin remedio.

 

A veces pienso

y casi ociosamente pregunto

si no se cansarán

en algún momento

los electrones en mi cuerpo.

Pero este mudo pensamiento

a nadie puedo confiarle

que no tengo modo

ni tengo lenguaje

en mi fría y flexible

naturaleza de cable.

 

 

 

Ezequiel  Olivary

SUEÑO INCÓGNITO

 

¿Cómo habrá dormido el griego

mientras el mar tragaba su barco

y su dormitar, junto a cien vasijas de oliva?

 

 

 

¿Lo habrá sorprendido soñando

la muerte salada y fría del Mediterráneo

o habrá devorado el cansancio

de sus brazos castigados contra las olas?

 

 

 

¿Habría estado hambriento el griego

durante un día de dura tempestad

o en buen sueño le sumió la vianda nocturna,

sueño que luego se tragaría el mar?

 

 

 

¿Cómo habrá vivido el griego

antes de que en algún momento

dejara en el lecho marino depositados sus sueños?

 

 

 

 

Ezequiel  Olivary

OSAMENTA

 

 

Incierto desdén de la osamenta

indiferente ante el ralear del pastizal seco

pareciera mudo totem ese esqueleto

plantado y perdido en la pradera

como súplica perenne hacia el cielo

elevada, a por agua, por el reseco suelo.

 

 

 

Maquinaria flexible de músculos

habrán portado aquellos huesos

arrastrados por estos en los campos

mientras la bestia estilaba el pastoreo

hoy no crujen ni soportan

más que del tiempo un tenue blanqueo.

 

 

 

Pasar y pasado, es la vida un campo

que pide al cielo, sediento,

el chubasco salvador del verdeo

que lave y bendiga de frescor los huesos

que alguna vez recorrieron leguas,

y sobre el llano a un ser sostuvieron.

 

 

 

 

 

Ezequiel  Olivary

ALFALFA

 

 

Bulliciosa suena en la cascada

la sonora caricia del agua

que de frescos afeites reviste

la piel milenaria de las piedras.

 

 

Mudo testigo en su lozanía

el erguido verdor de un álamo

se baña sumergido en el viento

mientras la tarde en ocre se viste.

 

 

 

Impávido, herrumbroso, un puente

cruza el arroyo de orilla a orilla

sosteniendo la historia de pasos

desvanecidos en su esqueleto.

 

 

A lo lejos, las vacas. Un niño.

Oleadas de sol surca el vencejo;

Parecen los años detenerse

en esta tibia tarde de estío.

 

 

 

 

Ezequiel  Olivary

RESTRICCIÓN OBLIGADA POR LOS VIOLENTOS Y LOS DIFAMADORES

Lamentablemente, desde el día de la fecha, me veo obligado a restringir los permisos en mi espacio, debido a una nueva andanada de agresiones y calumnias que vengo siendo objeto por parte de un grupo de personas obsesionadas con producirme, a mi en lo personal, a mi espacio y producción, y a mis amistades, el mayor daño posible.

Soy una persona tolerante, abierta, flexible, comprensiva. Acepto todas las opiniones sanas, tanto en el acuerdo como en el disenso.

Convivo sin problemas con quienes piensan, sienten y se expresan de acuerdo con lo que pienso, siento y expreso, tanto como con aquellos que tienen otras ideologías, creencias y formas de vivir y expresarse, siempre que sanas, respetuosas y constructivas.

No tolero, empero, a quienes viven de la agresión ni a quienes practican la impunidad; a quienes difaman, a quienes por carecer de mejores ideas o por adolecer de alguna patología mental o carencia espiritual o moral severa, se dedican a dar rienda suelta al odio destructivo en forma sistemática, tal como me ha tocado padecerlo desde junio hasta este mismo momento.

A las agresiones contra mis espacios, contra mi persona y contra mi expresión, se suman agresiones públicas y privadas a personas muy queridas por mi, a las que se está acosando despiadadamente y a las que se ha amenazado sistemáticamente a lo largo del último mes y medio.

Mis amigos y amigas podrán tener libre acceso a mi espacio sin inconvenientes de ninguna clase.

Aquellos que pretendan ofender, difamar, agredir y destruir, no.

Es una pena, porque me gusta que esta casa esté abierta para todos, pero evidentemente hay personas que sólo buscan dar rienda suelta a la práctica de la violencia sicológica y, con odio pertinaz, causar todo el daño que pueden; y por ello me veo en la obligación de protegerme, proteger mi espacio y proteger a los amigos que vienen a visitarlo, para tener un momento de esparcimiento, de reflexión, de comunicación sana y leal. En el consenso o el disenso, pero sanamente, libremente, democráticamente.

Estoy seguro que las agresiones seguirán adelante desde los espacios de estos personajes y que seguirán con su práctica de “bombardeo” al correo...

Pero en ese caso ya no habrá –como hubo hasta hoy- un intento denodado por persuadir a estas personas para que cesen con sus agresiones. Habrá un recurso a la justicia, a su debido tiempo y en su debida forma.

A mis amigos y visitantes sanos, gracias por comprender esta situación y esta decisión que he debido tomar.

A aquellos que se sientan incómodos en mi espacio, les digo simplemente que las puertas están abiertas y que sólo con quitarme de su lista de contactos, habrán solucionado el inconveniente de estar en un espacio que no es de su agrado.

No tengo animadversión hacia nadie (pese a que un grupo de personas, clara y públicamente –a la vez que injustificadamente- la tienen hacia mi persona, mi espacio y mi creación, extendiendo esa animadversión a varios amigos.)

Simplemente quiero vivir en paz y compartir felizmente lo más sano y hermoso que Dios nos regala cada día en nuestra vida con aquellos que así lo deseen.

 

Para mis amigos, mi mano tendida y mi saludo cordial. Para los agresores, el olvido.

 

Miguel

 

POLÍTICAMENTE INCORRECTO

 

 

"No es signo de salud el estar bien adaptado a una sociedad enferma"

(Jiddu Krishnamurti)

 

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Si, es cierto: Decir lo que uno piensa y siente, legítima y sanamente, defendiendo la dignidad de la persona, el respeto por la convivencia y la salud, mental, física y moral, es un comportamiento, en el mundo de hoy, “políticamente incorrecto”.

 

Un mundo en el que cada vez aparecen más “líderes carismáticos”, copias tragicómicas sino ridículas de Mussolini o Stalin o Mao… un mundo que, en la calle, en la internet, en la fábrica, en el deporte, etc, se vuelve más y más prepotente, más y más autoritario, más y más violento.

 

La perversión, en el discurso, las costumbres y hasta el pensamiento, parecen ser hoy la norma.

 

Hoy, ser normal, significa tomar por bueno lo malo y lo malo por bueno.

 

Los rebrotes antisemitas (que se escudan en la agresión injustificada de Israel hacia el pueblo palestino, víctimas y victimarios de si mismos –ambos- en estas últimas décadas) son sólo un dato más de que, según parece, Fukuyama logró el cometido… la historia nació ayer a la mañana…

 

Sociedades e individuos “sin memoria”… donde “mi capricho es la ley” (diría el querido Charly García, que precisamente, no lo dice por decir, por más que no sea el referente moral predilecto, pero que hace gala de decir las cosas con sinceridad… él también es “políticamente incorrecto”…); sociedades donde es más urgente salvar un delfín que penalizar, prevenir, y evitar el aborto humano provocado…

 

Sociedades donde quienes trabajan día a día para alimentar a personas sin posiblidades económicas o vitales son relegadas a la ignorancia (indiferencia social) mientras que cualquier prostituta consigue estar en el candelero del morbo social con sus 5 o 10 efímeros minutos de fama, que le aportarán el dinero que rápidamente se gastará para “empolvarse la nariz”…

 

En este concierto, que abrevio acá para no extenderme en demasía, de momento, cabe preguntarse:

 

¿Qué debemos hacer, cada uno de nosotros, como individuo o como comunidad?… ¿Qué rol adoptar?…

 

En este mundo “normal” de hoy (con estas “normas sociales” donde lo inmoral es aplaudido y propagandeado y la moral es permanentemente motivo de burla o agresión) yo no soy y no quiero ser “normal”.

 

Quiero ser y soy natural. Quiero ser y soy humano.

 

Cada ser humano tiene millones de defectos y sólo los santos no los tienen, aunque en su vida terrenal los tuvieron y fueron permanente motivo de su combate espiritual para ajustar su vida a la moral, es decir, para orientarla a los dictados del Amor. Si, del Amor con mayúsculas, el Amor de Dios, nuestro único abogado en la hora del juicio supremo.

 

Pero ¡qué difícil el camino de la santidad!… Que no es imposible… hay 6.000 millones de convocados para la santidad… sólo que cada vez son más los invitados que entran en la sala y, en el colmo de la soberbia y la egolatría, escupen en el plato que Dios mismo les sirve…

 

El dinero como fin en si mismo. El poder como fin en si mismo. El superficial goce sexual, el superficial goce de un estado narcótico y enajenante, el placer de torturar a otro (física o síquicamente), el placer de patear en el suelo entre 20 a uno solo indefenso…

 

¿No es esto un llamado de atención para nosotros?

 

¿No es esto una “previa” a una nueva “noche de los cuchillos largos” o a una “noche de los vidrios rotos”…?

 

¿No es esto una “previa” para que grandes partes de la población justificquen, por pereza, estupidez o perversión, la existencia de nuevos Terezienstadt, o de nuevas Chekas soviéticas, o de nuevas “purgas chinas” con sus quematinas de libros y escritores?

 

Miro en este momento una foto de la primavera de Praga.

 

Yo prefiero la primavera de Praga antes que el mayo francés.

 

La primavera de Praga fue un grito desesperado de un pueblo oprimido por recuperar su dignidad. El mayo francés, hizo ricos a varios hasta hoy, al espeluznante costo de miles y miles de muertos por todos lados. El sillón de Dany debe ser muy cómodo en la multinacional que lidera, muy lejos de las barricadas…

 

Si. Soy políticamente incorrecto.

 

Lo soy porque pienso que quien consume drogas no lo hace inocentemente. Es un acto de propia voluntad. Y él o ella mismos son partes de una red criminal a la que sustentan. No son victimas de nadie, sino de si mismos, de su capricho, de su egoísmo.

 

No son enfermos, ya que el enfermo no quiere su enfermedad, pero el “consumidor” ama su enfermedad al punto que, si fuera posible, destruiría todo aquello que se opone a que se “enferme” más del estúpido placer de enajenarse de su humanidad, de rehuir a su compromiso de vida, de no hacerse cargo de su propia miseria para curar su “enfermedad sistémica”…

 

Si. Soy políticamente incorrecto.

 

¿Cuál es nuestro rol? El de cada uno, el de los núcleos humanos…

 

Creo que debemos defender la vida, la dignidad, la libertad con valor. A pie firme.

 

Ser valientes de veras no significa practicar la violencia, ni la persecusión de los que piensan o viven distinto. Ser valiente es lo contrario de ser prepotente.

 

Ser valientes de veras significa sentir mucho miedo de los males que pueden llevar a las personas a la muerte (física o espiritual) y tratar de obrar impulsados por la propia fe y ese “miedo del mal”, para construir, con esfuerzo, día por día, con aciertos y errores, miserias y virtudes, un mundo mejor.

 

Un padre que manda a su hijo a un restaurante “vestido” con 5 kilos de C4… un “idealista” que deja varios kilos de explosivos en una maleta en Atocha… un “mesiánico” salvador de no-se-qué-humanidad, que hace volar por los aires el edificio de la AMIA en Buenos Aires tronchando centenares de vidas…

 

Eso no es valor. Eso es fanatismo, es decir, cobardía. La más sucia, rastrera y repugnante cobardía.

 

No tendremos un mundo diferente del que nosotros mismos hacemos con la propia vida.

 

Menos mirar el GH… menos mirar la telenovela… menos partido de fútbol… y más dedicarnos a la propia alma, a la propia conciencia.

 

A preguntarnos ¿En qué puedo beneficiar hoy a alguien sin que lo sepa?

 

No sólo de pan vive el hombre.

 

Esta es la sociedad construida “normalmente” desde el materialismo dialéctico –y sus hijos legales o bastardos-.

 

¿Nos gusta esta forma de “construcción social de la realidad”?

 

A mi no.

 

Por eso no quiero ser “normal” en esta sociedad.

 

Mi enfermedad es no querer adaptarme a la perversidad institucionalizada, al morbo, a la estupidez, al odio.

 

Si no-adaptarme significa estar enfermo, ser “anormal”… pues debo decirlo claramente entonces: SOY FELIZ ASI.

 

La respuesta de la sociedad que tendremos en estos años “post-crisis” la tenemos cada uno de nosotros dentro nuestro.

 

Los cristianos nos hemos pasado 2000 años siendo perseguidos, a veces abierta y cruentamente; otras, veladamente, pero con tanta o más crueldad.

 

Como nosotros, también les ha tocado a judios, afroamericanos, poblaciones indígenas en Africa y en América, a minorías étnicas en el “paraiso Stalinista”, a minorías intelectuales en el “paraíso maoista” o “Fidelista” o “Hitletiano” o “Franquista”…

 

Creo que una sociedad mínimamente sana es aquella que:

 

a) Respeta las diferencias en las formas de vivir, de creer, de opinar, de expresarse, de crear, de trabajar.

 

b) Respeta la libertad de los individuos y las organizaciones, siempre que estos desarrollen actividades sanas que mejoren la calidad de vida de la sociedad y permitan o ayuden al crecimiento y la solidaridad.

 

c) Obliga a cumplir la condena a los delincuentes, en lugar de tenerlos como referentes sociales.

 

d) Crece en la diversidad.

 

e) Busca que el amor al prójimo sea la primera ley, capaz de dejar en el segundo plano a todo el andamiaje legal por su sola, sana y potente práctica.

 

 

 

Claro, yo no estoy en una barricada ni fabrico cocteles molotov ni prometo picahielos para ninguna cabeza… Simplemente soy una persona, una pequeña persona perdida entre 6.000 millones de personas, que sabe que sólo en paz y solidariamente podremos tener un futuro para nosotros y para nuestros hijos.

 

Alguien que sabe que la paz se forja en el interior de la propia persona, antes que en tratados multilaterales…

 

Alguien que hace la utopía, aunque según parece algunos vivillos reclaman la marca registrada de ese producto para la mezquindad de sus ambiciones o la estupidez que justifique su cómodo y narcotizado laissez faire…

 

Sea como fuere, con un millón de amigos a la espalda o un millón de enemigos al frente, no dejaré de pensar, creer y hacer un mundo mejor.

 

Con defectos y virtudes, pero con la honestidad de 38 años de trabajo vital bien hecho.

 

Aunque ese trabajo me haya hecho “enfermar-de-inadaptación-social”… si… Soy un inadaptado.

 

Soy un inadaptado al odio, al egoísmo, a la envidia, a la frenética estupidez, a la violencia, en fin… a la inmoralidad.

 

Don José Ortega, uno de los luceros españoles con quien siempre los argentinos bien nacidos estaremos en deuda, solía decir que no existe la “a-moralidad”… que se comporta moralmente o inmoralmente, hay moralidad o inmoralidad, pero no una “zona de vacío” o “a-moralidad” (este recurso estúpido de los intelectuales de cartulina de inventar categorías caprichosamente sólo para salir en la primera plana del periódico o ganarse algún cargo público rentado por el impuesto de la sociedad, comportamiento este que tanto indignaba al bueno de Don José o a Don Arturo Jauretche… indignación que comparto…).

 

Quizá será que leyendo a Ortega y mirando esa foto de la “Primavera de Praga” y ese contraste de impunidad, maldad desbocada y odio pertinaz, me he descubierto en esta situación de “ser anormal”.

 

Soy anormal. Soy inadaptado social. Soy políticamente incorrecto.

 

En el mundo de hoy, significa que soy feliz.

 

Y me sirve para invitar a todos los hombres y mujeres bien nacidos que pasen por este espacio, a ser anormales; a cerrarle la puerta al odio, al egoísmo, a la violencia.

 

A invitarlos a trabajar, cada uno por su lado o mancomunadamente, por un mundo mejor. Primero desde el propio y pequeño mundo personal. Sin distinción de etnia, preferencia sexual, política o religiosa, juntos en la diversidad.

 

Porque la Caridad bien entendida siempre comienza por casa.

 

Y sólo destila amor –con gusto dulce o gusto ácido- todo aquel que tiene paz en su corazón y tiene amor en su corazón.

 

Por sus frutos les conoceréis –Dice Cristo (si, dice, en tiempo presente)

 

Es preferible dar frutos pequeños y dulces, y no enchastrar todo el jardín social con la podredumbre de los frutos estériles del odio y el pasatismo…

 

Y vuelvo a la frase con la que comencé este pensamiento, -un tanto desordenado si se quiere-:

 

 

 

"No es signo de salud el estar bien adaptado a una sociedad enferma"

(Jiddu Krishnamurti)

 

 

 

 

 

Ezequiel Olivary

 

 

SERÍA QUE…

 

Si vos me faltaras, compañera

estoy seguro de que no moriría,

porque estoy seguro de que moriría.

 

Si vos me faltaras, amor mío

quedaría en el tiempo congelada

la ilusión que baña mi mirada.

 

Si vos me faltaras, bonita mía,

el aire no traería aromas ni rocío,

y la brisa quedaría huérfana de sol.

 

Si vos me faltaras, pequeñita mía,

se quedaría el reino de mi amor sin reina

esperando que pase el tiempo…

 

…para que en la meta final de mis días

mis ojos por fin te reencontraran

en ese mar de eternidad que Dios nos depara.

 

Si vos me faltaras, ángel mío,

se quedaría sin alas mi espalda cansada

y ya no podría volar, sino quedar en el aire…

 

…flotando a merced del viento,

buscando en el fondo del horizonte,

como a un lucero, la quimera de tu mirada.

 

Sería que, si vos me faltaras, amor,

la noche con su traje negro danzaría

alrededor de las esperanzas encadenadas…

 

…y en la esclavitud de la nostalgia

mis besos se vaciarían en un mar de ausencia

para poder, apenas, convertirse en plegaria. 

 

 

 

Ezequiel  Olivary

SE LLAMA FELICIDAD TU SONRISA

 

Tu sonrisa tiene un nombre;

un nombre tiene

al que como a un jardín

le crecen miles de flores.

 

Tu sonrisa tiene un rostro;

un límpido rostro de niña

que es la mujer que amo

el hada que escapa de la mitología.

 

Tu sonrisa es cristal de roca

una nueva especie de turmalina

un diamante de incontables carats

 

es tu sonrisa el aire que respiro

y al evocar tu mirada recuerdo el nombre:

Se llama felicidad tu sonrisa, hermosa mía…

 

 

 

Ezequiel  Olivary

NOCTURNO

 

Alabanza a la esperanza

este breve silencio de letras

hace infinitos los minutos

universo fractal del tiempo.

 

Respirar el aire fresco

oler el pasto, la tierra mojada,

flotando en aromas de hierba

a bordo de cada molécula viajera.

 

La magia que brota del estío cae,

manantial entre las piedras,

sobre nuestros cabellos desprevenidos

 

que ávidos de frescura y levedad

se dejan acariciar dócilmente

por los dedos suaves de un anhelo.

 

 

Ezequiel  Olivary

ACERCA DEL ESTRADIOL, LA HORMONA DE LA HIPOCRESÍA (Y CIERTOS “CIENTÍFICOS DE BOLSILLO” Y SUS DUDOSOS BENEFICIARIOS…)

 

En realidad no existe una "hormona de la infidelidad" como no existe una "hormona de la homosexualidad" ni una "hormona de la negritud" ni una "hormona de la F1"...


Son todos comportamientos sociales y elecciones personales que hacemos los seres humanos... pasa que muchos prefieren echar culpas a las hormonas antes que hacerse cargo de sus propias elecciones, acertadas o equivocadas... hay muy poca valentía en la sociedad de hoy, en el ser humano de hoy...


Creo que lo mejor pasa por comprender que el funcionamiento de nuestro cuerpo tiene un papel relativamente secundario en cuanto a nuestro comportamiento y elecciones de vida y asumir, como adultos, cada vivencia y cada actitud que tenemos en la vida.


Por supuesto, para muchos es más fácil señalar aquello "científicamente comprobado"... como si fuera la "verdad absoluta e indiscutible" para librarse de cuestiones de conciencia que les llevarían a cuestionarse profundamente aspectos muy importantes de su vida interior...


y demás está decir, nuestra sociedad no quiere ver su interior, nuestro hombre "satisfecho" y superficial de hoy dia no quiere verse por dentro... como habría dicho el loco Nietzsche: "nada más triste que sembrar desiertos"...


Y lo peor... sembrarlos dentro de cada uno...


Yendo a la infidelidad, particularmente: La persona que tiene la "necesidad" de traicionar a su pareja debiera sincerarse consigo misma, no mentirse a si misma, y asumir que está mal con su pareja y, antes que traicionarla, plantearse dos cuestiones, quizá a modo de dilema (que nunca paradoja): O seguimos y para ello corregimos los problemas de pareja y crecemos juntos... o nos dejamos y que LUEGO cada uno haga su vida... que no es moralmente correcto, claro... pero que, digamos, es más aceptable que reptar por las sombras y mostrar dos caras...


Para la hipocresía ¿habrá alguna hormona o ya la inventarán algunos "científicos de bolsillo"?


En fin...

Parece que esta sociedad nuestra, tan hedonista, tan laisses faire (en algunas cosas… en otras, preguntar por Fidel Castro, Chávez y siguen firmas de miles de autoritarios y prepotentes…), prefiere lo “fácil”… lo “cómodo”… y entre ello, utilizar (o MAL UTILIZAR) a la ciencia para hacerle decir lo que se le antoja a la moda de “algunos ciertos lobbies”… intentando hacerle creer a la mayoría de la gente que lo bueno es malo y lo malo es bueno…

Pero calma…

Calma…

No es cuestión de “estradiol”…

Las aguas del Nilo suben… pero también volverán a bajar… y sobre el barro y la mugre que dejen cícliclamente tendremos la posibilidad de sembrar el buen trigo que nos permitirá comer el buen pan… y no estos emplastos de mentira que a fuerza de propaganda nos pretenden imponer…

Quizá no sea una “cuestión científica”… quizá se acerca más a “1984” de George Orwell… ¿no?…

Conclusión: La infidelidad no es culpa de una Hormona… ni del funcionamiento bioquímico de nuestro cuerpo… no somos máquinas, ni funcionamos por estímulo-respuesta como los perritos de Pavlov… La infidelidad es propia de cagones y cagadores que no se bancan la culpa ni tienen la valentia de decirle a su pareja que “la cosa no va más” o la valentía de decirle… “mirá… por qué no barajamos y damos de nuevo… por qué no volvemos a empezar para no tener que estar mirando hacia afuera de la pareja…?”

 

Reptar es facil, pero también asqueroso.

A las serpientes no les queda otra alternativa.

A los seres humanos, millones.

Y no es cuestión de hormonas, sino de conciencia…

 

 

Ezequiel Olivary

 

ESCLARECIDO (O EL LABERINTO BORGIANO DEL NIÑOTAURO)

 

Martiniano apagó de prisa la colilla sobre el cenicero de latón, que apenas hizo un ruido como de rechinar en el arrastrarse sobre la fórmica de la mesa del bar.

Apuró el café.

La visión al otro lado del ventanal no era más deleite que ese fin-de-pocillo amargo, tibio, seco.

La tardecita es todo un anticipo del paraíso, (“que siempre queda más lejos que lo que imaginamos” –había dicho una vez, hace tiempo, en una interminable discusión con “el Tano” y “Cantinfla”), pensó.

No encontraba la palabra. Esa era la realidad.

No encontraba la palabra.

Había vagado toda la mañana por la calle, mirando caras reticentes, ojos huidizos, cuerpos apurados, abrazos apretados y no había conseguido encontrar en el laberinto de calles de su mente la palabra.

 

Jugaba y conjugaba, macroscópicamente silencioso y microscópicamente verborrágico, como un malabarista, con palabras y asociaciones de las más diversas, pero nada. Alguna remota palabra lo había llevado en catarata, rebotando por mil piedras contra la palabra “finisecular” y por algún motivo se quedó un rato jugando con el finis seculum y con el finis terrae… terminó masticando a desgano un pebete de jamón y queso mientras se preguntaba por qué demonios siempre le había tenido pánico al funicular; ¿o era que le temía al efecto del viento a trescientos metros del suelo?

“Es como si te comieras un corcho esta porquería…” –recordó la sentencia nada ortodoxa del “manco” Gimenez (al que le decían manco no porque le faltara el miembro, sino porque era aficionado a los objetos ajenos, una extraña pero muy común clase de coleccionista de extravagancias económicamente apetecibles).  “Es como si te comieras un corcho esta porquería…” musitó mientras maldecía al inventor del pebete de jamón y queso.

 

A eso de las 3 y media decidió dar unas vueltecitas por Plaza San Martín y sentarse en el primer sitio que no estuviera manchado de “esas basuritas de los árboles ¿viste?” (cómo decía “el pelado” Quiñonez cuando quería explicar alguna mancha sospechosa de horas de fiaca en la plaza, para lo cual se ponía serio y gesticulaba como testigo falso).

Allí, durante una o dos horas, estuvo haciendo jueguitos como un pibe en el potrero mientras espera que se “arme” el partido. “quejumbre”… “legumbre”… “podredumbre”… “costumbre”…

Cuando llegó a “costumbre”, se dio por enterado que estaba orillando una verdad trascendental, de esas que llevan a cualquier gil a internarse en el laberinto de la vida para que lo morfe el Minotauro.

Minotauro… Borges… qué extraño… para Borges el Minotauro era una especie de pibe eterno, agotado de tanta eternidad y, quizá, hasta del alimento. Siempre lo mismo. ¿Pero, por qué no Niñotauro, entonces? Borges era lo suficientemente original como para mandarse un “Niñotauro” y que no lo desterraran de un plumazo de la elite literaria porteña.  ¿Por qué no “Niñotauro”?

Quizá Borges estaba cansado de su propio niño, pensó Martiniano, y lo arrojo de una patada dentro del laberinto… Pero claro, así vestido de “niño Borges” sería repugnante para cualquier lector, inclusive para Borges mismo, tener que sacrificarlo sin resistencia alguna –y hasta con un dejo de agradecimiento y alivio- a manos del héroe… No, no –se dijo- era mejor hacerlo toro o algo más espeluznante: Minotauro.

Pero ¿qué habrá pasado por el laberinto mental de Borges para ahogar el nombre de “Niñotauro”, que quizá hubiera dotado de un enternecimiento romántico e impropiamente finisecular varias historias unidas por un hilo espantoso y delgado?

Quizá porque Borges –siguió elucubrando- tenía la “costumbre” de ahogar en Estigia sin soltar del tobillo a las palabras más originales, a los neologísmos más estrafalarios…

Sonrió. “Originales” le sonó a “orinales”.

Allí pensó en ir al bar.

 

Pidió el primer café con el gesto distendido de quien se ríe interiormente y por largo rato de una estúpida ocurrencia que lo haría el centro de la mofa del barrio durante, digamos, una década, como mínimo.

“En reparación” decía el letrero que lo detuvo en la puerta del baño. “Pero la puta que lo parió…” masculló el insulto salpimentado con un rictus de contrariedad. El mozo, que pudo ver la escena desde el costado de la barra, se acercó y le dijo piadosamente: –señor, puede pasar igual. La reparación es en la descarga del retrete. “ah, gracias” respondió sin quitarse la mueca de fastidio.

Pidió el segundo café. Encendió un cigarro. Sacó una lapicera y comenzó a garabatear en una servilleta de papel palabras sin conexión y frases sin sentido, con letrita tamaño hormiga roja.

Borges no ahogaba las palabras, retomó la idea. En realidad debió haberle pesado la costumbre de correr y recorrer el telar de los discursos, casi resignado a su propia e invencible naturaleza.

¿Cómo hacía para no tener ganas de ir a pescar o a jugar un picado o un truco con los muchachos de la barra?

La barra de Borges era bien distinta de cualquier barra del arrabal. Quizá por eso el arrabal y la marginalidad hayan sido más de una vez sus temas favoritos, como un modo de jugar esos juegos en secreto, sin que se enteren las amistades, que sólo verían un par de fotos en forma de escritos.

“Y la foto del Minotauro no es el Minotauro; ni la foto de Lily es Lily; ni la foto de Borges es Borges…” pensó apresuradamente, como en un intento por no descolgarse de la realidad.

¿Lo será? ¿O será cierto, también con las fotos, aquello que sugería Lugones que los espejos se adueñan del espíritu de quien se refleja, y la realidad queda pegada para siempre en el plano especular, mientras el pobre infeliz que se reflejó cree que sigue nadando en el mar de la realidad que lo envuelve?

¿Será así?

Sus certezas rodaron por el suelo abrazadas con sus incertidumbres en una extraña y confusa orgía de ideas, palabras e imágenes.

Allí pensó en dejar el bar.

 

Martiniano apagó de prisa la colilla sobre el cenicero de latón, que apenas hizo un ruido como de rechinar en el arrastrarse sobre la fórmica de la mesa del bar.

Apuró el café.

La visión al otro lado del ventanal no era más deleite que ese fin-de-pocillo amargo, tibio, seco.

La tardecita es todo un anticipo del paraíso, (“que siempre queda más lejos que lo que imaginamos” –había dicho una vez, hace tiempo, en una interminable discusión con “el Tano” y “Cantinfla”), pensó.

No encontraba la palabra. Esa era la realidad. Había vagado toda la mañana por la calle, mirando caras reticentes, ojos huidizos, cuerpos apurados, abrazos apretados y no había conseguido encontrar en el laberinto de calles de su mente la palabra.

Quizá Borges habría sentido en ese laberinto la necesidad imperiosa de librarse para siempre de sí mismo. De permitirle al héroe que siga siendo héroe y a la heroína, heroína.

Quizá simplemente sintió por el Minotauro y todas las palabras, ideas, imágenes, asociaciones, transliteraciones, gerundios, calificativos, aumentativos y la mar en coche, lo mismo que Martiniano estaba sintiendo acerca de Borges, ayer por la noche, cuando dejó caer el libro sobre la mesa en un gesto que, apenas un par de años antes, habría sido imposible en él.

El mismo gesto con el que dio vuelta el espejo del botiquín para no verse la cara esa noche.

El mismo, tal vez, con el que contemplaba todo, mirando sin ver, mientras caminaba o estaba sentado a la mesa del bar. Semejante gesto con el que se aplicó a reventar la colilla contra el cenicero de letras laterales descoloridas.

 

De pronto, al subir al taxi y decir “Bruselas y Arregui”, un rayo lo fulminó por dentro: “¡Qué ciudad aburrida es Bruselas!”-comentó alguna vez Lily, la “ex” que seguía recorriendo el mundo como azafata.

¡Eso era!

Por primera vez sintió la esclarecedora certeza de que estaba respecto de Borges, como éste del Minotauro, y aquel de su monótono encierro mítico en la misma situación.

Esa misma situación infernal que es un tragadero insoportable de palabras que llenan papeles y dicen nada: Aburrimiento.

 

 

 

Ezequiel Olivary

 

SOÑAR

 

Soñar
es vivir dos veces
antes de vivir la primera.


Soñar
es amar en secreto
antes que llegue la primavera.


Soñar
es el sentido de los sentidos
que hasta el alma llega y la despierta.


Soñar un sueño...
Soñar una realidad...
Vivir un sueño...


Qué otra cosa es vivir
sino cubrir de piel y sonrisas
la aparente levedad de un sueño.

 

 


Ezequiel Olivary

LOS VISIONARIOS

 

 

Miro el mar

 

Somos una cáscara de nuez

en el océano de la vida.

 

Miro el cielo

 

Somos una cometa en vuelo

y no vemos la mano que tiene la piola.

 

Miro; me miro. Te miro.

 

Veo cuanto somos y cuanto no somos

cuánto dejamos de ser, para ser nosotros.

 

Miro; te miro. Me miro.

 

Somos más que la suma de dos

el encuentro que nos hace creer sin ver.

 

Miro. Miramos. Nos miramos.

 

En la oscuridad de la noche sin luna

nos alumbra el anhelo que hemos alumbrado…

 

…al mirarnos y vernos

 

 

 

 

Ezequiel  Olivary

 

 

Agujero negro

 

 

En un universo maravillosamente inmenso, los seres humanos somos maravillosamente pequeños.

 

Somos el pináculo del milagro de la vida. El pináculo de la creación, en medio de un universo mecánico, frío, desierto...

 

Tenía razón el bueno de Galileo... Ningún ser humano es el centro del universo... ni siquiera lo es del propio universo interior...

 

El día que la humanidad que hay en cada ser humano asuma esta verdad primigenia, lograremos ser más humildes y entender que en este pequeño bote llamado planeta tierra, todos dependemos de todos, flotando en un universo que no tiene puertos, salvo la eternidad.

 

Somos parte de un universo al que aún no conocemos... un universo que es parte de algo que debiéramos conocer, pero nos empeñamos en ignorar...

 

Un universo de maravillas, fuera de nosotros, casi insondable.

 

Un universo de maravillas, dentro de nosotros, al que nos negamos a sondear...

 

El universo no tiene explicación para nuestras guerras, nuestro egoísmo, nuestra mezquindad, nuestra falsedad... sólo nosotros tenemos la explicación y la solución...

 

...están dentro de cada uno de nosotros.

 

Los agujeros negros o sumideros cósmicos, como bien sostienen Arno Penzias o Stephen Hawking, son pudorosos... no aparecen desnudos al ojo del observador... dentro, las leyes de la física desaparecen en una singularidad matemática semejante a la que está detrás del Big-Bang...

 

Es tan poco lo que podemos explicar del génesis del universo... tan poco lo que podemos explicar del milagro humano... ni siquiera hemos podido hallar aún al famoso "eslabón perdido"...

 

 

¿Podemos creernos entonces, lícitamente, el centro del mundo o de algún mundo?

 

 

Conformémonos con ser el centro de nosotros mismos y saber que quien tenemos al lado depende de nosotros y nosotros de él. Y todos, de Dios.

 

Que por más esfuerzo que hagamos, ninguna ecología salvará al planeta de la mezquindad humana. Ningún ecologismo salvará al ser humano de su propia mezquindad.

 

Nadie manda a nadie al cielo o al infierno: Es el propio ser humano el que elige dónde quiere vivir el resto de la eternidad.

 

El universo es así, como es, aunque el hombre lo ignore. La eternidad es como es aunque el hombre no crea.

 

Y es tan dolorosa la muerte de un niño en cualquier lugar del planeta, como el dolor que padece cualquier persona a causa del egoísmo y la falsedad.

 

Quizá comprendamos algún día que el único motivo por el cual los seres humanos estamos en este pequeño planeta en medio de un cosmos inmenso es, precisamente, el amor.

 

 

 

 

 

Ezequiel  Olivary